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jueves, 31 de mayo de 2012

EL MIEDO MANDA. Eduardo Galeano.

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Video: El Miedo Manda. Eduardo Galeano.


Habitamos un mundo gobernado por el miedo, el miedo manda, el poder come miedo, ¿qué sería del poder sin el miedo? Sin el miedo que el propio poder genera para perpetuarse.

El hambre desayuna miedo.
El miedo al silencio que aturde las calles.
El miedo amenaza.
Si usted ama tendrá sida.
Si fuma tendrá cáncer.
Si respira tendrá contaminación.
Si bebe tendrá accidentes.
Si come tendrá colesterol.
Si habla tendrá desempleo.
Si camina tendrá violencia.
Si piensa tendrá angustia.
Si duda tendrá locura.
Si siente tendrá soledad.

El miedo global

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones y miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura.
Al tiempo sin relojes.
Al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar.
Miedo a la soledad y miedo a la multitud.
Miedo a lo que fue.
Miedo a lo que será.
Miedo de morir.
Miedo de vivir.


Indicios
No se sabe si ocurrió hace un rato o hace siglos o nunca.
A la hora de ir a trabajar un leñador descubrió que le faltaba el hacha.
Observó a su vecino. El vecino tenía todo el aspecto de un ladrón de hachas. Estaba claro: la mirada, los gestos, la manera de hablar.
Unos días después el leñador encontró el hacha que había perdido. Y cuando volvió a observar a su vecino, comprobó que no se parecía para nada a un ladrón de hachas, ni en la mirada ni en los gestos ni en la manera de hablar.


El Diablo es extranjero

El culpómetro indica que el inmigrante viene a robarnos el empleo. Y el peligrosímetro lo señala con luz roja. Si el intruso, el venido de afuera, es joven y pobre y no es blanco, está condenado a primera vista por indigencia o inclinación al caos o portación de piel. Pero si no es joven ni pobre, ni oscuro, de todos modos merece la malvenida porque ha venido a trabajar el doble a cambio de la mitad.
El pánico a la pérdida del empleo es uno de los miedos más poderosos en estos tiempos del mundo gobernado por el miedo.
Y la verdad es que el inmigrante está siempre situado a primera mano, ahí no más, a la vista, a la hora de encontrar culpables del desempleo, de la inseguridad y de otras muchas temibles desgracias.
Antes Europa derramaba sobre el mundo, sobre el mundo entero: soldados, presos, campesinos muertos de hambre... que eran protagonistas de las aventuras coloniales y han pasado a la historia como mensajeros de Dios. Era la civilización lanzada al rescate de la barbarie.
Ahora el viaje ocurre al revés. Eso quiere ser la invasión de los invadidos. Los que llegan o intentan llegar desde el sur al norte son protagonistas de las desventuras coloniales que pasan a la historia como mensajeros del Diablo. Es la barbarie lanzada al asalto de la civilización.


El arte de mandar

Un emperador de China, no se sabe su nombre ni su dinastía ni su tiempo, llamó una noche a su consejero principal y le confió la angustia que le impedía dormir. Le dijo: "Nadie me teme". Como nadie le temía nadie lo respetaba. Y como nadie lo respetaba nadie le obedecía. El consejero principal meditó un ratito y opinó: "Falta castigo". Y el emperador sorprendido dijo que castigo no faltaba, porque él mandaba a la horca a todo el que no se inclinara a su paso. Y el consejero principal le advirtió: "Pero esos, esos son los culpables. Si solo se castiga a los culpables, solo los culpables sienten miedo". El emperador chino pensó y pensó... y llegó a la conclusión de que el consejero principal tenía razón. Y le mandó cortar la cabeza. La ejecución ocurrió en una gran plaza pública, la plaza celestial, la plaza principal del imperio. Y el consejero fue el primero de una larga lista.



Fábricas
Corría el año 1964. Y el dragón del comunismo internacional abría sus siete fauces para comerse a Chile.
La publicidad, sobre todo la publicidad en la televisión, bombardeaba a los chilenos mostrando imágenes de iglesias quemadas, de tanques rusos, de guerrilleros barbudos que secuestraban a los niños y se los llevaban lejos.
Y hubo elecciones. Y el miedo venció.
Y Salvador Allende, el candidato derrotado me contó qué era lo que más le había dolido de esa experiencia dolorosa.
La empleada de la casa de al lado, la casa de al lado de su casa, en el barrio de Providencia, era una pobre mujer que trabajaba veinte horas por día ocupándose de los niños, lavando y planchando la ropa, fregando, haciendo la comida... del día a la noche trabajando sin parar, esa pobre mujer que había envuelto su ropa en una bolsa de plástico y la había enterrado en el jardín, porque tenía miedo de que si ganaban los Rojos le expropiaran su propiedad.


Seguridad
Durmiendo nos vio. En el sueño de Elena estábamos los dos haciendo fila con muchos otros pasajeros en algún aeropuerto, quién sabe cual, porque todos los aeropuertos son más o menos todos iguales. Y cada pasajero llevaba una almohada bajo el brazo. Rumbo a una máquina, que nos esperaba, pasaban las almohadas bajo la máquina y la máquina leía los sueños de la noche anterior.
Era una máquina detectora de sueños peligrosos para el orden público.

Invasión
Tiene pánico a la invasión el país que nadie ha invadido jamás, y que sin embargo tiene la mala costumbre de invadir a los demás.
En los años 80, el peligro se llamaba Nicaragua.
El presidente Ronald Reagan asustaba a la población. Y denunciaba el ¡inminente peligro, la amenaza! de la invasión que iba corriéndose desde América Central, México, vía Texas entrando en los Estados Unidos y apoderándose del país... mientras a espaldas del presidente un mapa mostraba esa Gran mancha roja que avanzaba.. La teleaudiencia espantada no tenía la menor idea de dónde quedaba Nicaragua... Ni sabía que ese pobre país había sido arrasado por una dictadura de medio siglo, fabricada en Washington. Y después, por un terremoto que no dejó nada en pie...

Y esa teleaudiencia asustadísima, tampoco sabía que ese "País Feroz" tenía en total cinco ascensores y una sola escalera mecánica, que no funcionaba.


Diabladas
Hace ya algunos siglos, Martín Lutero advirtió que Satán no está solamente entre los moros, entre los turcos, sino que habita nuestra propia casa. Que satán está en el pan que comemos y en el agua que bebemos.
Y pasaron los siglos y así siguió siendo.
En el año 1982, el demonio tuvo la osadía de visitar al Papa en el Vaticano.
Apareció el demonio en forma de mujer. Una mujer que rugía arrastrándose por los suelos. Y el Papa Juan Pablo II, libro un combate cuerpo a cuerpo contra el maligno, conjurando al intruso con exorcismos que provenían de otro papa que había logrado arrancar de Galileo Galilei la diabólica idea de que el mundo giraba alrededor del sol.

Y cuando el Demonio apareció en forma de becaria en el salón obal de la Casa Blanca... El presidente Bill Clinton no lo conjuró usando ninguno de esos anticuados métodos catolicos de exorcismo, sino que Clinton explusó al maligno arrasando Yogoslavia en una guerra de tres meses.


Guerras mentidas
Las guerras se venden mintiendo, como se venden los autos. Son operaciónes de marketing y la opinión pública es el target.
En el año 1964, el presidente Lyndon Johnson, denunció que los Vietnamitas habían atacado dos buques de los Estdos Unidos en el Golfo de Tonkin. Y entonces el presidente Johnson invadió Vietnam.
Cuando ya la guerra había destripado a una gran multitud de vietnamitas, en su mayoría mujeres y niños, el ministro de defensa de Johnson, Robert Mac Namara, confesó que el ataque del Golfo de Tonkin nunca había existido.
Los muertos no resucitaron. Y en Marzo del año 2003, el presidente George Bush denunció que Irak estaba a punto de aniquilar el planeta con sus armas de destrucción masiva. Eran, según él, las armas más letales jamás inventadas.Y entonces el presidente invadió Irák, cuando ya la guerra había destripado una buena multitud de irakies, en su mayoría mujeres y niños. El propio presidente Bush confesó que las armas de destrucción masiva no habían existido, que esas armas más letales jamás inventadas habían sido inventadas por él.

Cuando, hace ya unos cuantos años, mi mamá me daba instrucciónes para vivir, entre otras cosas me aseguró que la mentira tenía patas cortas.
Pero la mentira tiene patas larguísimas, porque en las elecciónes siguientes el pueblo recompensó al presidente Bush reeligiéndolo.


Un caso muy común

Doña Chila Monti ya tenía unos cuantos años y estaba más cerca del arpa que de la guitarra. Bien lo sabía su hijo Horacio, pero se pegó tremendo susto cuando la vio como la vio: las manos tembleques, los ojos salidos, las piernas flojas que no podían caminar... ¿Qué pasó? ¿Qué pasó?, preguntó el hijo. Y la madre con un resto de voz, la poca voz que le quedaba, alcanzó a musitar: "Me robaron". El hijo quiso saber qué cosas le habían robado. Y ahí ella pegó un salto y resucitó, furiosa, indignadísima, "Vos bien sabés que no tengo nada yo, ¿Qué cosas me iban a robar? ¡Ninguna! Cómo se te ocurre semejante barbaridad...¿Tengo cosas yo? Bien sabe Dios que cuando me llegue la hora subiré sin nada..." Bueno, bueno, dijo Horacio, pero si decís que te robaron... "Sí, me robaron" ¿Y qué se llevaron? "Las ideas".


Yo, mutilado capilar
Los peluqueros me humillan cobrándome la mitad.
Cada pelo que pierdo, cada uno de mis últimos cabellos es un compañero que cae y que antes de caer a tenido nombre o por lo menos número.
Me consuelo recordando la frase de un amigo piadoso que me dijo alguna vez: "Si el pelo fuera importante estaría adentro de la cabeza, no afuera".
Y también me consuelo comprobando que en todos estos años se me ha caído mucho pelo... pero ninguna idea...Lo que es una ventaja si se compara con tanto arrepentido que anda por ahí. Imprimir

sábado, 26 de mayo de 2012

REVOLUCIÓN DE MAYO 1810

Autor: Pigna, Felipe, Los Mitos de la Historia Argentina, Buenos Aires, Norma. 2004
Durante la etapa virreinal, España mantuvo un férreo monopolio con sus colonias americanas, impidiendo el libre comercio con Inglaterra, beneficiaria de una extensa producción manufacturera en plena revolución industrial. La condena a la intermediación perpetua por parte de España encarecía los intercambios comerciales y sofocaba el crecimiento de las colonias. La escasez de autoridades españolas y la necesidad de reemplazar al régimen monopólico, sumado a las convulsiones que se vivían Europa tras la invasión napoleónica, llevaron a un grupo destacado de la población criolla a impulsar un movimiento revolucionario.
Para febrero de 1810 casi toda España se encontraba en manos de los franceses. Un Consejo de Regencia gobernaba la península en nombre de Fernando VII, prisionero de Napoleón. El 13 de mayo de 1810 llegaron a Buenos Aires las noticias de la caída de la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español.
La autoridad que había designado al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros había, por tanto, caducado y la propia autoridad del virrey se encontraba cuestionada. Pronto Cisneros debió ceder a las presiones de las milicias criollas y de un grupo de jóvenes revolucionarios y convocó a un Cabildo Abierto para el 22 de mayo de 1810. El Cabildo, dominado por españoles, burló la voluntad popular y estableció una junta de gobierno presidida por el propio Cisneros. Esto provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Cornelio Saavedra y Juan José Castelli obtuvieron la renuncia del ex virrey.

JUANA AZURDUY

 (Juana Azurduy de Padilla; Chuquisaca, 1780 -Jujuy, 1860) Heroína de la independencia del Alto Perú (actual Bolivia). Descendiente de una familia mestiza, quedó huérfana en edad muy temprana. Pasó los primeros años de su vida en un convento de monjas de su provincia natal, la cual fue sede de la Real Audiencia de Charcas.
En 1802 contrajo matrimonio con Manuel Ascencio Padilla, con quien tendría cinco hijos. Tras el estallido de la revolución independentista el 25 de mayo de 1809, Juana y su marido se unieron a los ejércitos populares, creados tras la destitución del virrey y al producirse el nombramiento de Juan Antonio Álvarez como gobernador del territorio. El caso de Juana no fue una excepción; muchas mujeres se incorporaban a la lucha en estos años.
Juana colaboró activamente con su marido para organizar el escuadrón que sería conocido como Los Leales, el cual debía unirse a las tropas enviadas desde Buenos Aires para liberar el Alto Perú. Durante el primer año de lucha, Juana se vio obligada a abandonar a sus hijos y entró en combate en numerosas ocasiones, ya que la reacción realista desde Perú no se hizo esperar. La Audiencia de Charcas quedó dividida en dos zonas, una controlada por la guerrilla y otra por los ejércitos leales al rey de España.
En 1810 se incorporó al ejército libertador de Manuel Belgrano, que quedó muy impresionado por el valor en combate de Juana; en reconocimiento a su labor, Belgrano llegó a entregarle su propia espada. Juana y su esposo participaron en la defensa de Tarabuco, La Laguna y Pomabamba.
Mención especial merece la intervención de Juana en la región de Villar, en el verano de 1816. Su marido tuvo que partir hacia la zona del Chaco y dejó a cargo de su esposa esa región estratégica, conocida también en la época como Hacienda de Villar. Dicha zona fue objeto de los ataques realistas, pero Juana organizó la defensa del territorio y, en una audaz incursión, arrebató ella misma la bandera del regimiento al jefe de las fuerzas enemigas y dirigió la ocupación del Cerro de la Plata. Por esta acción y con los informes favorables de Belgrano, el gobierno de Buenos Aires, en agosto de 1816, decidió otorgar a Juana Azurduy el rango de teniente coronel de las milicias, las cuales eran la base del ejército independentista de la región.
Tras hacerse cargo el general José de San Martín de los ejércitos que pretendían liberar Perú, la estrategia de la guerra cambió. San Martín quería atacar Lima a través del Pacífico, por lo que era necesario, para poder desarrollar su estrategia, la liberación completa de Chile. Esta decisión dejó a la guerrilla del Alto Perú en condiciones muy precarias; Juana y su marido vivieron momentos extremadamente críticos, tanto que sus cuatro hijos mayores murieron de hambre.
Poco tiempo después Juana, que esperaba a su quinto hijo, quedó viuda tras la muerte de su marido en la batalla de Villar (14 de septiembre de 1816). El cuerpo de su marido fue colgado por los realistas en el pueblo de la Laguna, y Juana se halló en una situación desesperada: sola, embarazada y con los ejércitos realistas controlando eficazmente el territorio. Tras dar a luz a una niña, se unió a la guerrilla de Martín Miguel Gümes, que operaba en el norte del Alto Perú. A la muerte de este caudillo se disolvió la guerrilla del norte, y Juana se vio obligada a malvivir en la región de Salta.
Tras la proclamación de la independencia de Bolivia en 1825, Juana intentó en numerosas ocasiones que el gobierno de la nueva nación le devolviera sus bienes para poder regresar a su ciudad natal, pero a pesar de su prestigio no consiguió una respuesta favorable de los dirigentes políticos. Murió en la provincia argentina Jujuy a los ochenta años de edad, en la más completa miseria: su funeral costó un peso y fue enterrada en una fosa común. Sólo póstumamente se le reconocerían el valor y los servicios prestados al país.

EL GRITO DE CHUQUISACA 1809

El Grito Libertario del 25 de Mayo de 1809, fue el acontecimiento más notable que ha tenido lugar en América Morena, cuando un 24 de mayo por la noche, el Regente de la Audiencia señor José de la Iglesia, convoca en forma extraordinaria al Tribunal a su domicilio, donde se toman medidas de precaución para conservar el orden y las garantías, puesto que una vez por todas el pueblo representado por sus ministros y cabildantes había resuelto el gran problema de sus derechos.
Llegada la madrugada de 25 de mayo, el padre Félix Bonet, provincial de Santo Domingo junto al capitán Santiesteban previnieron a Pizarro sobre la conspiración y acuerdos secretos que se venían gestando días atrás, y Pizarro libra mandamientos de prisión, concebidos en términos severos contra varias personas deteniéndose solamente al Dr. Jaime de Zudáñez defensor de los pobres. Con motivo de esta prisión, se toca a rebato en todos los campanarios y, especialmente, en la campana del Templo de San Francisco denominada ahora "Campana de la Libertad", que alarma al pueblo el que afluye a la plaza principal para reclamar la libertad de Zudáñez. El pueblo parecía tranquilizarse y que así terminaba todo, más, para os patriotas se iniciaba recién el gran drama de la guerra de la independencia.
Indignado el pueblo, por la victimación de varias personas a causa de una descarga de fusilería autorizada por Pizarro, corre el cabildo, rompe las puertas donde se aseguraron los cinco cañones, los cargaron con piedras y e apuntó a la casa presidencial, el combate se inició después con la grave detonación de los cañones que anunciaban al mundo, el bautismo de sangre que los hijos de Chuquisaca brindaban por la libertad americana.
Eran las 3 de la mañana del 26 de mayo, cuando Pizarro rindió las armas y se dió por preso, habiéndose publicado un bando anunciando que el Tribunal de la Real Audiencia se hacía cargo del mando del Gobierno de Charcas en medio de los vítores y satisfacción de la población.
La Plata revolucionaria
Se dice que el primer grito libertario del que se enorgullece esta tierra tuvo menos que ver con ansias de libertad que con la lealtad de esta colonia al depuesto rey español, Fernando VII, ante las ambiciones de sus rivales portugueses y franceses por hacerse con la gallina de los huevos de oro de la Corona ibérica. En todo caso, si las tenían algunos de los protagonistas, graduados de la San Francisco Xavier e imbuidos de las ideas que se discutían en sus corrillos tras la Revolución Francesa y la independencia norteamericana. Uno de ellos era el abogado Jaime de Zudáñez, el hombre cuyo apresamiento encendió la revuelta popular que se extendería al resto de la Audiencia y acabaría mandando a la historia el dominio español.
Pero vayamos por los antecedentes. Desde 1797, gobernaba en La Plata el presidente de la Audiencia Ramón García de León y Pizarro, un personaje no precisamente popular, que vivía metido en eternos altercados con los Oidores y la ciudadanía, las que eran con frecuencia ventilados en las calles con panfletos incendiarios. Por entonces, la Madre Patria había sido ocupada por Napoleón, emperador de Francia, quien con la excusa de darles una lección a los rebeldes portugueses, pasó por España y decidió que más valía Madrid y su medio mundo forrado de oro y plata que la árida Lisboa. Dicho y hecho, depuso al rey Carlos IV, y a su hijo Fernando VII lo mantuvo secuestrado, obligándolo a abdicar. Pero el pueblo de España no se quedó a mirar pasar el desfile de los franceses, se rebelaron y en varias ciudades formaron su Junta de gobierno para hacerles la estancia lo menos alegre posible a los galos. Para meter en el baile a sus colonias, la Junta Suprema de España e Indias en Sevilla envió a José Manuel de Goyeneche con el encargo de lograr apoyo de Lima y Buenos Aires para reponer al rey destronado y, de paso, expulsar al francés que Bonaparte les endilgó como nuevo monarca.
Goyeneche se dio antes un paseíto por Brasil, donde estaba refugiada la realeza lusitana, entre ellos la hermana de Fernando VII y reina regente de Portugal, Carlota Joaquina de Borbón, una infanta exiliada con muchas ganas de reinar en las colonias de su hermano. Ésta le dio al brigadier español unas cartas con semejante sugerencia para los Virreinatos y él, diligente, se las pasó a los colonos de la Audiencia. Que no les hizo la menor gracia, se puede ver por la reacción.
Las famosas cartas hicieron estallar las ya malísimas relaciones entre García Pizarro y la Audiencia, con amenazas de arrestos, insultos a grito pelado en la sala del tribunal, advertencias de excomunión del Arzobispo y la muerte por un sofocón del Regidor de la Audiencia durante una disputa a voces de por medio. El Presidente, junto con Goyeneche y el Arzobispo de La Plata, Monseñor Moxó, se declararon partidarios de las pretensiones de Carlota Joaquina, mientras que los Oidores y los doctores en leyes de la ciudad se declararon leales a Fernando VII, rechazando la autoridad de la Junta de Sevilla, y así se lo hicieron saber a los otros tres en un acta donde vapuleaban la idea de anexarse al Brasil, y denunciaban a García Pizarro y al Virrey Santiago de Liniers por traición. El Presidente contraatacó haciendo destruir el acta, pero lo descubrieron y la ruptura de relaciones entre las partes contrincantes tuvo lugar. Tras una larga guerra de pasquines, buena parte escritos por el recién graduado doctor en leyes Bernardo Monteagudo, a García Pizarro le llegó el rumor de que la Audiencia y el Cabildo estaban planeando pedir su renuncia, y decidió adelantarse con la orden de mandar apresar a seis de los mas vocingleros cabecillas, que iban a reunirse en casa del oidor José de la Iglesia, pero de alguna manera estos se enteraron a tiempo para fugar, de modo que a la hora de arrestar sólo pudieron echarle las manos encima a Jaime de Zudáñez.
Era un 25 de mayo de 1809, cuando lo llevaron a la cárcel de la corte, pasando por la Plaza Mayor, seguido por una multitud de ciudadanos atraídos por los gritos que profería la hermana de Zudáñez siguiendo al grupo que lo llevaba preso. Pronto la multitud se enteró del hecho y empezó a apedrear la casa de la Audiencia, exigiendo su liberación y la renuncia del Presidente, vociferando “¡Muera el mal gobierno! ¡Viva Fernando VII!”, entre otros gritos menos fuertes que pedían vivas a la idea de una República. Uno de los cabecillas, Lemoine, convenció sable en mano a los curas de la iglesia de San Francisco de dejarle llegar a la campana de su torre, a la que hizo repicar hasta rajarla. Lo mismo se hizo en los campanarios de las demás iglesias, tocando las campanas a rebato para llamar a la ciudadanía, sin que García Pizarro pudiera mover a las tropas para reprimirlos, ya que el oficial al mando se pasó al otro bando y ordenó a los soldados no asomar la nariz a la calle. La multitud le exigía, además, entregar todo el armamento de la guarnición militar de la Audiencia, a lo que García Pizarro cedió; no obstante, se negó a la tercera petición, de entregar el mando político y militar. Ante eso, la ciudadanía le voló la puerta del palacio de la corte a cañonazos. Vencido, Ramón García de León y Pizarro se entregó al día siguiente, el 26 de mayo. Con un Pizarro había empezado la historia de la colonia de Charcas, y con un Pizarro terminaba.
Los revolucionarios le dieron el mando político de la Audiencia al decano de los oidores, José de la Iglesia, y el mando militar al coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales. Se organizaron compañías de milicias ciudadanas para la defensa, divididas según oficios de sus integrantes, y comandadas por los hermanos Joaquín y Juan Manuel Lemoine (I de Infantería y III de Plateros), Manuel y Jaime de Zudáñez (II de Académicos y Caballería), Pedro Carvajal (IV de Tejedores), Toribio Salinas (V de Sastres), Manuel de Entrambasaguas (VI de Sombrereros), el hermano de Bernardo, Miguel Monteagudo (VII de Zapateros), Diego Ruiz (VIII de Pintores), Manuel Corcuera (IX de Varios), Manuel de Sotomayor, Mariano Guzmán y Nicolás de Larrazábal (Artillería), así como un cuerpo de origen indígena. Estos salieron al encuentro del intendente gobernador realista de Potosí, Francisco de Paula Sanz, tío por línea ilegitima del rey español, a quien convencieron de volverse tranquilo a su villa sin luchar. Después de esto, enviaron emisarios secretos a las demás Intendencias y a Argentina para fomentar las ideas independentistas, con el disfraz de buscar apoyo para Fernando VII. El más exitoso de los emisarios fue Mariano Michel, quien ayudó a formar el grupo revolucionario de Murillo en La Paz.
Pero el gobernador Sanz dio la alarma en el Virreinato de Lima, desde donde el Virrey José Fernando de Abascal mandó a Goyeneche a reprimir la revuelta en La Paz antes de que contagiara al Perú, mientras que el nuevo Virrey del Rio de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros, enviaba al general Vicente Nieto contra La Plata. Goyeneche fue exitoso, logrando sofocar la revuelta paceña, tras lo cual los chuquisaqueños decidieron liberar a García Pizarro, condenado por traidor, y aceptar a regañadientes como nuevo Presidente de la Audiencia a Nieto, nombrado por el Virrey, que llegó a la ciudad en diciembre de 1809. Éste hizo apresar a todos los oidores rebeldes y cabecillas revolucionarios que pudo cazar, juzgarlos y desterrarlos a Lima para que de ahí los enviaran a cumplir condena bien lejos y evitarse más jaleos, porque en Buenos Aires éstos tenían muchos compañeros de universidad igual de revoltosos, y podían volver a la carga. De esta manera, terminó la revolución de mayo. No obstante, los desterrados no escarmentaron, pues cuando España los amnistió al año siguiente, volvieron a la lucha, entre ellos Arenales y Monteagudo.
Los argentinos se encargaron de volver a prender la mecha, casualmente también un 25 de mayo, pero de 1810. Al enterarse Sanz y Nieto de que el Virrey había sido botado del cargo y en su lugar gobernaba una junta en Buenos Aires, decidieron separarse de esa jurisdicción y pasar la Audiencia al Virreinato de Lima. Mal les fue a Sanz y a Nieto, que presumía de que sofocaría esta revuelta tan rápido como la de La Plata, pues sus tropas fueron derrotadas por las del Primer Ejercito Expedicionario Auxiliar, que llegaron a tierras potosinas, donde Castelli, el comandante rioplatense, los hizo apresar y condenar a muerte por fusilamiento. Se nombró nuevo presidente de la Audiencia al argentino Juan Martin de Pueyrredón. Desde entonces, las Provincias Unidas del Rio de la Plata colaborarían con un total de cuatro Ejércitos Auxiliares al territorio de la Audiencia hasta su emancipación.
Sin embargo, los verdaderos héroes de la independencia serian los guerrilleros de las Republiquetas. Tras la derrota patriota en la batalla de Guaqui en 1811, las ciudades de la Audiencia volvieron a control realista, pero el área rural siguió dándole dolores de cabeza a Goyeneche al crearse las guerrillas que controlaban grandes áreas de territorio y acosaban las capitales. Estas zonas independientes eran conocidas como Republiquetas, y existieron ocho en territorio de la Audiencia. En lo que corresponde a Chuquisaca estaban la Republiqueta de Cinti, al sur, y la Republiqueta de La Laguna, al centro-norte. En esta última harían fama y reputación los esposos Padilla, Manuel Ascencio y Juana, a quienes la historia oficial boliviana relegó. Ella, la hija única de un militar viudo y retirado en sus fincas, era una joven rebelde que se vestía de muchacho y aprendió el manejo del sable con su padre, y se casó con el adinerado Manuel Ascencio cuatro años antes del comienzo de la revolución, en 1805. Padilla se unió a los ejércitos patriotas argentinos de González Balcarce, combatiendo con el Ejercito del Norte y la primera expedición argentina. Tras Guaqui, Goyeneche confiscó las extensas propiedades de los Padilla en Chuquisaca, secuestrando a Juana y sus niños pequeños, más no a Manuel Ascencio, quien logró escapar y liberar a su familia. Cuando otro ejército auxiliar argentino, esta vez mandado por el general Belgrano, acudió a la Audiencia, Padilla volvió a enrolarse, llevando consigo a diez mil indígenas como tropa, y a Juana con sus niños a cuestas. Ella no se dedicaba a acompañarlo o vendarle las heridas, como se podría pensar, sino que combatía a su lado como un soldado más. Hábil con el sable, participó en varias batallas, como la de Ayohuma en 1813, en la que juntó y lideró un batallón.
Cuando los argentinos se retiraron de nuevo tras otro desastre, los Padilla organizaron la guerrilla de Chuquisaca, con Vicente Camargo liderando la rebelión en Cinti y el cacique guaraní Bacuire primero, y el cacique Cumbay después, haciendo lo propio en la zona del Chaco chuquisaqueño, con sus temibles divisiones de arqueros chiriguanos, que llegaron incluso a Potosí. Durante 1816, Juana lideró las exitosas campañas contra los realistas en Potosí y El Villar, actos que le valieron que Pueyrredón le diera el rango de Teniente Coronel y Belgrano un sable ceremonial de mando. El fin le llegaría a su esposo en la batalla de La Laguna, donde ambos se enfrentaron a las tropas de Francisco Javier de Aguilera, y donde ella fue herida. Al tratar de auxiliarla, Manuel Ascencio fue alcanzado, y aunque su esposa logró escapar, a él le dieron muerte cerca de El Villar. Viuda, ella siguió con la lucha en el norte de Argentina, bajo órdenes de Miguel de Güemes, hasta el fin de la guerra. Tristemente, esta admirable mujer, que peleó aun estando embarazada, perdiendo en ello bienes, esposo y cinco hijos, sufrió el destino de tantos otros héroes bolivianos: murió pobre y sola, sin honores, sin que se le restituyeran sus posesiones confiscadas, ni la pensión vitalicia que le fue injustamente retirada en su vejez. Estuvo enterrada en una fosa de indigentes, carente de lápida, hasta que un siglo después la exhumaron y pusieron en una urna en Sucre. El único honor que recibió fue póstumo: Generala del Ejército Argentino, rango concedido en julio del 2009 por la presidenta Kirchner.

lunes, 21 de mayo de 2012

A 117 años de la caída en combate de José Martí

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En Dos Ríos, provincia de Oriente, el 19 de mayo de 1895, cae en combate, herido por tres disparos que ponen fin a su vida, el Delegado, el Maestro, el  Mayor General, el líder  indiscutible de aquella "guerra necesaria" de independencia de Cuba.. Desaparecía físicamente, de una forma heroica, un hombre que tuvo una fecunda existencia, y así se puso término  en  lo  personal a su viaje humano. Tal vez el  hecho ocurriera como lo había vaticinado:
"Yo  moriré  sin dolor: será un rompimiento interior, una caída suave y una sonrisa." 

"Se  ha de vivir y morir abrazado a la verdad. Y así, si se cae, se cae en una hermosa compañía..." [

Después de su caída comienza una nueva etapa del viaje humano de Martí, que consiste en mantenerse vivo espiritualmente en  la conciencia y en la acción de los hombres mejores de su pueblo. Se cumplirían con ello sus ideas visionarias sobre el destino de los hombres consagrados al bien de su patria. 

“No hay más que un modo de vivir después de muerto: haber sido un hombre de todos los  tiempos - o  un  hombre  de  su  tiempo". 

Pues eso es Martí: un hombre de todos los tiempos y  un hombre que vence a la muerte según su decir: "Morir no es nada, morir es vivir, morir es sembrar. El que muere, si muere donde debe, sirve. Vale y vivirás. Sirve y vivirás. Ama y  vivirás. Despídete de ti mismo y vivirás. Cae  bien, y  te levantarás." 

El hombre que desaparecía físicamente tenía una estatura de  unos cinco  pies y medio, o sea,  un metro y sesenta y cinco  centímetros, con un peso de 130 a 140 libras. Era de vestir modesto, pero pulcro. Su traje y su corbata eran negros, en  símbolo de luto por Cuba. Usó un anillo de hierro, hecho de un pedazo de la cadena que llevó en presidio. De cabeza normal, su frente era notablemente alta y despejada, a lo que contribuía su calvicie moderada. Sus cejas eran pobladas, grueso el bigote y fina la mosca que adornaba el mentón firme. Nariz recta y orejas algo separadas de la cara. Ojos pardos o glaucos, algo achinados, melancólicos y dulces, pero relampagueantes o coléricos en el frenesí de la oratoria. Mirada y verbo hechizadores. Hablar suave, sin estridencia, y persuasiva.  Voz fuerte y vibrante en los discursos. Manos finas y afiladas como hombre magro, intelectual y artista. En fin "era pequeño, de cuerpo delgado; tenía en su ser encarnado  el  movimiento; grande y vario su talento, veía pronto y alcanzaba mucho su cerebro; fino por temperamento, luchador inteligente y tenaz, que había viajado mucho, conocía el mundo y sus hombres; siendo excesivamente irascible y absolutista, dominaba siempre su carácter, convirtiéndose en un  hombre amable, cariñoso, atento, dispuesto siempre a sufrir por los demás, apoyo del débil, maestro del ignorante, protector y padre cariñoso de los que sufrían; aristócrata por sus gustos, hábitos y  costumbres, llevó su democracia hasta el límite. Era muy nervioso, un hombre ardilla; quería andar tan deprisa como su pensamiento, lo que  no era posible. Subía y bajaba las escaleras  como quién  no tiene  pulmones. Vivía errante, sin casa, sin baúl y sin  ropas; dormía  en el hotel más cercano de donde le cogía la noche o el sueño; comía donde fuera mejor y más barato, ordenaba una comida admirablemente y, sin embargo, comía poco; días enteros se  pasaba con vino Mariani; quería agradar a todos y tenía manía de hacer conversiones, así que no le faltaban desengaños. Era un hombre de un gran corazón que necesitaba un rincón donde querer y ser querido. Tratándole, se le cobraba cariño a pesar de ser extraordinariamente absorbente. En el trato era encantador. Tenía "alma de niño" y profesaba un amor  inmenso por los niños. Era un trabajador infatigable. Dormía poco y con inquietud. Era frágil de cuerpo, precario de  salud;  pero poseía una tenacidad a toda prueba. 

En el testimonio de la época, brindado por el doctor Pablo A. de Valencia, quien efectuó la autopsia al cadáver de Martí, se señala: "A la sazón en que desembarcó en esta Isla para  ponerse al  frente del movimiento revolucionario, estaba regularmente nutrido, constitución regular y temperamento bilioso. Aunque delgado, bien conformado; de estatura regular; pelo castaño -oscuro rizado; una pequeña calvicie en la coronilla y entradas muy pronunciadas en las sienes; frente ancha y despejada;  cejas de igual color que el pelo y no muy pobladas;  nariz aguileña; orejas pequeñas; boca regular; bigote fino y poco poblado; buena dentadura, sólo que le faltaba el segundo incisivo de la mandíbu­la  superior del lado derecho y los dientes en su mayor  parte eran  puntiagudos;  cara de forma oval. Que  presentaba  en  las piernas señales de haber llevado grillos. El día 23 del  propio mes y año se procedió al reconocimiento del cadáver después de exhumado: Dicho cadáver parece ser el de un  hombre cuya edad fluctúa  entre  los  45 y 50 años ,de musculatura  firme y algo enjuto de carnes...Que presenta además en la pierna derecha y en su tercio superior, una hendidura especial de la piel correspondiendo a dicha hendidura un color algo más oscuro que el  resto del cuerpo, pruebas evidentes de haber sufrido en aquella parte  durante algún tiempo una presión con la contusión consiguiente, producida por un anillo de hierro colocado en dicho  punto. Que presentaba las siguientes heridas: Una herida de bala penetrante en el pecho, cuyo orificio de entrada parecía corresponder a la parte anterior del pecho al nivel del puño del esternón, el cual había  sido  fracturado, presentando al parecer dicha herida  su oficio  de salida por la parte posterior del tórax, en el  cuarto espacio intercostal derecho como a diez centímetros de la colum­na vertebral. Otra herida de bala en el cuello, cuyo orificio de entrada estaba debajo de la barba como a unos quince centímetros de la misma y a cuatro de la rama derecha del maxilar inferior y cuyo orificio  de salida se encontraba por encima  del  maxilar superior, lado derecho, cuyo labio se hallaba  destrozado.  Otra herida igualmente de bala en el tercio inferior del muslo derecho y hacia su parte interna. Además presentaba  algunas contusiones  en  el resto del cuerpo."

Según  informe realizado por el coronel español José Ximenes de Sandoval, jefe de las tropas enemigas, entre las  pertenencias ocupadas  al cadáver de Martí se encontraban las siguientes:  un reloj de oro; un revólver con culatín de nácar; un machete; planos; papel timbrado y distribuciones de fuerzas; un pañuelo de seda de bolsillo con iniciales bordadas con hilos verdes;  una cartera de bolsillo con notas, retratos y otras cosillas;  un cortaplumas  manchado  con sangre;  un rifle relámpago;  una escarapela cubana bordada con mostacilla; un libro muy chiquitico, manuscrito con letra de Carlos Manuel de Céspedes, y  que dijeron era el código cubano que se le encontró en la cartera de bolsillo; una cinta de seda azul en un papel con una dedicatoria entusiasta alusiva al color de la cinta y la  guerra, de  una hermana de Gómez a Martí; unas espuelas vaqueras. 

Tal  era el hombre que conocieron sus coetáneos y que libró una lucha de gigantes para unir a su pueblo y encauzar la guerra que lo emanciparía, y que cayó en combate 39 días después de su desembarco por Playitas de Cajobabo.

De su imagen nos quedan algunas fotos y retratos. De su obra nos queda la historia de sus vivencias, los hechos y acontecimientos de los que fue contemporáneo o protagonista. De sus ideas nos ha quedado un caudal inmenso que nutre el mundo físico y espiritual de su pueblo y de la humanidad. Hoy estas ideas son parte integrante del alma de la Revolución cubana, y por  ello mismo son  fuente de sueños y de luz. 

El viaje humano de José Martí, continúa su curso como la marcha indetenible de las generaciones nuevas y de los pueblos hacia el porvenir.  Porque no en vano y con razón profética, afirmó que "el verdadero hombre no  mira  de  qué lado se vive mejor, sino de qué  lado  está el deber; y ese es el verdadero hombre, el único hombre práctico, cuyo  sueño  de  hoy será la ley de mañana,  porque  el que haya puesto  los ojos en las entrañas universales y visto hervir  los pueblos,  llameantes y ensangrentados, en la artesa de  los siglos, sabe que el porvenir,  sin una sola excepción, está  del lado del  deber. Y si falla,  es que el deber no se entendió  con  toda pureza, sino con la liga de las pasiones menores,  o no se  ejer­citó con desinterés y eficacia." [

"Yo no necesito ganar una batalla para hoy; sino que al ganarla, desplegar por el aire el estandarte de la victoria de mañana, una victoria sesuda y permanente que nos haga libres de un  tirano ahora y después? Que dónde estoy?  En la revolución; con  la revolución."    

En  el mundo que vemos desfilar ante nuestros ojos hay razones más que sobradas para las visiones apocalípticas. Hoy, como ayer, al decir de Martí "el mundo entero es una inmensa pregunta".  La humanidad toda debe darse a sí misma  una respuesta definitiva  y verdadera que satisfaga sus necesidades y aspiraciones legítimas. Y habrá de armarse con  tesón y optimismo suficientes para recorrer el camino que lo conduzca a la victoria, a pesar de  los escollos y los cataclismos. Pues no obstante los rigores del destino, es fundado y cierto que, como sentenciara nuestro Héroe Nacional: "El sol sigue alumbrando los  ámbitos del mundo y  la verdad  continúa incólume su marcha por la tierra".  

lunes, 14 de mayo de 2012

ELIS REGINA

Nace 7 de mayo de 1945 Lugar: Porto Alegre, Brasil Muere: 19 de enero de 1982 Lugar: San Pablo, Brasil
videoCantante brasileña cuya voz intensa y carácter temperamental la convirtieron en un ícono de la música popular de Brasil y le hicieron ganar el apodo de "Pimentinha". Elis comenzó su carrera como cantante a los 11 años. En 1960 viaja a Río de Janeiro donde graba su primer disco.
A principios de 1970 participó del movimiento musical tropicalismo, que supone la fusión de elementos de la bossa nova, el rock and roll, la música tradicional de Bahía, y el fado portugués. Elis Regina a menudo criticó la dictadura brasileña que persiguió y exilió a muchos músicos de su generación. En una entrevista en 1969, declaró que Brasil estaba siendo gobernado por «gorilas». Su popularidad la mantuvo fuera de prisión, pero finalmente fue obligada por las autoridades a cantar el himno nacional de Brasil durante un espectáculo en un estadio, lo que despertó la ira de muchos brasileños de izquierda.. En 1974 editó con Antonio Carlos Jobim el álbum "Elis & Tom", considerado por críticos musicales como uno de los mejores discos de bossa nova de todos los tiempos.Tuvo tres hijos: João Marcelo Bôscoli, hijo de su enlace con Ronaldo Bôscoli, y de su posterior matrimonio con el pianista y compositor César Camargo Mariano son otros dos hijos: Pedro Camargo Mariano y Maria Rita Mariano, quien ha logrado ser una cantante de mucha popularidad. En un país como Brasil, que ha producido numerosos músicos, compositores y cantantes de grandísima categoría, Elis Regina quizás haya sido la cantante que reunió una voz prodigiosa y una técnica insuperable, en un momento en que el país atravesaba una etapa de creatividad musical irrepetible.
En el año 1982 la encontró en forma prematura la muerte, convirtiéndola en un mito. Elis Regina dejó tras de sí un legado artístico de enorme profundidad emocional, siendo referente de una época y de un estilo.

viernes, 11 de mayo de 2012

DANIEL VIGLIETTI Y MARIO BENEDETTI

video
DESAPARECIDOS

LA MUJER EN LA CONQUISTA DE AMÉRICA (II)

Escrito por Rubio de Orellana-Pizarro, Rosario
 
La presencia de la mujer española en América fue muy temprana, presencia que con el tiempo se iría incrementando de modo gradual pero rápido hasta llegar a equilibrarse con la población masculina.
En 1540 la población femenina había llegado a alcanzar el diez por ciento de aquella, pasando a ser un veintitrés por ciento en el período de los años de 1540 a 1575. En el último cuarto de siglo el porcentaje de la mujer aumentaría considerablemente, en unas proporciones, que junto a las anteriores circunstancias, mayor mortalidad masculina, se iría acercando a un pronto equilibrio con la del hombre.
Desde el primer momento tuvo un papel importante,- otra cosa es que así se le reconociera-, dado que el planteamiento de la colonización de América no tendría un carácter mercantil, como pretendía Colón al tiempo de negociar las Capitulaciones con la Reina Isabel, sino, como postulaba la Reina, lo tendría de evangelización y establecimiento de un modelo de familia cristiana que habría de componer una sociedad al modo de la española. De ahí su importancia inicial y que iría a mas con el transcurso del tiempo.
Pensaba la reina Isabel que América siempre sería española si hablaba y rezaba en español. A ella le movía la evangelización de nuevos pueblos lo que sería el verdadero motivo de su patrocinio indiano porque creía - diría ella-, “que nuestra Santa Fe sería acrecentada y su real señorío ensanchado”.
Hablar de evangelización en el Siglo XVI era hablar de colonización, este sería el caso, y de no haber sido así planteado habría quedado, al decir de Analola Borges, “en un coloniaje de explotación o en una factoría comercial dentro de un territorio de población híbrida o frustrada”.
Este principio sería el que dominará la política española respecto a las Indias y como ejecución de la misma la de fomentar el establecimiento de población que fuera lo suficientemente denso para marcar su impronta y su perpetuación.
Esta línea de pensamiento propiciaría la presencia de la mujer primero y seguidamente la preocupación por que aquella fuera a las Indias en número que hiciera factible aquella política. A tal efecto se dictarían medidas que intentaban fomentar y estimular la marcha de la mujer no sólo casada, sino, también visto las pretensiones señaladas, facilitar la presencia de mujeres solteras que casaran en Indias con españoles.
La mujer que pasara a Indias puede decirse que se correspondería de algún modo con alguno de los tipos que seguidamente señalamos: mujer “principal”, es decir de elevada condición social.
Esposas y familiares de funcionarios, capitanes, oidores y oficiales reales.
Esposas de conquistadores y vecinos en las Indias cuyos maridos habían marchado sin aquellas.
Mujer soltera, mujer doncella según el dicho de la época, que a aquellas tierras iría para allí matrimoniar.
El orden de exposición responde a sucesivos momentos en cada uno de los cuales predominó la figura de mujer que respectivamente se menciona. De unas, podríamos decir, viajeras que se corresponderían con las señaladas, por la forma en que habrían hecho el viaje, excepción hecha de las emigrantes, solteras, pioneras de la emigración, dadas las diferencias y más penosa forma en que marcharían.
Las llamadas principales, serían esposas, familiares, séquito incluso invitadas acompañando a dignatarios que ostentarían importantes cargos o encomendadas misiones especiales y de confianza de la Corona. Las solteras de este grupo casarían ventajosamente con gente de su mismo rango instalados ya allí en aquellas tierras.
Las esposas de funcionarios o militares comprenderían otro grupo de un menor nivel social. Las esposas de conquistadores o vecinos de las Indias igualmente tendrían lo que hemos venido en llamar condición de viajeras sin que se les considerara significación social alguna.
La presencia de la mujer en tan temprana fecha en aquellas tierras, hizo que se encontrara involucrada, muchas veces, en situaciones comprometidas de violencia o en acciones bélicas diversas con propias intervenciones que resultarían tan importantes y decisivas como para poder afirmar que de no haber sido así podrían haber tenido consecuencias irreversibles para consolidación de posiciones conquistadas y seguridad de permanencia de los españoles.
Un breve resumen de alguna de sus hazañas resultaría ser el contenido de ponencia sobre este tema presentado en ocasión anterior.
El presente trabajo las menciona a éstas últimas como referencia pero no son propiamente objeto de él, sino el de la mujer casada que había de marchar, para reunirse con el marido, soltera para conseguirlo; encerrada en el anonimato que reviste a toda persona que sea pueblo; la auténtica emigrante de la época con las connotaciones que tal condición encierra.
En una etapa entre simultanea y posterior, predominaría la mujer que marchaba a reunirse con el esposo, requerida por él de modo voluntario o bien porque a éste le viniera impuesto en pos de soluciones que además de serlo de humanidad lo serían de acertada política, puesto que estarían contribuyendo a garantizar la permanencia y arraigo de quienes allí marcharon evitando tentaciones de un regreso que bien pudiera resultar deserción ante el reto y la meta de la existencia española en Indias en un futuro del que ellos serían cimiento. Tal reagrupamiento familiar tendría importantes efectos sociológicos, pero una incidencia menor, como decíamos, en lo que pudiera resultar un incremento de población.
Esta mujer estaría entre lo que hemos dado en llamar viajera y la propiamente emigrante; no iba tras lo desconocido y no iba a encontrar marido sino reencontrarlo.
En Indias residían un gran contingente de españoles solteros; allí habían marchado dando lugar a que la escasez de varones que en España se daba desde el final de la Edad Media tomara unas proporciones desorbitadas; gran número de ellos mantenían variadas clases de uniones con mujeres del lugar pero sin el carácter que supone la existencia de vínculo matrimonial.
La realidad que se contemplaban y los fines moverían a los organismos de la metrópoli a buscar fórmulas de fomento de la natalidad, que hoy diríamos, tratando de incrementar la celebración de matrimonios, cuyos posibles respectivos componentes, -hombres en Indias, mujeres en España-, estaban distanciados por la mar océana. Se trataría de acercarlos en la forma en que se considerara más propia, cual sería la de marchar a América aquellas mujeres solteras para encontrarse allí con expectantes candidatos a esposos que las aguardarían anhelantes, consiguiéndose el deseado resultado de celebración de matrimonios.
Se producía con ello un cambio en las costumbres amorosas la de no ser la dama la que espera el regreso del caballero, sino ser la doncella, quién con riesgo de su vida va al encuentro del desconocido héroe.
La mujer soltera marcharía no tanto por el empeño del gobierno por que así fuera, sino por cuanto la coincidencia de aquél con la voluntad de ellas, que habían decidido ir a buscar marido donde estaban los hombres solteros, en donde alcanzarían el hogar soñado y el conquistador, ese descanso del guerrero que lo fijarían definitivamente en la tierra y en ella nacería y viviría su prole, nuevos ciudadanos del nuevo mundo.
Sevilla, adonde habrían llegado desde las diversas procedencias, sería su puerto de entrada en Indias, previo recorrido del Guadalquivir y atravesado el Atlántico, una travesía dura y en duras circunstancias de un penoso viaje.
No serían llevadas ni conducidas, lo harían de “motu propio” y no como les sucedía a las que hemos dado en llamar viajeras, sin acompañamiento protector. Serían ellas quienes iniciarían tan largo y aleatorio viaje. Auténticas emigrantes y pioneras de la emigración envueltas en su propio anonimato hacia un destino cierto en cuanto punto de llegada, incierto en cuanto a que la suerte que le esperara.
Desde aquél punto, rendiría otro viaje terrestre, en muchos casos fluvial y en todos penosos y arriesgados hacia los lugares en donde residiría y fundaría su familia, nueva andadura, ésta en la que naturalmente no iría sóla, marcharía con su marido, con el que habría matrimoniado al tiempo de llegar, y con el que el que iniciaba una nueva vida en su nuevo estado de casada, razón de su viaje. Repuesta ya del impacto del encuentro con el candidato que la desposara, asignado, previamente, y de modo inapelable por el gobernador o autoridad a él afín.
Durante la travesía podría haberse ilusionado con el encuentro que le esperaba y en ningún caso sentirse defraudada ante la realidad que seguidamente encontrarían.
En general sus inmediatos - no futuros-, maridos resultarían ser gente acomodada, -conquistador o vecino-, imbuidos generalmente de un espíritu aventurero y consecuentemente sujetos en muchos casos a los azares de la fortuna. Solían disfrutar de un rango social que les proporcionaba un “status” honorable. Por las propias circunstancias de lo que habría sido su protagonismo en aquellos escenarios, no todos gozarían de la lozanía deseable aparte edades, jóvenes y menos jóvenes, por los avatares propios de vidas muy duras, muchos con cicatrices de heridas sufridas y en ocasiones víctimas de mutilaciones.
Hubo una política protectora en favor de la mujer, en la que, en algunos casos coincidirían el interés político en mayor o menor medida con la defensa de su condición. En el fondo se trataría más de un empeñado voluntarismo, sobre todo en lo concerniente a la mujer soltera, pues no cabría medida alguna que pudiera forzarlas a marchar, suponiendo en todo caso que ello se tomara como protección cuando en realidad hubiera resultado ser una coacción, que ni siquiera prosperaría el intento de así hacerlo con esclavas blancas.
Si fueron y fueron tantas, se debería a lo que fue su propia decisión. La única medida protectora, si cabe llamarla así, que de algún modo podríamos interpretar, sería las grandes facilidades que para viajar se les daban.
Puede decirse que si fueron posibles lo que resultarían medidas indirectas, en forma de gravámenes en unos casos, y de beneficios en otros a solteros dado que los estimulaba y en algunos casos o en muchos, los obligaría a contraer matrimonio, coincidiendo así con las pretensiones que movían a la mujer solteras a pisar aquellas tierras.
Hubo si mediadas protectoras, como las que obligaban a los casados que hubieran marchado a Indias sin sus esposas a hacérselas llegar, para lo que se establecían diversos plazos bajo amenaza de severas sanciones si incumplían este mandato. En el entretanto se les obligaba a la remisión de una cantidad que sufragara sus necesidades y cuantas necesidades familiares se dieran, medida que tuvo plena efectividad dependiendo esta del grado de mejor o peor funcionamiento de los organismos de vigilancia y ejecución de los diferentes territorios.
El marido estaba obligado a hacerla marchar consigo. La mujer sin embargo no estaba a así proceder a hacerlo; podía negarse, otra forma de protección, la de respetar su voluntad y no imponerle las inevitables molestias y peligros de toda índole que tamaño viaje comportaba.
A partir de determinado momento a ningún hombre casado le fue permitido marchar sin su esposa.
El papel de la esposa era meramente doméstico. Nada más y nada menos. Recordemos que la madre ha sido siempre quién ha transmitido a los hijos el sentido de los valores. De hecho rebasaría a veces su esfera tomando decisiones propias aunque en algunos casos las enfrentaran con los propios maridos o incluso con los gobernadores.
La mujer tomó conciencia del papel histórico que habría de corresponderle, aceptando tal realidad. Sería un papel con frecuencia heroico el que la providencia le deparara, inicio de la huella que marcaría un poblamiento compuesto por hogares cuya firmeza de principios y solidez de sus costumbres hábitos y acciones constituirían el germen de las Indias, la fundación de América, una
América española que bien podría decirse que conquistada por hombres fuera fundada por mujeres.
Hemos pretendido exponer el papel de la mujer en el Descubrimiento, Conquista y Colonización de América, de tan temprana presencia, que bien pudiera decirse que tamaña empresa hubiera sido realizada a la par por hombres y mujeres con mayor relevancia de los hombres en lo que llamaríamos la primera parte, y de la mujer en una segunda parte que correspondería a un tiempo de afianzamiento de la presencia española y de aseguramiento y perennidad de aquella. Ello fue posible gracias a las mujeres para asentar las bases de un nuevo mundo, no el descubierto, sino por el por ellas creado a través de la familia y los hijos.
De ella diría una eximia historiadora “Mercedes Gabrois”, terminando una conferencia sobre este mismo tema, y con ello asimismo finalizamos lo siguiente:
“Cuando se hable de la gloria de los conquistadores y los misioneros que civilizaron todo un mundo, debe asociarse siempre en esa misma memoria a las mujeres que con ellos fueron, y que sencillamente, silenciosamente, rectamente, como cumple a toda obra creadora, fundaron más allá de los mares el hogar cristiano y español, base de las más firmes de ese gran contenido histórico que es la Hispanidad”.
BIBLIOGRAFÍA
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DELAMARRE, Catherine y SALLARD, Bertrand, “Las mujeres en tiempos de los conquistadores”. Barcelona: Planeta, 1994.
FERNANDEZ DURÓ, Cesareo. “La mujer española en Indias”, Establecimiento tipográfico de la viuda e hijos de M. Tello, Madrid, 1902
OTS CAPDEQUI, José María, “Bosquejo histórico de los derechos de la mujer en la legislación de Indias”. Madrid: Ed. Reus, 1920.
O’SULLIVAN-BEARE, Nancy. “Las mujeres de los Conquistadores. La mujer española en los comienzos de la colonización americana: aportaciones para el estudio de la transculturación”. Madrid: Compañía Bibliográfica Española, 1956.

http://www.chde.org/index.php?option=com_content&view=article&id=70:la-mujer-en-la-conquista-de-america-ii&catid=31:2007&Itemid=27

LA MUJER EN LA CONQUISTA DE AMÉRICA

Escrito por Rubio de Orellana-Pizarro, Rosario
A la vista de cuantas historias, relaciones y narraciones que de la conquista de América se han hecho cabe preguntarse si en ella hubo realmente presencia femenina, como efectivamente así fue. La mujer estuvo, y muy presente, en aquél gran acontecimiento del siglo XVI, participando en muchas y variadas acciones propias de aquella gesta, ignorando o burlando muchas veces la norma que prohibiera su intervención directa y activa.
La presencia femenina en la conquista no fue exclusiva de la mujer española. También la mujer indígena tuvo en ella una participación activa que es de justicia señalar. En muchas ocasiones decisiva para la permanencia y supervivencia de los españoles, motivadas principalmente por amor y devoción a alguno de ellos, no dudando en tales casos en traicionar a los suyos.
Paradigma de ello fue Malinche, india noble "La Malinche", bautizada Marina, Doña Marina, cuya relación de trabajo como intérprete de las lenguas habladas en la zona se convirtió en una relación amorosa. Su amor a Cortés y su plurilingüismo fueron decisivos en el éxito de la conquista de Méjico. Previamente había salvado a los españoles de una segura destrucción al avisar a Cortés de la conjura de los caciques cholulas que planeaban dar muerte a los españoles, quién les arrebata la iniciativa desprendiéndose de amigos tan peligrosos en celada que les tiende al convocarlos para una supuesta fiesta.
Otro caso similar de tantos reseñables fue el de la india Fulvia, del entorno de Balboa, que salva la vida de éste y de la población de La Antigua denunciando una poderosa conspiración para acabar, decían, con los invasores.
Doña Luisa Xicontecate de Tlascala, india noble también, de gran relevancia y fiel compañera de campaña de Pedro de Alvarado, madre de dos hijos suyos, única descendencia que llegaría a tener, ya que con Don Beatriz de la Cueva, su segunda esposa, no la tuvo.
Anayansi, aquella dulce indiecita el gran amor de Balboa, hija del cacique amigo Chimú, que se la entregó en prueba y refrendo de leal amistad y cuyas buenas relaciones en la Zona le supuso a Balboa ayuda importante para su descubrimiento del Pacífico.
En este abanico apresurado de recuerdos cabe también mencionar, entre tantos, a aquéllas mujeres indígenas de Santa Marta que acompañaron a Jiménez de Quesada, río Magdalena arriba y aquellas otras que acompañaron a Sebastián de Belalcázar desde Quito, como interpretes, confidentes e incluso como valerosos soldados.
Otra sería Inés Yupanqui Huaylas, llamada también Inés Huaylas Ñusta, influyente y activa compañera del viejo Pizarro, hija de Huayna Capac, hermana de Ataulpa, quién se la entregó a Pizarro ya en Cajamarca haciéndola ir desde el Cuzco, diciéndole: " Cata ay, hija de mi padre que la quiero mucho" Quispezira era su verdadero nombre; Pizarro lo transformó cariñosamente en Pizpita, recordando el pájaro femenino, inquieto, vivo y bello de su tierra extremeña. Fruto de esta unión nacieron dos hijos. En Jauja, en 1534, Francisca Pizarro Yupanqui, la primera mestiza noble peruana. En 1535, en Lima, nació el segundo, Gonzalo, heredero de la Gobernación de Nueva Castilla y que el transcurso futuro de los acontecimientos haría que acabaran en España.
Respecto de la presencia de la mujer española en la conquista podemos decir que fue muy temprana. Ya en el tercer viaje de Colón figuraron mujeres a bordo. Su paso a Indias fue fomentado por la Corona.
Aunque a América, se ha dicho, fueron más españolas que las que registran las listas de embarque, puede afirmarse que no fueron muchas más, y a éstas seguramente sería a las que se referiría Cervantes cuando dice de ellas que "iban a América, porque América resultaba ser añagaza generosa de las mujeres libres". La realidad es que la mayoría marcharon con sus maridos o parientes. Ejemplos, entre tantos, Isabel de Guevara, Catalina Pérez, Elvira Pineda, María Dávila, Leonor Soleto, Isabel de Quirós, Ana de Salazar, Luisa Torres.
En cuantos viajes se realizan, o en su mayoría al menos, se aprecia la existencia de un contingente de mujeres, de mayor o menor número, pertenecientes a las categorías sociales de las personas con quienes iban. Tal es el caso del realizado por el Comendador Ovando a La Española en 1502 y al que acompañaron familias principales y acomodadas; el de la Virreina María de Toledo, en 1509, sobrina del Rey, esposa de Diego Colón a la que seguía una cohorte de dueñas y doncellas en su mayoría, que casaron con hombres ricos y principales.
Tales precedentes hicieron que el paso a las Indias de señoras principales acompañando a sus maridos los realizaran con parecido acompañamiento. Así, el de Doña Isabel de Bobadilla, esposa de Pedrarías Dávila que lo llevó muy cumplido. Doña Beatriz de la Cueva, segunda esposa de Pedro de Alvarado llevó con ella, a Guatemala, a no menos de veinte doncellas de "buen gesto para casar" como decía, de modo incidental doña Isabel de Guevara en carta al emperador, en la que le daba cuenta de lo mucho que fue e hizo la mujer en aquellas remotas e ignotas tierras; otro nutrido grupo acompañó a doña María Carvajal, esposa del mariscal Jorge Robledo, a la recientemente fundada Cartagena, Cartagena de Indias. Otro nutrido concurso femenino, se registró en el río de La Plata, zona esta más pobladora y fundadora que guerrera y aventurera. Una de las mujeres que acompañaron a Mendoza, organizador de la expedición, doña Isabel de Guevara de especial relieve como autora de la carta mencionada anteriormente.
El flujo de mujeres con tal destino era continuado y se fue incrementando. Así se puede apreciar de la proporción de su número respecto del de los hombres. En la primera mitad del siglo XVI: una mujer por cada diez hombres; en el período comprendido entre 1540 y 1575, la proporción fue respecto de los hombres de un 23%; en el último cuarto de siglo, el porcentaje de la mujer blanca había aumentado considerablemente. Más tarde llegaría a igualarse al de los hombres.
El caso más frecuente era el de la condición de esposa o familiares femeninos en cualquier grado, de capitanes, oidores y oficiales reales que allá se trasladaban.
Llegadas a Indias, las más habían de fundar un hogar con alguno de los conquistadores, para lo que con frecuencia habían de atravesar extensos y diversos territorios. Como consecuencia de ello, se encontraron en muchas clases de acciones: en azarosas exploraciones de costas, estrechos y bahías; en reconocimientos y consiguientes riesgos de aquellos en el interior del continente, lo que las involucró muchas veces en un grado de protagonismo homologo al de sus compañeros, cuando no más.
El valor y el sacrificio que desplegaron es más admirable por cuanto que jamas se les reconocería el mérito que al conquistador se le otorgaba. Abundaba a ello la prohibición existente de mujeres solteras dentro de las huestes por ser, decía el texto que así lo establecía "causa de alboroto y muertes, como ya se ha visto muchas veces", dándosenos como ejemplo por el historiador Vargas-Machuca, únicamente, en las incidencias producidas en un loco viaje por el Amazonas del loco Aguirre y Ursua, que resultó ser otro demenciado.
Su presencia estaba en los lugares más dispares, así vemos que Lucrecia Sansoles, primera mujer que apareció en La Paz en el año de su fundación, en 1548, esposa de Juan de Rivas, del mismo temple que aquella doña Isabel de Guevara que junto con otras españolas logró llevar a los conquistadores hasta la Asunción del Paraguay, abriendo así el camino de la Sierra de La Plata hacía Bolivia en donde en donde Lucrecia fijó su hogar, y reunión a los cuarenta y uno hombres de España que llegaron con Alonso Mendoza. Puede decirse que fue ella la que dirigió la fundación de la capital de Bolivia, creando los llamados obrajes, manufacturas de paños y bayetas, ayudando a levantar iglesias y protegiendo a los indios.
Eugenia Castillo en Potosí, quién logró la concordia en la lucha secular entre vascos y los llamados vicuñas al casarse, vasca ella, con el vicuña don Pedro Oyanue en la pampa de San Clemente.
Doña María Nido que ante la orden de evacuación y abandono de la ciudad de Concepción dada por el General Francisco de Villagra, derrotado por araucanos, se le opuso de modo valeroso con un espíritu extraordinario.
Doña Lorenza de Zárate, viuda de Francisco de Irazabal, que apercibió a la resistencia haciendo que se desistiera de la idea de abandono que había empezado a cundir con ocasión de una correría del pirata Drake, que nos hacía su guerra particular amparado en la protección que de la corona británica recibía.
María de Estrada, esposa de un soldado de Cortés, Pero Sánchez Farfan, que en la salida de Méjico, dice el cronista, "hizo maravillas con espada y rodela y quién en la decisiva batalla de Otumba peleó a caballo y tuvo una actuación muy lucida y brillante.
La mujer del Alférez real Peñalosa en la expedición de Juan de Oñate, que viendo desmandarse a la hueste la contuvo y rehizo con sólo gritar que de vergüenza de verlos así se le caían las tocas.
Recordamos la presencia de Isabel Romero con su hija, esposa de un conquistador en Nueva Granada; a Catalina de Miranda en Venezuela, primera mujer blanca de que se habla en la conquista y que siendo historia se transformó en leyenda; a Juana Hernández, primera mujer de la que se tiene noticia en Perú, esposa de uno de los hombres de Alvarado y que pereció junto con dos niñitas en los Andes en el ascenso a Quito junto con su marido de las que no se había querido separar; a Inés de Atienza, Elvira Aguirre y la amante de Pedro de Ursua, con el que navegaron en su descabellada aventura amazónica; Doña Mencia de Calderón, viuda de Juan de Sanabría, que tuvo un papel destacado en la recién fundada ciudad de Asunción, y que había ayudado, en el extremeño pueblo de Medellín a su dicho esposo Juan de Sanabria a equipar la expedición de una nave y dos carabelas con trescientas gentes a bordo y entre ellas cincuenta mujeres casadas y doncellas. Sería doña Mencia, quién muerto Sanabria y nombrado Adelantado su tierno hijo Diego, la que cumpliría la capitulación ante el Rey.
Fueron frecuentes los casos en que apaciguaron disensiones entre caudillos, en que supieron allegar caudales para atender a la necesidad común, en que sobre la gallardía de la figura descollaran la entereza de carácter, la discreción, la inteligencia.
Buen ejemplo de lo anterior, lo tenemos en Doña Beatriz Estrada, esposa de don Francisco Vázquez Coronado; el de Doña María de Mendoza, que no habiendo en las arcas de Nueva España fondos con que organizar la expedición proyectada en conquista de la Sonora dio cien mil pesos de los suyos y se obligó a sostener ochenta soldados; Doña María de Toledo, esposa de Diego Colón, que gobernó las Antillas; Doña Juana de Zárate, Adelantada de Chile con opción a los títulos de condesa y marquesa. Doña Isabel Manrique y Doña Aldonza de Villalobos, gobernadoras de la Isla Margarita. Doña Beatriz de la Cueva, regidora de la ciudad de Guatemala por elección del Cabildo. Doña Catalina Montejo, que tuvo el adelantamiento del Yucatán por sucesión de su padre. La mujer de Hernando de Soto gobernó la Isla de Cuba con decisión, armando expediciones y enviándole refuerzos y provisiones a su marido "que era mujer de gran saber e bondad, e de gentil juicio e persona". Doña Isabel Barreto, acaso ejemplo único en el mundo de almirante efectiva; llevó la escuadra a Filipinas con un rigor superior a los que habrían desplegado los hombres de mar y guerra. Una de las Bobadilla, la marquesa de Moya, política, ilustrada, persuasiva, uno de los soportes, al parecer, de la empresa de Colón si bien según el Padre Feijoo, fuera solamente la reina Isabel la que venció "los temores y pereza de Don Fernando".
Fueron muchas, de las que algunos ejemplos acabamos de citar la que por poseer dotes que las cualificaban desempeñaron funciones destacadas en la gobernación y en la política de la época, incluso en el propio campo de la lucha cual fue el caso de doña Catalina de Erauso, alistada como varón y figurando como tal, conocida por la monja alférez, grado éste ganado en el propio campo de batalla por el valeroso y arriesgado rescate que hiciera de la bandera de Castilla arrebatada por araucanos en lo que fue la famosa batalla de Valdivia. Tan brillante intervención la hizo militando como soldado en la Compañía de Diego Bravo de Sarabia, que partió para La Concepción, tierra amenazada seriamente por los araucanos que de las amenazas pasaron a los hechos.
Otro caso de valor y serenidad fue el de doña Inés de Suárez, extremeña de Plasencia que cercada y a punto de sucumbir la plaza de Santiago de Chile ausente de ella Pedro de Valdivia, y ya entregada a las llamas entró en la prisión en la que se encontraban cinco caciques principales, los degolló por su mano y echó las cabezas por encima de la tapia acción que espantó a los indios sitiadores decidiéndoles a la retirada.
Ya que estamos en Trujillo evoquemos muy especialmente a una trujillana egregia: Inés Muñoz, trujillana, esposa fiel del leal Martín de Alcántara, el medio hermano de Pizarro que pereció en su defensa. El valor, lealtad, sangre fría de esta mujer impidió que el cadáver de Francisco Pizarro fuera profanado y que recibiera enterramiento digno y cristiano, permitió salvaguardar su cadáver y el lugar de su enterramiento, al propio tiempo que se ocupó de la custodia y protección de sus hijos hasta que como garantía de la seguridad de aquellos, consiguió mandarlos a España. El varón Gonzalo moriría; la niña fue nuestra conocida Doña Francisca, constructora del Palacio de La Conquista y mucho más que eso: benefactora de Trujillo, fundadora y protectora de instituciones, que contribuyeron a dar a la ciudad brillo y mayor gloria.

Nicanor Parra, un Cervantes tardío para un antipoeta (Biografía)

 Por Leonidas Morales
Algunos aspectos de la poesía del chileno Nicanor Parra Sandoval (n. 1914 en San Fabián de Alico, cerca de Chillán) no son ajenos al medio cultural de su infancia y adolescencia. Fuera de cortos períodos vividos en Santiago, Lautaro y Ancud, los años fundamentales tienen como escenario los suburbios de la ciudad de Chillán y lugares próximos, zona, en el centro del país, de donde eran sus padres. El padre fue profesor primario y músico; la madre, de origen campesino, tenía también aficiones musicales y solía cantar canciones del folclore. Junto a numerosos hermanos, Violeta Parra (V) entre ellos, constituían una familia de clase media provinciana, sometida a la incertidumbre de una crónica precariedad económica y de continuos cambios de residencia, causados por los traslados, cesantías (en la época de la dictadura del general Carlos Ibáñez) y la personalidad desaprensiva y errática del padre, un bohemio incurable.
Para los hijos, la certeza era la madre: poder de convergencia, cohesión y estabilidad desde el punto de vista del orden de las relaciones humanas. Si bien eran receptivos a los mensajes de la cultura popular urbana, transmitidos por la radio, la victrola, los circos ambulantes, estaban regidos por patrones formativos de los que era portadora directa la madre, es decir, los de la cultura tradicional, solidaria de una conciencia no agredida todavía por los agentes de la alienación moderna, y abiertos a la vitalidad del lenguaje campesino, a su sabiduría, a sus variadas formas poéticas (letras de canciones, refranes, juegos infantiles). Parra explotará, dentro del contexto de su poesía posterior, la vitalidad y las posibilidades expresivas del lenguaje de la infancia. Y a esa conciencia determinada por los valores y concepciones de la cultura tradicional, esencialmente integradora, habría que verla como un presupuesto biográfico de la intensidad angustiosa con que percibirá, cuando viaje por primera vez a Estados Unidos e Inglaterra, la condición fragmentaria, disolvente de todo sentimiento de unidad, de la vida y la cultura cotidianas en los espacios urbanos del mundo contemporáneo.
En 1932 Parra llega a Santiago desde Chillán y hace el último año de la Enseñanza Media en el Internado Barros Arana. En el mismo Internado estudian también Jorge Millas, Luis Oyarzún y Carlos Pedraza. Millas y Oyarzún serán con el tiempo notables escritores, y Pedraza, un pintor importante. Con ellos forma un grupo generacional de amistad y activa recepción cultural. En 1933, Parra ingresa al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile e inicia estudios en matemática y física, pero la vinculación con el Internado no se interrumpe, porque tanto él como Millas y Pedraza contribuyen a financiar sus estudios universitarios con un cargo de inspector en el Internado. En 1935 comienzan a publicar la Revista Nueva, de circulación entre inspectores, profesores y alumnos del Internado.
El universo de estímulos literarios y artísticos de Parra, que en Chillán había sido menor, más bien escolar, y en poesía reducido a los modernistas (V. Modernismo hispanoamericano) chilenos de principios de siglo, experimenta a partir de 1932 una expansión más o menos explosiva. Inicia así el proceso de asimilación del complejo de signos, tendencias y elaboraciones de la cultura literaria y artística contemporánea. La Antología de poesía chilena nueva (1935), de Eduardo Anguita (V.) y Volodia Teitelboim (V.), lo pone en contacto con los grandes nombres de la poesía chilena actual -Vicente Huidobro (V.), Pablo de Rokha (V.), Pablo Neruda (V.); Rosamel del Valle (V.), Humberto Díaz (V.)-. Otra antología, la de Souvirón, le ofrece un panorama de la poesía española del siglo XX. Lee en traducción poemas del surrealismo francés, e intuye el espíritu rupturista, de rebeldía e innovación de las vanguardias europeas a través de la poesía en lengua castellana que lo asume, y de las expresiones artísticas y literarias que en la década del 30 lo reasumen en Chile (por ejemplo, en Santiago, la exposición dadaísta del Grupo Septiembre, la actividad de creación y difusión en torno a la revista Mandrágora) (V.).
A medida que Parra explora este horizonte cultural, reacciona con simpatía o desinterés ante determinados lenguajes, estilos, problemáticas, tonalidades. Procura orientarse entre los estímulos y busca, sin mucha conciencia todavía, unas coordenadas que le permitan fijar las condiciones literarias de su propia producción. Los 29 poemas de su primer libro, Cancionero sin nombre, de 1937, representan el sistema poético al que había arribado.
Algunos de sus rasgos más visibles: la incorporación de la métrica del romance, el desarrollo narrativo y la tendencia del que habla a realizar acciones a la manera de un personaje, el uso constante de la personificación y la metáfora con términos referidos a la naturaleza (la del campo chileno) o al mundo religioso (santos, ángeles, sacerdotes), una atmósfera onírica con escasa densidad dramática y, dentro de ella, objetos y espacios manejados como figuras de un juego poético no tocado aún por las asperezas del tiempo histórico. Pero este sistema, al que, descontando la métrica, pertenece asimismo el cuento "Gato en el camino", publicado en 1935 en la Revista Nueva, tiene todas las marcas de los que no han sido construidos sobre la base de premisas originales de lenguaje y de visión, sino que se han generado por inducción de un sistema previo que actúa como modelo absorbente. El modelo había sido el Romancero gitano de García Lorca. En la sintonía de Parra con estos romances seguramente operaba una predisposición, por su afinidad con la cultura tradicional de donde provenía. Pero lo que importa es el escenario de la recepción poética en Chile hacia fines de la década del 30 y en la del 40. Hay entonces grupos de lectores y críticos con ideas dispares sobre el tipo de poesía que deberá suceder a la de los poetas anteriores (Huidobro, De Rokha, Neruda). En uno de esos grupos se cuestiona el hermetismo de la poesía precedente, y se comparte la expectativa de otra poesía: una de claridad en las formas y contenidos, con un lenguaje y una temática capaces de involucrar al lector de un modo más directo y más amplio. Tomás Lago, un crítico literario e intérprete de esta tendencia, la traducía en 1942 como una petición de "luz en la poesía". El libro de Parra, que sintomáticamente había ganado el Premio Municipal de Poesía, y la producción de otros poetas, como Oscar Castro (V.), que también se acogieron al romance y al influjo de Federico García Lorca, al parecer respondían a esa expectativa.
El nuevo sistema poético que Parra logra armar a partir de los últimos años de la década del 40, el de los antipoemas, y la recepción intensa de que es objeto en las décadas siguientes, confirman la existencia de expectativas de cambio en la poesía chilena, articuladas a la configuración de una nueva fase en el desarrollo histórico y cultural de la vida cotidiana, en Chile y Latinoamérica. Pero a la vez hacen evidente que sus características específicas no coincidían del todo con las enunciadas por Tomás Lago y que tampoco el sistema poético del Cancionero sin nombre era el llamado a canalizarlas. En este libro, sin embargo, hay elementos, algunos ajenos a los romances de García Lorca, por ejemplo el humor, el desparpajo, la intención lúdica, y otros como el curso narrativo del poema, el perfil de un personaje, que si bien aquí lucen gratuitos, carentes de recursos que les confieran eficacia desde el punto de vista de una iluminación de lo real, en el sistema posterior serán reformulados y se volverán tremendamente certeros como instrumentos de una conciencia crítica de la vida y la cultura cotidianas. Es comprensible en. cierta forma lo que ofrece el primer libro de Parra: el autor tiene 23 años y no ha conocido aún las dimensiones exactas del desconcierto moral, psicológico y social de la vida cotidiana moderna en las grandes ciudades. Cuando acceda a ese conocimiento y a una conciencia de los verdaderos términos en que debe plantearse el proyecto de su poesía, se modificarán por completo la visión, los materiales lingüísticos y la estructura del poema.
Después de 1937, ya titulado en la Universidad de Chile y enseñando en liceos, Parra se mantiene fiel a la idea de una poesía, según sus palabras, "al alcance del grueso público", pero abandona el metaforismo del Cancionero sin nombre y entra en un período de exploración, ensayando, como ha sido su método de siempre, en direcciones diversas. En una de ellas, con un verso más escueto, liberado del prurito metaforizante, y temas de una memoria biográfica de la provincia, sigue utilizando esquemas métricos más o menos regulares. En otra, recrea el espíritu y las modalidades estróficas de géneros de la poesía folclórica chilena, una dirección en la que se inscribe La cueca larga, libro publicado en 1958. Pero de todas las direcciones ensayadas, la más afortunada fue la que condujo a los antipoemas. En 1943 Parra viaja a Estados Unidos y realiza estudios de postgrado en física en Brown University. Regresa en 1945 y se incorpora a la Universidad de Chile como profesor. En 1949 parte a Inglaterra para asistir a cursos de cosmología en Oxford. La estancia en ese país se prolonga hasta 1952. Antes de viajar a Estados Unidos había leído a Walt Whitman. El poeta norteamericano causó en él un entusiasmo tal vez comparable al despertado por García Lorca, aunque con consecuencias muy distintas. Desde luego lo puso en la perspectiva del verso libre. Pero aun cuando le seducía en Whitman el lenguaje "relajado", no ocurría lo mismo con la grandilocuencia del verso, extraña a la poesía de Parra. Ni tampoco con la épica ególatra del personaje, que no se avenía con sus inclinaciones. En 1943, en Estados Unidos, escribe, bajo la influencia de Whitman y también dentro de las contradicciones señaladas, un conjunto de 20 poemas con el título de "Ejercicios retóricos". Publicados en Chile once años después (revistaExtremo Sur, Nº 1, 1954), ilustran una etapa preliminar, de transición en el camino hacia los antipoemas. El verso libre de estos textos moviliza en efecto un lenguaje común, llano, pero uniforme, sin la variedad, los contrastes y la dialéctica que conquistará con el antipoema. Es un verso que si bien, como campo interno de referencia, dispone ya del mundo urbano, aparece sin embargo trabado, igual que el personaje, por el subjetivismo de una emotividad que le impide asumir en plenitud la función crítica inherente al antipoema.
Son fundamentales, en el proceso de los antipoemas, los años de Estados Unidos, y más aún los de Inglaterra. El movimiento del proceso se da en dos planos simultáneos e interrelacionados. Uno de estos planos lo constituye la inmersión de Parra en la vida cotidiana moderna de los espacios urbanos, no ya la de Santiago. de una modernidad de segundo grado y de débil poder de saturación todavía, sino la de dos sociedades desarrolladas donde alcanza su mayor grado de coherencia, complejidad y generalización. La de Parra es la experiencia subterránea de un caos, de unas sutiles redes que transportan la alienación fragmentando la conciencia, de modo alarmante en su caso, puesto que la suya tenía como ámbito formativo originario una cultura tradicional. El otro plano tiene que ver con el gradual descubrimiento de los instrumentos poéticos, de lenguaje y estructura, idóneos para elaborar y comunicar una visión de las implicaciones morales y culturales de la experiencia. Kafka, las películas cortas de Chaplin, los documentos del surrealismo, afinan y orientan el punto de vista crítico, mientras en Inglaterra la lectura atenta, meditada, de Eliot, Pound, de los poetas metafísicos (John Donne), de Blake, lo ayudan a adquirir conciencia del oficio de poeta, a disciplinarse en el trato directo, desretorizado con el lenguaje, y a precipitar una concepción propia, consciente, del verso y del poema. Esta concepción es la que irrumpe con su segundo libro, Poemas y antipoemas (V.), publicado en 1954, diecisiete años después de Cancionero sin nombre. Es el sistema de los antipoemas, es decir, los textos de la última de las tres secciones en que se divide el libro, el que trae la novedad. Una novedad insolente con respecto al tipo de poema dominante hasta ese momento en Chile (Huidobro, De Rokha, Neruda): el nuevo poema de Parra es su negación crítica. De ahí el "anti" con que se presenta. El antipoema, en primer lugar, es subversivo pero no militante: no toma partido ideológico, sino que es más bien un vigilante acusador de las deformaciones de las ideologías. El sistema antipoético incluye entre sus elementos: un personaje antiheroico que observa en el interior de las casas o mientras se desplaza por los lugares públicos de los espacios urbanos; el humor, la ironía o el sarcasmo, que sacan a luz lo oculto, que vuelven sospechoso lo evidente, que cavan y hacen visible un vacío debajo de lo que parecía sólido o confiable, y un verso cuyo léxico, entonación y sintaxis ya no obedecen a un modelo literario, sino al prosaico lenguaje hablado de todos los días y en todos los rincones. El antipoema desgarra, al lector y al mundo cotidiano que éste habita, pero no lo hace sin exponerse, porque él mismo está implicado, como estructura, en el juego de las significaciones: su propio cuerpo lingüístico se presenta igualmente desgarrado. En una relación de ruptura con el poema dominante, un poema de curso centrado, de versos que desarrollan la continuidad de una idea o de un sentimiento, el antipoema introduce una disonancia que evoca el montaje o el collage: es una construcción fragmentaria.
Parra demoró sin duda en dar con su fórmula antipoética, pero una vez que la descubre y que su recepción en Chile y Latinoamérica se traduce en rápida adhesión y efectos renovadores, los libros que la elaboran se suceden uno tras otro: Versos de salón (1962), Canciones rusas (1967), Obra gruesa (1969), Artefactos (1972),Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977), Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1979), Chistes para desorientar a la policía (1983), Coplas de Navidad(1983), Poesía política (1983), Hojas de Parra (1985). Estos libros revelan no sólo la riqueza de las premisas del sistema antipoético, sino también su capacidad sorprendente para hacerlo evolucionar sin alterar sus líneas esenciales, apegado sólo a los términos de su propia dialéctica y energética internas, y para mantenerlo abierto a los cambios históricos, incluso las coyunturas políticas, de la sociedad y la vida cotidiana, y a las posibilidades de extraer nuevos recursos expresivos de movimientos artísticos y culturales que van emergiendo, del lenguaje y los procedimientos de los medios de comunicación de masas.
La evolución puede seguirse en varios planos. Por ejemplo, en el del personaje: desde una cierta pasividad inicial, el personaje deriva a un estado de fuerte actividad, luego a otro de acciones que lo denuncian como un "energúmeno", hasta terminar convertido en una figura carnavalesca con los Sermones. En el plano de la estructura, si en Poemas y antipoemas y enVersos de salón el antipoema era un texto fragmentario, pero más o menos extenso, sometido a un principio constructivo evocador del montaje y el collage, en losArtefactos abandona ese principio y su texto se reduce a la unidad que entraba en la composición: el fragmento. Un fragmento como un dispositivo verbal que cuando el lector lo descifra, estalla en su conciencia iluminando múltiples zonas de lo real. En los Sermones, en cambio, el antipoema recupera el principio constructivo, el personaje se vuelve sereno (la serenidad de un loco inocente) y el texto, como apoyando desde el trasfondo la serenidad, exhibe en su movimiento una perceptible regularidad métrica en torno al endecasílabo.
La antipoesía de Parra, desde la década del 50, ha ocupado el escenario de la literatura chilena como uno de los protagonistas centrales. Su influencia en el desarrollo de la poesía chilena, y también en otros géneros literarios, es determinante. No sería posible reconstruir ese desarrollo en los últimos cuarenta años, sin tener a la vista las premisas y la estimulación poderosa del sistema antipoético. Fuera de Chile, la recepción y la influencia de la antipoesía han sido igualmente vastas. Los recitales del antipoeta se han multiplicado en América y Europa, como asimismo las ediciones de sus libros y antologías. Las traducciones, ya numerosas (inglés, francés, sueco, ruso, checo, finlandés, portugués), continúan.

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Al ser Caral una civilización significa que también es una alta cultura, en muchos aspectos más desarrollada que las otras civilizaciones del mundo. Por ejemplo, Caral inventó los anfiteatros 2,000 años antes que la civilización griega, las momias de la civilización peruana son 3,000 años más antiguas que las de Egipto, la orfebrería del Perú fue la más adelantada del mundo antiguo, la agricultura del Perú es 3,000 años más antigua que la de Egipto y las redes de pescar de Perú son las más antiguas del mundo, entre otros aportes de la civilización peruana”.
Víctor Colán Ormeño, historiador.

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