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martes, 28 de febrero de 2012

Simón Rodríguez, el maestro del Libertador Simón Bolívar. Autor: Resumen Latinoamericano/argenpress.info.


Simón Rodríguez nació en Caracas el 28 de octubre de 1769. Pedagogo, pensador filosófico, escritor de densas obras de contenido histórico y sociológico, y conocedor a fondo de la sociedad hispanoamericana. Fue maestro y mentor del Libertador Simón Bolívar.

Era Simón Rodríguez hijo expósito, su vida activa de maestro la comenzó en mayo de 1791, cuando el Cabildo de Caracas lo admite para ejercer el cargo en la escuela de primeras letras para niños. Impartió clases al niño Simón Bolívar. Llegó a tener bajo su pupilaje a un grupo de niños que para finales del año 1793 ascendía a 114.

Simón Rodríguez influye en Bolívar, ya sea con la instrucción en diversas materias y en el carácter. En 1826, los dos amigos se pierden el rastro para no volver a toparse.

Su obra llamada 'sociedades americanas' (1828), trabaja e insiste en la necesidad de buscar soluciones propias para los problemas de Hispanoamérica, concepto que sintetiza en una frase: 'La América Española es Orijinal. Orijinales han de ser sus instituciones i su gobierno i Orijinales sus medios de fundar uno i otro. O inventamos o erramos'.

En 1853, Rodríguez emprende un viaje al Perú, acompañado por su hijo José y su amigo Camilo Gómez, quien lo asistirá en el momento de su muerte, ocurrida en el pueblo de Amotape el 17 de julio de 1853. Setenta años después, sus restos fueron trasladados al panteón de los Próceres en Lima, y desde allí, al siglo justo de su fallecimiento, fueron devueltos a Caracas, ciudad natal, donde reposan en el Panteón Nacional.

Este estudioso de Rousseau decía: 'no quiero -escribió- parecerme a los árboles que echan raíces en un lugar y no se mueven, sino al viento, al agua, al sol, a todo lo que marchaba sin cesar'. Labora sin término, descubre, innova, intuye, crea, percibe a distancia de cien años hacia el porvenir. Pero no lo comprenden; y en ello su drama gigante: 'Hay ideas -expresa analizando su propia problemática- que no son del tiempo presente aunque sean modernas, ni de moda aunque sean nuevas. Por querer enseñar más de lo que todos aprenden, pocos me han entendido, muchos me han despreciado y algunos se han tomado el trabajo de perseguirme'.

Las ideas de Simón Rodríguez

Se ha de educar a todo el mundo sin distinción de razas ni colores. No nos alucinemos: sin educación popular, no habrá verdadera sociedad.

Instruir no es educar. Enseñen, y tendrán quien sepa; eduquen, tendrán quien haga.

Mandar recitar de memoria lo que no se entiende, es hacer papagayos. No se mande, en ningún caso, hacer a un niño nada que no tenga su «porque» al pie. Acostumbrado el niño a ver siempre la razón respaldando las órdenes que recibe, la echa de menos cuando no la ve, y pregunta por ella diciendo: '¿Por qué?'. Enseñen a los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el por qué de lo que se les mando hacer, se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad, como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos.

En las escuelas deben estudiar juntos los niños y las niñas. Primero, porque así desde niños los hombres aprenden a respetar a las mujeres; segundo, porque las mujeres aprenden a no tener miedo a los hombres. Los varones deben aprender los tres oficios principales: albañilería, carpintería, herrería, porque con tierras, maderas y metales se hacen las cosas más necesarias. Se ha de dar instrucción y oficio a las mujeres, para que no se prostituyan por necesidad, ni hagan del matrimonio una especulación para asegurar su subsistencia.

Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.

En lugar de pensar en medos, en persas, en egipcios, pensemos en los indios. Más cuenta nos tiene entender a un indio que a Ovidio. Emprenda su escuela con indios, señor rector.

A los ochenta años, escribe:

' Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mí.

Las ideas de Simón Rodríguez: 'O inventamos o estamos perdidos'.

¡Vea la Europa cómo inventa, y vea la América cómo imita!

Unos toman por prosperidad el ver sus puertos llenos de barcos... ajenos, y sus casa convertidas en almacenes de efectos... ajenos. Cada día llega una remesa de ropa hecha, y hasta gorras para los indios. En breve se verán paquetitos dorados, con las armas de la corona, conteniendo greda preparada 'por un nuevo proceder' para los muchachos acostumbrados a comer tierra.

¡Las mujeres confesándose en francés! ¡Los misioneros absolviendo pecados en castellano!

La América no debe imitar servilmente, sino ser original.

La sabiduría de la Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nada quieren las nuevas repúblicas admitir, que no traiga el pase... Los estadistas de esa naciones, no consultaron para sus instituciones sino la razón; y ésta la hallaron en su suelo. ¡imiten la originalidad, ya que tratan de imitar todo!.

¿Dónde iremos a buscar modelos?. Somos independientes, pero no libres; dueños del suelo, pero no de nosotros mismos.

Abramos la historia: y por lo que aún no está escrito, lea cada uno en su memoria.

Muere en Amotape (Perú) el 28 de febrero de 1854.

domingo, 26 de febrero de 2012

POBREZA EN AFRICA. Pérez Yilbeth

El continente africano goza de grandes bellezas naturales las cuales son admirables como así sus preciosos diamantes y minerales, la mala conciencia de los agentes poderosos han jugado con la confianza y dignidad de esta población pues se ha visto sobreexplotada en los recursos naturales, arrancando toda riqueza y vida económica del subsuelo, eso hace que las condiciones de vida sean menos favorables para una gran parte de la población africana. Uno se pregunta ¿por qué un lugar tan rico en recursos y minerales mantiene una población tan pobre, sencillamente se podría decir que es efecto de la corrupción los que no pueden obtener y disfrutar por partes iguales de esos recursos y deben asumir la carencia de alimentos, salarios dignos, rentas y además pagar impuestos excesivamente altos, sin olvidar a esta tragedia, la falta de agua potable y viviendas poco cómodas para ellos.

Por ende esta problemática también genera malestares en ellos, como enfermedades por falta de dinero para pagar la asistencia médica, particularmente los grupos mayores de 30 y 40 años, más aún en hombres que se ven explotados en los campos de trabajo, fabricas, minas y demás para ayudar un poco a sus hijos o nietos que día a día van muriendo por todas las necesidades y que se ven impelidos de sobrevivir dignamente, como seres humanos que son.

Por consiguiente analizar estas situaciones pasan a ser problemas en un mundo que le falta enfocarse en la realidad, en esa que padecen esas personas, si bien es cierto que se viene hablando de la unión y colaboración, desde hace más de 10 años África no la ha probado todavía.

Por ende sus raíces son vertientes que no dejarán de fluir; es más que una problemática son abusos sobre que se cometen contra África, sus habitantes y la humanidad entera, por parte de países, corporaciones que se aprovechan de los recursos naturales para beneficio personal lo cual es imperdonable en este continente.

La pobreza no es una forma de vida es una condición impuesta a África, una exclusión a la que se ve sometida, por aquellos que se dicen desarrollados, poderosos, civilizados, existe discriminación en los derechos humanos, marginación y situaciones preocupantes de abusos y maltratos, es posible que la alta tasa de pobreza y hambre suban cada día más siendo un espacio con pocas esperanzas de cambio.

Esta paradoja que se presenta entre una riqueza inconmensurable en recursos y una pobreza extrema, es la punta de los problemas en el mundo. La supuesta falta de recursos para acabar con el hambre es simplemente una farsa, se siguen poniendo en peligro a grandes grupos humanos vulnerables (mujeres, niños y ancianos); para alimentar guerras que solo se justifican en el afán desmesurado de poder de ricos empresarios y corporaciones insaciables que hace cada día más, convertir a un continente rico en uno despreciado y en condiciones de pobreza máxima.

sábado, 25 de febrero de 2012

Mario Benedetti


Mario Benedetti nació en Montevideo el 14 de septiembre de 1920, en Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó, República Oriental del Uruguay. Entre 1938 y 1941 residió casi continuamente en Buenos Aires.
En 1945, de vuelta en Montevideo, integró la redacción del semanario Marcha. En 1949 publicó Esta mañana, su primer libro de cuentos y, un año más tarde, los poemas de Sólo mientras tanto. En 1953 apareció su primer novela, Quien de nosotros....pero fue con el volumen de cuentos Montevideanos, publicado en 1959, que tomó forma la concepción urbana de su obra narrativa. Con La Tregua, que apareció en 1960, Benedetti adquirió trascendencia internacional.

La novela tuvo más de un centenar de ediciones, fue traducida a diecinueve idiomas y llevada al teatro, la radio, la televisión y el cine. En 1973 debió abandonar su país por razones políticas. Etapas de sus doce años de exilio fueron la Argentina, Perú, Cuba y España. Su vasta produccion literaría abarca todos los géneros, incluyendo famosas letras de canciones, y suma más de sesenta obras, entre las que se destacan la novela Gracias por el Fuego (1965), el ensayo El escritor latinoamericano y la revolución posible (1974) los cuentos de Con y sin nostalgias (1977) y los poemas de Viento del exilio (1981). En 1987 recibió el Premio Llama de Oro de Amnistía Internacional por su novela Primavera con una esquina rota. Otros libros como, La borra del café (1992), Perplejidades de fin de siglo (Seix Barral, 1993) y El olvido esta lleno de memoria (Seix Barral, 1995). Su obra poética está recogida en Inventario Uno (1950-1985), e Inventario Dos (1986-1991), Cuentos Completos (1994). Su última novela es Andamios y su último libro de poesía "La vida ese paréntesis"

El Aguafiestas (Biografia por Mario Paoletti)

APUNTE BIOGRÁFICO DE D. MARIO BENEDETTI

1920: Nace en Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó (Uruguay), el 14 de septiembre.
1928: Inicia sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo.
1934: Entra en la Escuela Raumsólica de Logosofía.
1935: Estudios secundarios. Un curso en el Liceo Miranda, el resto en condición de libre. Desde los catorce años trabaja ocho horas diarias en la «Will L. Smith, S.A., repuestos para automóviles».
1938: Entre este año y 1941 reside casi continuamente en Buenos Aires.
1945: Entra a formar parte del equipo de redacción del célebre semanario Marcha; allí se forma como periodista junto a Carlos Quijano. Permanecerá en el equipo hasta su clausura en 1974. Publica su primer libro de poemas La víspera indeleble que no se volverá a editar.
1946: Se casa con Luz López Alegre.
1948: Dirige la revista literaria Marginalia. Publica el volumen de ensayos Peripecia y novela.
1949: Miembro del consejo de redacción de Número, una de las revistas literarias más destacadas de la época. Publica su primer libro de cuentos Esta mañana.
1950: Publica Sólo mientras tanto (poesía), editado por Número.
1951: También Número se hace cargo de las ediciones de Marcel Proust y otros ensayos y El último viaje y otros cuentos. Ambas obras quedarán posteriormente integradas a otros títulos.
1952: Participa activamente en el movimiento contra el Tratado Militar con los Estados Unidos. Es su primera acción de militante.
1953: Publica su primera novela, Quién de nosotros.
1954: Director literario de Marcha.
1956: Se publica Poemas de la Oficina.
1957: Viaja a Europa por primera vez, visitando nueve países, corresponsal de Marcha y El Diario.
1959: Aparece su volumen de cuentos Montevideanos, piedra de toque de la concepción urbana y «montevideana» de la literatura narrativa.
Viaja a Estados Unidos, donde permanece durante cinco meses.
1960: Publica La tregua, novela que será editada en veinte países, traducida a trece idiomas y trasladada al teatro, la radio, la televisión y el cine.
También publica El país de la cola de paja, ensayo sobre la crisis «moral» por la que atravesaba el país.
1961: Recopila las crónicas humorísticas, firmadas por Damocles, en el volumen Mejor es meneallo.
1963: Inventario, Poesía 1950-1958 y Poesía de hoy por hoy.
1964: Codirige la página literaria semanal «Al pie de las letras» del diario La mañana y publica crítica de teatro en el mismo periódico. Colabora como humorista en la revista Peloduro.
1965: Publica la novela Gracias por el fuego.
Escribe crítica de cine en La tribuna popular.
1966: Viaja a La Habana para participar en el jurado de novela del concurso Casa de las Américasy a París, donde reside durante un año.
1967: Publica Letras del continente mestizo en el que reúne ensayos y artículos referidos a literatura Latinoamericana.
Vuelve a Cuba para participar en el jurado del concurso Casa de las Américas. Participa en el encuentro con Rubén Darío. Viaja a México para participar en el II Congreso Latinoamericano de Escritores.
1968: Participa en el Congreso Cultural de La Habana con la ponencia “Sobre las relaciones entre el hombre de acción y el intelectual”. Publica Sobre artes y oficios, recopilación de artículos sobe literatura europea y norteamericana, y el libro de cuentos La muerte y otras sorpresas. Miembro del Consejo de Dirección de Casa de las Américas. Funda y dirige el Centro de Investigaciones literarias de Casa de las Américas.
1969: Viaja a Argel, invitado al Primer Festival Cultural Panafricano. Publica Cuaderno Cubano que incluye poemas, artículos y entrevistas a propósito de Cuba y de su experiencia profesional en aquel país.
1971: Funda, junto con otros ciudadanos uruguayo, el Movimiento de Independientes “26 de marzo” que integrará, poco más tarde, la coalición de izquierdas Frente Amplio.
Publica El cumpleaños de Juan Ángel.
Es nombrado director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo.
1972: Publica Crónica del 71, compuesto de editoriales políticos publicados en el semanario Marcha en su mayoría, un poema inédito y tres discursos pronunciados durante la campaña del Frente Amplio. También publica Los poemas comunicantes, con entrevistas a diversos poetas latinoamericanos.
1973: A raíz del golpe militar renuncia a su cargo en la universidad y debe abandonar el país por razones políticas. Se exilia a Buenos Aires.
1974: Publica El escritor latinoamericano y la revolución posible.
1976: Vuelve a Cuba, esta vez como exiliado, y se reincorpora al Consejo de Dirección de Casa de las Américas.
1977: Aparecen su libro de cuentos Con y sin nostalgias y el de poemas La casa y el ladrillo.
1979: Publica Pedro y el Capitán (obra teatral), y Cotidianas (poesía).
1980: Se traslada a Palma de Mallorca. Empieza a escribir su novela Primavera con una esquina rota.
1981: Publica su libro de poesía Viento del exilio.
1982: Publica Primavera con una esquina rota y su antología Cuentos. Inicia su colaboración semanal en las páginas de “Opinión” del diario El País.
El Consejo de Estado de Cuba le concede la Orden Félix Varela.
1983: Traslada su residencia a Madrid.
1984: Versión cinematográfica de Pedro y el Capitán. El teatro Ictus de Santiago de Chile adapta a la escena su novela Primavera con una esquina rota. Publica Geografías, libro de cuentos y poemas y El desexilio y otras conjeturas sobre la situación de América Latina y sobre el problema del exilio.
1985: Con la restauración de la democracia en Uruguay vuelve al país. A partir de este momento residirá una parte del año en Montevideo y la otra en Madrid. Miembro del Consejo Editor de la nueva revista Brecha, que va a dar continuidad al proyecto de Marcha, interrumpido en 1974.
1986: Aparece Cuentos Completos y Preguntas al azar (poesía). Premio Jristo Botev de Bulgaria, por obra poética y ensayística.
1987: Galardonado en Bruselas por Amnistía Internacional con el premio Llama de Oro por su novela Primavera con una esquina rota.
1988: Publica su libro de poemas Yesterday y mañana.
1989: Publica su libro de cuentos, Despistes y franquezas y el de ensayo La cultura ese blanco móvil. En el volumen Canciones del Más Acá reúne sus numerosas letras de canciones que se van incorporando al repertorio de más de cuarenta cantantes.
Condecorado con la medalla Haydeé Santamaría por el Consejo de Estado de Cuba.
Como ejemplos significativos de la gran difusión de su obra cabe señalar que en este año La tregua llega a la 75ª edición, Gracias por el fuego, a la 46ª, El cumpleaños de Juan Ángel, a la 30ª, Inventario, a la 31ª, Pedro y el capitán, a la 15ª y La muerte y otras sorpresas, a la 27ª.
1991: Publica el libro de poemas Las soledades de Babel y La realidad y la palabra, una aproximación a los grandes temas de la reflexión contemporánea, situados en Latinoamérica, y un interesante recorrido por los principales autores y corrientes de la literatura sudamericana.
1993: Inaugura en la Universidad de Alicante el Congreso “Literatura y espacio urbano”. Publica La borra del café.
1994: Aparece en Madrid Inventario 2 (1985-1994), recopilación de su obra poética. Imparte en la Universidad de Alicante el curso de doctorado “Un creador nos introduce en su mundo”.
Comienza la aparición en Argentina de su obra completa desarrollada en 36 volúmenes.
1995: Aparece en España su recopilación Cuentos completos y el conjunto de ensayos El ejercicio del criterio.
1996: Se publica en Montevideo y en España la biografía realizada por Mario Paoletti Mario Benedetti, el aguafiestas.
Recital “A dos voces” con Daniel Viglietti en la Universidad de Alicante.
En Argentina se publica el volumen 28 de las Obras completas y la novela Andamios.

viernes, 3 de febrero de 2012

RESUMEN SUCINTO DE LA VIDA DEL GENERAL SUCRE

(ESCRITO POR EL LIBERTADOR)




«U. créame, General, nadie ama la gloria de U. tanto como yo. Jamás un Jefe ha tributado más gloria a un subalterno. Ahora mismo se está imprimiendo, una relación de la vida de U. hecha por mí; cumpliendo con mi conciencia le doy á U. cuanto merece. Esto lo digo para que vea que soy justo: desapruebo mucho lo que no me parece bien, al mismo tiempo que admiro lo que es sublime.»- Bolívar- Al General Sucre.- (Párrafo de carta del Libertador.- Lima: 21 de febrero de 1825).



El General Antonio José de Sucre nació en la ciudad de Cumaná, provincia de Venezuela, el 3 de Febrero de 1795, de padres ricos y distinguidos.


Recibió su primera educación en la capital de Caracas. En el año de 1802, principió sus estudios en Matemática para seguir la carrera de ingeniero. Empezada la revolución se dedicó a esta arma y mostró desde los primeros días una aplicación y una inteligencia que lo hicieron sobresalir entre sus compañeros. Muy pronto empezó la guerra, desde luego el General Sucre salió a campaña. Sirvió a las órdenes del General Miranda con distinción en los años 11 y 12. Cuando los Generales Mariño, Piar, Bermúdez y Valdez emprendieron la reconquista de su patria, en el año de 13, por la parte oriental, el joven Sucre les acompañó a una empresa la más atrevida y temeraria. Apenas un puñado de valientes, que no pasaban de ciento, intentaron y lograron la libertad de tres provincias. Sucre siempre se distinguía por su infatigable actividad, por su inteligencia y por su valor. En los célebre campos de Maturín y Cumaná se encontraba de ordinario al lado de los más audaces, rompiendo las filas enemigas, destrozando ejércitos contrarios con tres o cuatro compañías de voluntarios que componían todas nuestras fuerzas. La Grecia no ofrece prodigios mayores.


Quinientos paisanos armados, mandados por el intrépido Piar, destrozaron ocho mil españoles en tres combates en campo raso. El General Sucre era uno de los que se distinguían en medio de estos héroes.


El General Sucre sirvió al Estado Mayor General del Ejército de Oriente desde el año de 1814 hasta el de 1817, siempre con aquel celo, talento y conocimientos que los han distinguido tanto. El era el alma del ejército en que servía. Él metodizaba todo; él lo dirigía todo, más, con esa modestia, con esa gracia, con que hermosea cuanto ejecuta. En medio de las combustiones que necesariamente nacen de la guerra y de la revolución, el General Sucre se hallaba frecuentemente de mediador, de consejo, de guía, sin perder nunca de vista la buena causa y el buen camino. El era el azote del desorden y, sin embargo, el amigo de todos.


Su adhesión al Libertador y al Gobierno lo ponían a menudo en posiciones difíciles, cuando los partidos domésticos encendían los espíritus. El General Sucre quedaba en la tempestad semejante a una roca, combatida por las olas, clavando los ojos en la patria, en la justicia y sin perder, no obstante, el aprecio y el amor de los que combatía.


Después de la batalla de Boyacá, el General Sucre fue nombrado Jefe del Estado Mayor General Libertador, cuyo destino desempeñó con su asombrosa actividad. En esta capacidad, asociado al General Briceño y Coronel Pérez, negoció el armisticio y regularización de la guerra con el General Morillo el año de 1820. Este tratado es digno del alma del General Sucre: la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron; él será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra; el será eterno como el nombre del vencedor de Ayacucho.


Luego fue destinado desde Bogotá, a mandar la división de tropas que el Gobierno de Colombia puso a sus órdenes para auxiliar a Guayaquil que se había insurreccionado contra el Gobierno Español. Allí Sucre desplegó su genio conciliador, cortés, activo, audaz.


Dos derrotas consecutivas pusieron a Guayaquil al lado del abismo. Todo estaba perdido en aquella época: nadie esperaba salud, sino en un prodigio de la buena suerte. Pero el General Sucre se hallaba en Guayaquil, y bastaba su presencia para hacerlo todo. El pueblo deseaba librarse de la esclavitud: el General Sucre, pues, dirigió este noble deseo con acierto y con gloria. Triunfa en Yaguachi, y libró así a Guayaquil. Después un nuevo ejército se presentó en las puertas de esta misma ciudad, vencedor y muy fuerte. El General Sucre lo conjuró, lo rechazó sin combatir. Su política logró lo que sus armas no habrían alcanzado. La destreza del General Sucre obtuvo un armisticio del General español, que en realidad era una victoria. Gran parte de la batalla de Pichincha se debe a esta hábil negociación; porque sin ella, aquella célebre joranda no habría tenido lugar, todo habría sucumbido entonces, no teniendo a su disposición el General Sucre medios de resistencia.


El General Sucre formó, en fin, un ejército respetable durante aquel armisticio con las tropas que levantó en el país, las que recibió del Gobierno de Colombia y con la división del General Santa Cruz que obtuvo del Protector del Perú, por resultado de su incansable perseverancia en solicitar por todas partes enemigos a los españoles poseedores de Quito.


La Campaña terminó la guerra del Sur de Colombia, fue dirigida y mandada en persona por el General Sucre; en ella mostró sus talentos y virtudes militares; superó dificultades que parecían invencibles; la naturaleza le ofrecía obstáculos, privaciones y penas durísimas: mas a todo sabía remediar su genio fecundo. La batalla de Pichincha consumó la obra de su celo, de su sagacidad y de su valor. Entonces fue nombrado, en premio de sus servicios, general de división e Intendente del Departamento de Quito. Aquellos pueblos veían en él su Libertador, su amigo; se mostraban más satisfechos del jefe que les era destinado, que de la libertad misma que recibían en sus manos. El bien dura poco, bien pronto lo perdieron.


La pertinaz ciudad de Pasto se subleva poco después de la capitulación que les concedió el Libertador, con una generosidad sin ejemplo en la guerra. La de Ayacucho, que acabamos de ver con asombro, no le era comparable. Sin embargo, este pueblo ingrato y pérfido obligó al General Sucre a marchar contra él, a la cabeza de unos batallones y escuadrones de la guardia colombiana. Los abismos, los torrentes, los escarpados precipicios de Pasto fueron franqueados por los invencibles de Colombia. El General Sucre los guiaba, y Pasto fue nuevamente reducido al deber.


El General Sucre, bien pronto, fue destinado a una doble misión militar y diplomática cerca de este gobierno, cuyo objeto era hallarse al lado del Presidente de la República para intervenir en la ejecución de las operaciones de las tropas colombianas auxiliares del Perú. Apenas llegó a esta capital, que el gobierno del Perú le instó, repetida y fuertemente, para que tomase el mando del ejercito unido; él se denegó a ello, siguiente su deber y su propia moderación hasta que la aproximación del enemigo con fuerzas muy superiores convirtió la aceptación del mando en una honrosa obligación.


Todo estaba en desorden: todo iba a sucumbir sin un jefe militar que pusiese en defensa la plaza del Callao, con las fuerzas que ocupaban la capital. El General Sucre tomó, a su pesar, el mando.


El Congreso, que había sido ultrajado por el Presidente Riva-Agüero, depuso a este magistrado luego que entró en el Callao, y autorizó al General Sucre para que obrase militar y políticamente como Jefe Supremo. Las circunstancias eran terribles, urgentísimas: no había que vacilar, sino obrar con decisión.


El General Sucre renunció, sin embargo, el mando que le confería el Congreso, el que siempre insistía con mayor ardor en el mismo empeño, como que era el único hombre que podía salvar la patria en aquel conflicto tan tremendo. El Callao encerraba la caja de Pandora, y al mismo tiempo era el caos. El enemigo estaba a las puertas con fuerzas dobles: la plaza no estaba preparada para un sitio: los cuerpos del ejército que la guarnecían eran de diferentes estados, de diferentes partidos; el Congreso y el Poder Ejecutivo luchaban de mano armada; todo el mundo mandaba en aquel lugar de confusión, y al parecer el General Sucre era responsable de todo. El, pues, tomó la resolución de defender la plaza, con tal que las autoridades supremas la evacuasen, como ya se había determinado de antemano por parte del Congreso y del Poder Ejecutivo. Aconsejó a ambos cuerpos que se entendiesen y transigiesen sus diferencias en Trujillo, que era el lugar designado para su residencia.


El General Sucre tenía ordenes positivas de su Gobierno de sostener al Perú, pero de abstenerse de interferir en sus diferencias intestinas; esta fue su conducta invariable, observando religiosamente sus instrucciones. Por lo mismo, ambos partidos se quejaban de indiferencia, de indolencia, de apatía por parte del General de Colombia, que si habia tomado el mando militar había sido con suma repugnancia y sólo por complacer a las autoridades peruanas; pero bien resuelto a no ejercer otro mando que el estrictamente militar. Tal fue su comportamiento en medio de tan díficiles circunstancias. El Perú puede decir si la verdad dicta estas líneas.


Las operaciones del General Santa Cruz en el alto Perú habían empezado con buen suceso y esperanzas probables. El General Sucre había recibido órdenes de embarcarse con cuatro mil hombres de las tropas aliadas hacia aquella parte. En efecto dirige su marcha con tres mil colombianos y chilenos; desembarca en el puerto de Quilca, y toma la ciudad de Arequipa. Abre sus comunicaciones con el General Santa Cruz que se hallaba en el Alto Perú; a pesar de no recibir demanda alguna de dicho General, de auxilios, dispone todo para obrar inmediatamente contra el enemigo común. Sus tropas habían llegado muy estropeadas, como todas las que hacen la misma navegación; los caballo y bagajes, había costado una inmensa dificultad obtenerlos; las tropas de Chile se hallaban desnudas, y debieron vestirse antes de emprender una campaña rigurosa. Sin embargo, todo se ejecutó en pocas semanas. Ya la división del General Sucre había recibido parte del General Santa Cruz, que la llamaba en su auxilio, y algunas horas después de la recepción de este parte estaba en marcha, cuando se recibió el triste anuncio de la disolución de la mayor parte de la división peruana en las inmediaciones del Desaguadero. Por entonces todo cambia de aspecto. Era, pues, indispensable mudar el plan. El General Sucre tuvo una entrevista con el General Santa Cruz en Monquegua, y allí combinaron sus ulteriores operaciones. La división que mandaba el General Sucre vino a Pisco y de allí pasó, por orden del Libertador, a Supe para oponerse a los planes de Riva-Agüero que obraba de concierto con los españoles.


En estas circunstancias el General Sucre instó al Libertador porque le permitiese ir a tomar el valle de Jauja con las tropas de Colombia, para oponerse allí al General Canterac, que venía del Sur. Riva-Agüero había ofrecido cooperar a esta maniobra más su perfidia pretendía engañarnos. Su intento de dilatarla hasta que llegasen los españoles, sus auxiliares. Tan miserable treta no podía alucinar al Libertador, que la había previsto con anticipación, o más bien la conocía por documentos interceptados de los traidores y de los enemigos.


El General Sucre dio en aquel momento un brillante testimonio de su carácter generoso. Riva-Agüero lo había calumniado atrozmente: lo suponía autor de los decretos del Congreso; el agente de la ambición del Libertador; el instrumento de su ruina. No obstante esto, Sucre ruega encarecida y ardientemente al Libertador, para que no lo emplee en la campaña contra Riva-Agüero, no aún como simple soldado; apenas se pudo conseguir de él, que siguiese como un espectador y no como un jefe del ejército unido; su resistencia era absoluta. El decía que de ningún modo convenía la intervención de los auxiliares en aquella lucha, e infinitamente menos la suya propia, porque se le suponía enemigo personal de Riva-Agüero y competidor al mando. El Libertador cedió con infinito sentimiento, según se dijo, a los vehementes clamores del General Sucre. El tomó en persona el mando del ejército, hasta que el general La Fuente por su noble resolución de ahogar la traición de su jefe, y la guerra civil de su patria, prendió a Riva-Agüero y sus cómplices. Entonces el General Sucre volvió a tomar el mando del ejército; lo acantonó en la Provincia de Huailas, donde se le ordenó; y allí su economía desplegó todos sus recursos para mantener con comodida y agrado a las tropas de Colombia. Hasta entonces aquel departamento había producido muy poco, o nada al Estado. Sin embargo el General Sucre establece el orden más estricto para la subsistencia del ejército, conciliando, a la vez, el sacrificio de los pueblos, y disminuyendo el dolor de las exacciones militares con su inagotable bondad y con su infinita dulzura. Así fue que el pueblo y el ejército se encontraron tan bien cuanto las circunstancias lo permitían.


Sucre tuvo órdenes de hacer un reconocimiento de la frontera, como lo efectuó con el esmero que acostumbra, y dictó además aquellas providencias preparatorias que debían servirnos para realizar la próxima campaña.


Cuando la traición del Callao y de Torre-Tagle llamaron los enemigos a Lima, el General Sucre recibió órdenes de contrarrestar el complicado sistema de maquinaciones pérfidas que se extendió en todo el territorio contra la libertad del país, la gloria del Libertador, y el honor de los colombianos. El General Sucre combatió con suceso a todos los adversarios de la buena causa; escribió con sus manos resmas de papel para impugnar a los enemigos del Perú y de la libertad; para sostener a los buenos, y para confortar a los que comenzaban a desfallecer por los prestigios del error triunfante. El General Sucre escribía a sus amigos que más interés había tomado por la causa del Perú, que por la que fuese propia o perteneciese a su familia. Jamás había desplegado un celo tan infatigable; más sus servicios no se vieron burlados: ellos lograron retener en la causa de la patria, a muchos que la habrían abandonado sin el empeño generoso de Sucre. Este General tomó al mismo tiempo a su cargo la dirección de los preparativos que produjeron el efecto maravilloso de llevar el ejército al valle del Jauja por encima de los Andes, helados y desiertos. El ejército recibió todos los auxilios necesarios debidos, sin duda, tanto a los pueblos peruanos que los presentaban como al jefe que los había ordenado tan oportuna y discretamente.


El General Sucre después de la acción de Junín se consagró de nuevo a la mejora y alivio del ejército. Los hospitales fueron provistos por él, y los piquetes que venían de alta al ejército, eran auxiliados por el mismo General; estos cuidados dieron al ejército dos mil hombres, que quizás habrían perecido en la miseria sin el esmero del que consagra sus desvelos a tan piadoso servicio. Para el General Sucre todo sacrificio por la humanidad y por la patria, le parece glorioso. Ninguna atención bondadosa es indigna de su corazón: él es el general del soldado.


Cuando el Libertador lo dejó encargado de conducir la campaña durante el invierno que entraba, el General Sucre desplegó todos los talentos superiores que lo habían conducido a obtener la más brillante campaña de cuantas forman la gloria de los hijos del nuevo mundo. La marcha del ejército unido desde la Provincia de Cotabamba hasta Huamanga, es una operación insigne, comparable quizá a lo más grande que presenta la historia militar. Nuestro ejército era inferior en mitad al enemigo, que poseía infinitas ventajas materiales sobre el nuestro. Nosotros nos veíamos forzados a desfilar sobre riscos, gargantas, ríos, cumbres, abismos, siempre en presencia de un ejército enemigo y siempre superior. Esta corta, pero terrible campaña, tiene un mérito que todavía no es bien conocido en su ejecución: ella merece un Cesar que la describa.


La Batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta, y su ejecución divina. Maniobras hábiles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce años, y a un enemigo perfectamente constituido y hábilmente mandado. Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos. Ayacucho semejante a Waterloo, que decidió del destino de Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla, y contemplarla sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos, y el imperio sagrado de la naturaleza.


El General Sucre es el Padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Perú rotas por su espada.
Lima 1825.

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LA IMPORTANCIA DE CARAL-SUPE

“Caral es importante porque es la civilización más antigua del continente americano, ya que surgió en el año 3,000 a.C. Es decir, Caral se originó simultáneamente con las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto. Esto quiere decir que la civilización peruana es más antigua que India, China, Fenicia, Creta, Grecia, Mesoamérica, Israel, Roma y Persia.
Al ser Caral una civilización significa que también es una alta cultura, en muchos aspectos más desarrollada que las otras civilizaciones del mundo. Por ejemplo, Caral inventó los anfiteatros 2,000 años antes que la civilización griega, las momias de la civilización peruana son 3,000 años más antiguas que las de Egipto, la orfebrería del Perú fue la más adelantada del mundo antiguo, la agricultura del Perú es 3,000 años más antigua que la de Egipto y las redes de pescar de Perú son las más antiguas del mundo, entre otros aportes de la civilización peruana”.
Víctor Colán Ormeño, historiador.

CARAL. LA CIVILIZACIÓN MAS ANTIGUA

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LATINOAMERICA. CALLE 13 Y LA ORQUESTA SINFÓNICA DE VENEZUELA CON DUDAMEL

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Simón Bolívar. I parte.

Independencia de las colonias americanas

Las mujeres en la Revoluciòn Mexicana

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