"ABYA YALA: 200 años de Independencia Política, ahora por la Liberación Económica"

La Otra Historia

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Cine, Arte, Ensayo...

lunes, 10 de agosto de 2015

ANDRÉS ELOY BLANCO: POEMAS

CANTO DE LOS HIJOS EN MARCHA
Madre, si me matan,
que no venga el hombre de las sillas negras;
que no vengan todos a pasar la noche
rumiando pesares, mientras tú me lloras;
que no esté la sala con los cuatro cirios
y yo en una urna, mirando hacia arriba;
que no estén las mesas llenas de remedios,
que no esté el pañuelo cubriéndome el rostro,
que no venga el mozo con la tarjetera,
ni cuelguen las flores de los candelabros
ni estén mis hermanas llorando en la sala,
ni estés tú sentada, con tu ropa nueva.
Madre, si me matan,
que no venga el hombre de las sillas negras.

Lléname la casa de hombres y mujeres
que cuenten el último amor de su vida;
que ardan en la sala flores impetuosas,
que en dos grandes copas quemen melaleuca,
que toquen violines el sueño de Schuman;
los frascos rebosen de vino y perfumes;
que me miren todos, que se digan todos
que tengo una cara de soldado muerto.

Lléname la casa
de flores regaladas, como en una selva.
Déjame en tu cuarto, cerca de tu cama;
con mis cuatro hermanas, hagamos consejo;
tenme de la mano, tenme de los labios,
como aquella noche de mi padre muerto,
y al cabo, dormidos iremos quedando,
uno con su muerte y otro con su sueño.

Madre, si me matan,
que no venga el coche para los entierros,
con sus dos caballos gordos y pesados,
como de levita, como del Gobierno.

Que si traen caballos, traigan dos potrillos
finos de cabeza, delgados de remos,
que vayan saltando con claros relinchos,
como si apostaran cuál llega primero.
Que parezca, madre,
que voy a salirme de la caja negra
y a saltar al lomo del mejor caballo
y a volver al fuego.
Madre, si me matan,
que no venga el coche para los entierros.

Madres, si me matan,
y muero en los bosques o en mitad del llano,
pide a los soldados que te den tu muerto;
que los labradores y las labradoras
y tú y mis hermanas, derramando flores,
hasta un pueblo manso se lleven mi cuerpo;
que con unos juncos hagan angarillas,
que pongan mastranto y hojas y cayenas
y que así me lleven hasta un cementerio
con cerca de alambres y enredaderas.
Y cuando pasen los años
tráeme a mi pedazo, junto al padre muerto
y allí, que me pongan donde a ti te pongan,
en tu misma fosa y a tu lado izquierdo.
Madre, si me matan,
pide a los soldados que te den tu muerto.

Madre, si me matan, no me entierres todo,
de la herida abierta sácame una gota,
de la honda melena sácame una trenza;
cuando tengas frío, quémate en mi brasa;
cuando no respires, suelta mi tormenta.
Madre, si me matan, no me entierres todo.

Madre, si me matan,
ábreme la herida, ciérrame los ojos
y tráeme un pobre hombre de algún pobre pueblo
y esa pobre mano por la que me matan,
pónmela en la herida por la que me muero.

Llora en un pañuelo que no tenga encajes;
ponme tu pañuelo
bajo la cabeza, triste todavía
por las despedida del último sueño,
bajo la cabeza como casa sola,
densa de un perfume de inquilino muerto.

Si vienen mujeres, diles, sin sollozos:
-¡Si hablara, qué lindas cosas te diría!
Ábreme la herida, ciérrame los ojos...

Y una palabra: JUSTICIA
escriban sobre la tumba
Y un domingo, con sol afuera,
vengan la Madre y las Hermanas
y sonrían a la hermosa tumba
con nardos, violetas y helechos de agua
y hombres y mujeres del pueblo cercano
que digan mi nombre como de su casa
y alcen a los cielos cantos de victoria,
Madre, si me matan.
(Mayo de 1929)

CASIQUIARE 
Ciudadano venezolano,
Casiquiare es la mano abierta del Orinoco
y el Orinoco es el alma de Venezuela,
que le da al que no pide el agua que le sobra
y al que venga a pedirle, el agua que le queda.
Casiquiare es el símbolo
de ese hombre de mi pueblo
que lo fue dando todo, y al quedarse sin nada
desembocó en la Muerte, grande como el Océano.

PALABREO DE LA LOCA LUZ CARABALLO
Los deditos de tus manos,
los deditos de tus pies;
uno, dos, tres, cuatro, cinco
seis, siete, ocho, nueve, diez.
(Anónimo)

De Chachopo a Apartadero
caminas, Luz Caraballo,
con violeticas de mayo,
con carneritos de enero;
inviernos del ventisquero,
farallón de los veranos,
con fríos cordilleranos,
con riscos y ajetreos,
se te van poniendo feos
los deditos de tus manos.

La cumbre te circunscribe
al sólo aliento del nombre,
lo que te queda del hombre
que quién sabe dónde vive:
cinco años que no te escribe,
diez años que no lo ves,
y entre golpes y traspiés,
persiguiendo tus ovejos,
se te van poniendo viejos
los deditos de tus pies.

El hambre lleva en sus cachos
algodón de tus corderos,
tu ilusión cuenta sombreros
mientras tú cuentas muchachos;
una hembra y cuatro machos,
subida, bajada y brinco,
y cuando pide tu ahínco
frailejón para olvidarte
la angustia se te reparte:
uno, dos, tres, cuatro, cinco.

Tu hija está en un serrallo,
dos hijos se te murieron,
los otros dos se te fueron
detrás de un hombre a caballo.
“La Loca Luz Caraballo”
dice el decreto del Juez,
porque te encontró una vez,
sin hijos y sin carneros,
contandito los luceros:
...seis, siete, ocho, nueve, diez...


BIOGRAFÍA ANDRÉS ELOY BLANCO

Nació en Cumaná (Edo. Sucre) el 6 de agosto de 1896
Murió en Ciudad de México el 21 de mayo de 1955
Andrés Eloy Blanco
Importante poeta venezolano, miembro de la "Generación del 28" y fundador del Partido Acción Democrática (AD). Fue también cuentista, dramaturgo, periodista, biógrafo, ensayista e insigne orador. Obtuvo inmuerables galardones por sus obras literarias alcanzando el éxito tanto dentro de sus fronteras como afuera. Funcionario público durante el gobierno de López Contreras, fue diputado y posteriormente presidente de la Asamblea Constituyente de 1946, en la cual se destacó por sus famosos discursos. Ejerció también el ministerio de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Gallegos.
Joven poeta
Sus padres fueron Luis Felipe Blanco y Dolores Meaño. Transcurrió su infancia en la isla de Margarita, hasta que se trasladó a Caracas en 1908 con la finalidad de estudiar en el Colegio Nacional, regentado en ese entonces por Luis Ezpelosín. Para el año de 1913 figuró como miembro del Círculo de Bellas Artes. Luego ingresó a la Universidad Central de Venezuela, donde cursó la carrera de derecho y se graduó en 1919. Ejerció su profesión de abogado por un tiempo en Apure. Desde muy joven mostró un gran talento literario, el cual fue reconocido en diversos concursos. En tal sentido, uno de sus primeros poemas "La espiga y el arado", fue premiado en los Juegos Florales de Ciudad Bolívar en 1916. Asimismo en 1921, publicó su primer libro "Tierras que me oyeron"; y en 1923, recibió el primer premio en concurso promovido por la Real Academia Española de la Lengua, en la ciudad de Santander (España), a la cual concurrió con su "Canto a España", lo que le da notoriedad internacional. EN 1924 fue nombrado miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y posteriormente viajó a Cuba donde se reunió con exiliados venezolanos e intelectuales cubanos.
En 1928, formó parte del grupo de estudiantes universitarios que se alzaron en contra de la dictadura del general Juan Vicente Gómez. Por tal motivo, entre 1928 y 1933, estuvo en la prisión de La Rotunda, de donde lo pasaron al castillo Libertador de Puerto Cabello (1933-1934). Durante el tiempo que estuvo encarcelado, dio muestras de una gran fortaleza física y moral, ya que pese a tener pesados grillos en los pies, siguió produciendo originales escritos que luego sus hermanas se encargaban de pasar en limpio. Enfermo, fue confinado a Valera (1935). En el lapso que estuvo prisionero en las cárceles gomecistas, estableció contacto con los campesinos y obreros analfabetas llevados a estas prisiones por el régimen de Gómez; los cuales inspiraron algunas de su obras: "Barco de Piedra", "Malvina Recobrada" (1937), "Abigail" (1937) y "Baedecker 2000". En estos libros Eloy Blanco empleó un tratamiento de la realidad que él mismo denominó como "colombismo", y que derivaba de una actitud descubridora del poeta en contacto con la realidad americana.
Importante figura pública

Después de la muerte de Juan Vicente Gómez (17 de diciembre de 1935), fue nombrado por Eleazar López Contreras como jefe del Servicio de Gabinete en el Ministerio de Obras Públicas. No obstante su postura crítica ante la represión de las protestas del mes de febrero de 1936 lo apartarán del cargo. Fue transferido a la Inspectoría de Consulados, viajando a Cuba, EEUU y Canadá. Renunció en 1937 a ese cargo. Fue uno de los fundadores del partido ORVE y después militante del Partido Democrático Nacional (PDN) y resultó electo presidente del Consejo Municipal del Distrito Federal. Miembro fundador del partido Acción Democrática (AD), participó también en la fundación del semanario humorístico "El Morrocoy Azul" (1941). Contrajo matrimonio con Lilina Iturbe en 1943. Diputado por el Distrito Federal (1945) y destacado presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (1946-1947), se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores en el Gobierno de Rómulo Gallegos y representó a Venezuela en las Asamblea de las Naciones Unidas (París 1948). Luego del derrocamiento de Gallegos (24 de noviembre de 1948), salió al destierro, pasando primero a Cuba y posteriormente a México, donde murió en un accidente automovilístico. En 1973, el Congreso Nacional hizo una edición de sus obras completas, en 10 volúmenes, 5 de los cuales recogen su labor periodística, que contiene crónicas y ensayos cortos. En esta edición, también están contenidos sus discursos, que son de excelente calidad, pues Andrés Eloy Blanco era un gran orador, acaso uno de los mejores que ha tenido Venezuela en el siglo XX. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 2 de julio de 1981

miércoles, 5 de agosto de 2015

ALFREDO ZITARROSA. BIOGRAFÍA


Alfredo Zitarrosa nació en Montevideo el 10 de marzo de 1936, trasladándose al interior de Uruguay y viviendo en diversos poblados hasta la edad de 12 años.
Se ha señalado que esta experiencia infantil lo marcó para siempre, notándose en su repertorio la inclusión mayoritaria de ritmos y canciones de origen campesino, como las milongas.
En su juventud trabajó como vendedor de muebles, de suscripciones a una sociedad médica y de oficinista. Luego incursionó en labores de locución y en el teatro. Conjuntamente se inició en el periodismo, colaborando en diversas publicaciones, entre ellas el semanario "Marcha". Escribió sobre cibernética, enfermedades infantiles, física nuclear y una gran variedad de temas científicos y técnicos.
Al mismo tiempo desarrolló su vocación artística, produciendo canciones, cuentos y poemas. La culminación de estos esfuerzos llegó en 1959, al recibir el Premio Nacional de Poesía en Uruguay.
Encontrándose en Perú en 1961, enfrentado a serias dificultades económicas, fue llevado casi contra su voluntad a actuar en televisión. Zitarrosa relata así su experiencia: "No tenía ni un peso, pero sí muchos amigos. Uno de ellos, César Durand, regenteaba una agencia de publicidad y por sorpresa me incluyó en un programa de TV, y me obligó a cantar. Canté dos temas y cobré 50 dólares. Fue una sorpresa para mí que me permitió reunir algunos pesos…"
A partir de ese instante realizó varios programas de Radio Altiplano de La Paz, en Bolivia, debutando posteriormente en Montevideo, allá por 1964, en el Auditorio del SODRE (Servicio Oficial de Difusión Radioeléctrica). Su participación en este espacio le sirvió de peldaño para ser invitado al Festival Folclórico de Cosquín, en Argentina.
Ya en la cúspide, tuvo a su cargo el programa de televisión "Generación 55", donde difundió la labor de jóvenes artistas uruguayos. De ahí en adelante se inició la cosecha de premios. Premio Artigas de la Asociación Folclórica de Uruguay en 1965. Medalla de Oro por sus ventas de discos los años 1965, 1966, 1967 y 1968. Medalla de Plata en el Segundo Festival Latinoamericano de Folclore en 1966, en Salta. Plaqueta y Disco de Oro en el Festival Internacional de Montevideo, en 1969. Mención de Honor en 1972, en Lima. Condecoración Francisco de Miranda, otorgada por el Presidente de Venezuela, en 1978 y así sucesivamente.
Sus temas han sido grabados por intérpretes de la talla de Mercedes Sosa, Jorge Cafrune, Nacha Roldán, Los Andariegos, Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Huerque Mapu, Cuarteto Zupay y otros, en Argentina; María Dolores Pradera, Nati Mistral y Maya, en España; María Teresa Chacín y Soledad Bravo, en Venezuela; Chabuca Granda y Tania Libertad, en Perú; Sanampay y Grupo Onta, en México; Miriam Ramos, Osvaldo Rodrigo, "Chango" Nieto, Marga y Betty, en otras naciones.
Zitarrosa consigue lo imposible: gustar a todo el mundo y en especial al público uruguayo que ve en él al cantor largamente esperado, el que canta con las voces de todos.
Es difícil determinar qué es lo más importante en la personalidad de Alfredo Zitarrosa: su condición de autor y compositor privilegiado o la fuerza de sus interpretaciones, la lucidez, la prodigalidad de sus imágenes poéticas, su raíz inmensamente popular y cálidamente universal expresadas en sus canciones, las que han hecho de él una figura señera de la Canción Popular Contemporánea Latinoamericana.
No es instrumentista, aunque a veces se acompaña con la guitarra, en cambio sí compone a favor de la guitarra que, según él, es la autora de sus canciones. Esto merece una consideración aparte, pues el acompañamiento elegido por Zitarrosa para sus canciones se basa en tres guitarras y un guitarrón, lo que le da a sus interpretaciones un original sonido, totalmente distinto al de otras regiones de América, lo que ha llevado a los especialistas a denominar "el sonido inconfundible y único de Zitarrosa".
Sus presentaciones en público siguen la vieja línea en cuanto al acompañamiento guitarrístico (los clásicos cuatro encordados de fondo, tres guitarras criollas y guitarrón) como en su vestimenta: terno oscuro con chaleco, camisa blanca y corbata, zapatos negros e impecablemente peinado con partitura al lado.
En 1976, Alfredo Zitarrosa abandonó su tierra natal, trasladándose a Argentina. A los pocos meses salió de ese país rumbo a España donde siguió componiendo y actuando esporádicamente. No resistió, sin embargo, estar lejos de su continente, de sus hombres y costumbres. Viajó a México en 1979 con su esposa y sus dos hijas, habitando en Prados de Coyoacán, al sur de Ciudad de México, hasta 1983, momento en el que regresó a Argentina.
La noche del primero de julio de 1983 se reencontró con el público porteño en el Estadio de Obras Sanitarias. Al comenzar su actuación pidió permiso para seguir cantando a nombre de su pueblo. Los asistentes lo acogieron con una ovación que, dice, nunca podrá olvidar.
A comienzos del año 1984 regresa a su país natal, Uruguay, donde pocos días después es recibido por una multitud en el Estadio Centenario de Montevideo.
Continuó escribiendo y componiendo hasta su muerte, el 17 de enero de 1989 en Montevideo.
El poeta Washington Benavídez, uno de los pilares del Canto Popular Uruguayo, dijo en cierta ocasión: "Siempre que pienso en Zitarrosa me vuelve a la memoria una imagen que el gran cantor me provocó, en un lejano recital, fervoroso de público, allá por Tacuarembó; dije entonces que toda canción cobraba, como tocada por una magia terrena, un algo, un no sé qué dorado y cordial, en el envión sombrío y generoso de su voz".


Alfredo Zitarrosa
«El canto me sale, como aprendido, desde el nacer peleando contra el olvido»

Alfredo Zitarrosa fue El Cantor, por el mandato de su voz, extraordinaria, conmovedora e irrepetible; pero también fue un ser excepcional, profundamente humano –y humanista-, un hombre bueno y tierno, ingenuo y solidario, generoso y sensible, contradictorio en sus facetas oscuras, que -tras una apariencia circunspecta y severa- era un tozudo optimista que le cantó al amor bajo todas sus formas: El amor de pareja, el amor a los desposeídos, a sus semejantes; el amor a la vida, en suma, a la que celebró y en la que siempre tuvo la certeza de que hacía falta, como persona que era. Fue capaz de cantar su amor por un pájaro o por una mariposa, y hasta por una planta, y supo, como expresara Juan Carlos Onetti, llegar al público y hacerlo sentir.
Fue un defensor acérrimo de sus convicciones, que partían de la base de que toda persona, por el sólo hecho de nacer, tiene derecho a una existencia digna. Asumió un compromiso ineludible con su tiempo, su clase y su pertenencia social, a través de sus ideas, llevadas a la acción política como militante activo y sostenido en el tiempo, con una congruencia entre la proclama y los hechos, que es muy difícil de encontrar en figuras de raigambre popular.
Su talento como creador le permitió llegar instancias de inspiración tales que dieron como resultado canciones plenas de valores poéticos y musicales, con una rara correspondencia entre texto y melodía, cargadas de belleza, que reconfortan y agradan al espíritu de quien las escucha, sirviéndole de consolación.
Cantó como todos quisiéramos cantar. Y lo hizo de una manera definida e inconfundible, creando un estilo, lo que lo transformó en el símbolo, no sólo de su país sino de toda una región, la América Morena como solía llamarla, y, como consecuencia de ello, se constituyó en una figura de trascendencia universal.
Recibido con una imponente manifestación popular al regreso de su forzado exilio; desaparecido prematuramente a la edad de 52 años; transformado en referente insustituible para sus contemporáneos y las generaciones venideras de músicos y otros artistas populares; respetado por todas las corrientes de opinión; venerado por quienes lo acompañaron en su labor artística y por los que siguen su legado; constituido en uno de los más altos exponentes del patrimonio musical y cultural de su tierra; su canto, su ejemplo de vida, su actitud militante irrenunciable, perduran en el tiempo y proyectan una luz cada vez más intensa y abarcadora.

domingo, 12 de julio de 2015

Alfonsina Storni

Biografía (29 de Mayo de 1892 - 25 de Octubre de 1938)
La autora

La familia Storni -el padre de Alfonsina y varios hermanos mayores- llegó a la provincia de San Juan desde Lugano, Suiza, en 1880. Fundaron una pequeña empresa familiar, y años después, las botellas de cerveza etiquetadas «Cerveza Los Alpes, de Storni y Cía», circulan por toda la región. Los padres de Alfonsina viajaron a Suiza en el año 1891, junto con sus dos pequeños hijos. En 1892, el 29 de mayo, nació en Sala Capriasca Alfonsina, la tercera hija del matrimonio Storni. Llevó el nombre del padre, de un padre melancólico y raro. Más tarde le diría a su amigo Fermín Estrella Gutiérrez: «me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo».

Alfonsina aprendió a hablar en italiano, y en 1896 vuelven a San Juan, de donde son sus primeros recuerdos. «Estoy en San Juan, tengo cuatro años; me veo colorada, redonda, chatilla y fea. Sentada en el umbral de mi casa, muevo los labios como leyendo un libro que tengo en la mano y espío con el rabo del ojo el efecto que causo en el transeúnte. Unos primos me avergüenzan gritándome que tengo el libro al revés y corro a llorar detrás de la puerta». En 1901, la familia se trasladó nuevamente, esta vez a la ciudad de Rosario, un próspero puerto del litoral.

Paulina, la madre, abrió una pequeña escuela domiciliaria, y pasa a ser la cabeza de una familia numerosa, pobre y sin timón. Instalaron el «Café Suizo», cerca de la estación de tren, pero el proyecto fracasó. Alfonsina lavaba platos y atendía las mesas, a los diez años. Las mujeres comenzaron a trabajar de costureras. Alfonsina decide emplearse como obrera en una fábrica de gorras. En 1907 llega a Rosario la compañía de Manuel Cordero, un director de teatro que recorría las provincias. Alfonsina reemplaza a una actriz que se enferma. Esto la decide a proponerle a su madre que le permita convertirse en actriz y viajar con la compañía. Recorre Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán. Después dirá que representó Espectros, de Ibsen, La loca de la casa, de Pérez Galdós, y Los muertos, de Florencio Sánchez.


En sus cartas al filólogo español don Julio Cejador Alfonsina resume algunos momentos de su vida. Refiriéndose a esta época, le dirá: «A los trece años estaba en el teatro. Este salto brusco, hijo de una serie de casualidades, tuvo una gran influencia sobre mi actividad sensorial, pues me puso en contacto con las mejores obras del teatro contemporáneo y clásico (…). Pero casi una niña y pareciendo ya una mujer, la vida se me hizo insoportable. Aquel ambiente me ahogaba. Torcí rumbos…». Luego, en un reportaje de la revista El Hogar, contará que al regresar escribió su primera obra de teatro, Un corazón valiente, de la que no han quedado testimonios.

Cuando volvió a Rosario se encuentra con que su madre se ha casado y vive en Bustinza. La poeta decide estudiar la carrera de maestra rural en Coronda, y allí recibe su título profesional. Gana un lugar sobresaliente en la comunidad escolar, consigue un puesto de maestra y se vincula a dos revistas literarias, Mundo Rosarino y Monos y Monadas. Allí aparecen sus poemas durante todo ese año, y si bien no hay testimonio de ellos, sí sabemos de otros publicados al año siguiente en Mundo Argentino, y que tienen resonancias hispánicas.

Poeta en Buenos Aires

Al terminar el año de 1911, decide trasladarse a Buenos Aires. «En su maleta traía pobre y escasa ropa, unos libros de Darío y sus versos». Así, con nostalgia, evoca su hijo Alejandro la llegada. Pobre equipaje para enfrentarse con una ciudad que estaba abierta al mundo, con las expectativas puestas en esa inmigración que traería nuevas manos para producir y nuevas formas de convivencia. El nacimiento de su hijo Alejandro, el 21 de abril de 1912, define en su vida una actitud de mujer que se enfrenta sola a sus decisiones. Trabaja como cajera en la tienda «A la ciudad de México», en Florida y Sarmiento. También en la revista Caras y Caretas.

Su primer libro, La inquietud del rosal, publicado con grandes dificultades económicas, apareció en 1916. En un homenaje al novelista Manuel Gálvez, por primera vez en Buenos Aires, en esta clase de reuniones, aparece Alfonsina recitando con aplomo sus propios versos. En junio de 1916, aparece en Mundo Argentino un poema titulado «Versos otoñales». Aunque los versos son apenas aceptables, sorprende su capacidad de mirarse por dentro, que por entonces no era común en los poetas de su generación.

Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas
He sentido el otoño; sus achaques de viejo
Me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
Que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas.

Sus amigos los poetas modernistas

Amado Nervo, el poeta mejicano paladín del modernismo junto con Rubén Darío, publica sus poemas también en Mundo Argentino, y esto da una idea de lo que significaría para ella, una muchacha desconocida, de provincia, el haber llegado hasta aquellas páginas. En 1919 Nervo llega a la Argentina como embajador de su país, y frecuenta las mismas reuniones que Alfonsina. Ella le dedica un ejemplar de La inquietud del rosal, y lo llama en su dedicatoria «poeta divino». Vinculada entonces a lo mejor de la vanguardia novecentista, que empezaba a declinar, en el archivo de la Biblioteca Nacional uruguaya hay cartas al uruguayo José Enrique Rodó, otro de los escritores principales de la época, modernista autor de Ariel y de Los motivos de Proteo, ambos libros pilares de una interpretación de la cultura americana. El uruguayo escribía, como ella, en Caras y Caretas y era, junto con Julio Herrera y Reissig, el jefe indiscutido del nuevo pensamiento en el Uruguay. Ambos contribuyeron a esclarecer los lineamientos intelectuales americanos a principios de siglo, como lo hizo también Manuel Ugarte, cuya amistad le llegó a Alfonsina junto con la de José Ingenieros.

Su voluntad no la abandona, y sigue escribiendo. En mejores condiciones publica El dulce daño, en 1918. El 18 de abril de 1918 se le ofrece una comida en el restaurante Génova, de la calle Paraná y Corrientes, donde se reunía mensualmente el grupo de Nosotros, y en esa oportunidad se celebra la aparición de El dulce daño. Los oradores son Roberto Giusti y José Ingenieros, su gran amigo y protector, a veces su médico. Alfonsina se está reponiendo de la gran tensión nerviosa que la obligó a dejar momentáneamente su trabajo en la escuela, pero su cansancio no le impide disfrutar de la lectura de su «Nocturno», hecha por Giusti, en traducción al italiano de Folco Testena

También en 1918 Alfonsina recibe una medalla de miembro del Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas, junto con Alicia Moreau de Justo y Enrique del Valle Iberlucea. Años atrás, cuando empezó la guerra, Alfonsina había aparecido como concurrente a un acto en defensa de Bélgica, con motivo de la invasión alemana. Comienzan sus visitas a la ciudad de Montevideo, donde hasta su muerte frecuentará amigos uruguayos. Juana de Ibarbourou lo contó años después de la muerte de la poetisa argentina: «En 1920 vino Alfonsina por primera vez a Montevideo. Era joven y parecía alegre; por lo menos su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica. Levantó una ola de admiración y simpatía… Un núcleo de lo más granado de la sociedad y de la gente intelectual la rodeó siguiéndola por todos lados. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina».

La amistad de Quiroga, el escritor de la selva

En 1922, Alfonsina ya frecuentaba la casa del pintor Emilio Centurión, de donde surgiría posteriormente el grupo Anaconda. Allí conoció, seguramente, al escritor uruguayo Horacio Quiroga, que había llegado de su refugio en San Ignacio, Misiones, durante el año 1916. Su personalidad debió atraer a Alfonsina. Un hombre marcado por el destino, perseguido por los suicidios de seres queridos, que, además, se había atrevido a exiliarse en Misiones, e intentado allí forjar un paraíso. En 1922, era ya el autor de sus libros más importantes, Cuentos de la selva, Anaconda, El desierto. Vivía modestamente de sus colaboraciones en diarios y revistas y desempeñó un papel protagónico en el intento de profesionalizar la escritura. Alfonsina había publicado sus libros Irremediablemente (1919) y Languidez (1920).

La amistad con Quiroga fue la de dos seres distintos. Cuenta Norah Lange que en una de sus reuniones, adonde iban todos los escritores de la época, jugaron una tarde a las prendas. El juego consistió en que Alfonsina y Horacio besaran al mismo tiempo las caras de un reloj de cadena, sostenido por Horacio. Este, en un rápido ademán, escamoteó el reloj precisamente en el momento en que Alfonsina aproximaba a él sus labios, y todo terminó en un beso. Quiroga la nombra frecuentemente en sus cartas, sobre todo entre los años 1919 y 1922, y su mención la destaca de un grupo donde había no sólo otras mujeres sino también otras escritoras. Sin embargo, cuando Quiroga resuelve irse a Misiones en 1925, Alfonsina no lo acompaña. Quiroga le pide que se vaya con él y ella, indecisa, consulta con su amigo el pintor Benito Quinquela Martín. Aquél, hombre ordenado y sedentario, le dice: «¿Con ese loco? ¡No!».

Un nuevo camino para la poesía

En el año 1923, la revista Nosotros, que lideraba la difusión de la nueva literatura argentina, y con hábil manejo formaba la opinión de los lectores, publicó una encuesta, dirigida a los que constituyen «la nueva generación literaria». La pregunta está formulada sencillamente: «¿Cuáles son los tres o cuatro poetas nuestros, mayores de treinta años, que usted respeta más?».

Alfonsina Storni tenía en ese entonces treinta y un años recién cumplidos, es decir, que apenas bordeaba la cifra exigida para constituirse en «maestro de la nueva generación». Su libro Languidez, de 1920, había merecido el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, lo que la colocaba muy por encima de sus pares. Muchas de las respuestas a la encuesta de Nosotros coinciden en uno de los nombres: Alfonsina Storni.

Mil novecientos veinticinco fue el año de la publicación de Ocre, un libro que marca un cambio decisivo en su poesía. Desde hace dos años es profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas, y su postura como escritora está absolutamente afianzada entre el público y sus iguales. Por aquella época muere José Ingenieros, y esto la deja un poco más sola.

Hasta la casa de la calle Cuba llega una tarde la chilena Gabriela Mistral. El encuentro debió ser importante para la chilena, ya que publicó su relato ese año en El Mercurio. Llamó por teléfono a Alfonsina antes de ir, y le impresionó gratamente su voz, pero le habían dicho que era fea y entonces esperaba una cara que no congeniara con la voz. Por eso cuando la puerta se abre pregunta por Alfonsina, porque la imagen contradice a la advertencia. «Extraordinaria la cabeza, recuerda, pero no por rasgos ingratos, sino por un cabello enteramente plateado, que hace el marco de un rostro de veinticinco años». Insiste: «Cabello más hermoso no he visto, es extraño como lo fuera la luz de la luna a mediodía. Era dorado, y alguna dulzura rubia quedaba todavía en los gajos blancos. El ojo azul, la empinada nariz francesa, muy graciosa, y la piel rosada, le dan alguna cosa infantil que desmiente la conversación sagaz y de mujer madura». La chilena queda impresionada por su sencillez, por su sobriedad, por su escasa manifestación de emotividad, por su profundidad sin trascendentalismos. Y sobretodo por su información, propia de una mujer de gran ciudad, «que ha pasado tocándolo todo e incorporándoselo» (1).

El 20 de marzo de 1927 se estrena su obra de teatro, que despertaba las expectativas del público y de la crítica. El día del estreno asistió el presidente Alvear con su esposa, Regina Pacini. Al día siguiente la crítica se ensañó con la obra, y a los tres días tuvo que bajar de cartel. El diario Crítica tituló «Alfonsina Storni dará al teatro nacional obras interesantes cuando la escena le revele nuevos e importantes secretos». La escritora se sintió muy dolida por su fracaso, y trató de explicarlo atribuyéndole la culpa al director y a los actores.

Años de equilibrio

Alfonsina intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su participación en el gremialismo literario fue intensa. En 1928 viajó a España en compañía de la actriz Blanca de la Vega, y repitió su viaje en 1931, en compañía de su hijo. Allí conoció a otras mujeres escritoras, y la poeta Concha Méndez le dedica algunos poemas. En 1932, publicó sus Dos farsas pirotécnicas: Cimbelina y Polixene y la cocinerita. Está tranquila, colabora en el diario Crítica y en La Nación; sus clases de teatro son la rutina diaria, y su rostro empieza a cambiar. Las canas cubren su cabeza y le dan un aire diferente.

En 1931, el Intendente Municipal nombró a Alfonsina jurado y es la primera vez que ese nombramiento recae en una mujer. Alfonsina se alegra de que comiencen a ser reconocidas las virtudes que la mujer, esforzadamente, demuestra. «La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental. Como afirmación de esta limpia verdad, la Intendencia de Buenos Aires declara, en su ciudad, noble la condición femenina», afirma Alfonsina en un diario al referirse a su designación.

En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la permanencia del poeta en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de 1934. Le dedicó un poema, «Retrato de García Lorca», publicado luego en Mundo de siete pozos (1934). Allí dice: «Irrumpe un griego /por sus ojos distantes (…). Salta su garganta /hacia afuera /pidiendo /la navaja lunada /aguas filosas (…). Dejad volar la cabeza, /la cabeza sola /herida de hondas marinas /negras…».

El 20 de mayo de 1935 Alfonsina fue operada de un cáncer de mama.

En 1936 se suicida Horacio Quiroga y ella le dedicó un poema de versos conmovedores y que presagian su propio final:

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
Y así como en tus cuentos, no está mal;
Un rayo a tiempo y se acabó la feria…

Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
Que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías…
Allá dirán.

El final

El veintiséis de enero de 1938, en Colonia, Uruguay, Alfonsina recibe una invitación importante. El Ministerio de Instrucción Pública ha organizado un acto que reunirá a las tres grandes poetisas americanas del momento, en una reunión sin precedentes: Alfonsina, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. La invitación pide «que haga en público la confesión de su forma y manera de crear». Tiene que prepararse en un día y, llena de entusiasmo, escribe su conferencia sobre una valija que ha puesto en las rodillas. Divertida, encuentra un título que le parece muy adecuado: «Entre un par de maletas a medio abrir y las mancillas del reloj».

Hacia mitad de año apareció Mascarilla y trébol y una Antología poética con sus poemas preferidos. Los meses que siguen fueron de incertidumbre y temor por la renuencia de la enfermedad. El 23 de octubre viajó a Mar del Plata y hacia la una de la madrugada del martes veinticinco Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar. Esa mañana, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa. A la tarde, los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: «Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poetisa de América». A su entierro asistieron los escritores y artistas Enrique Larreta, Ricardo Rojas, Enrique Banchs, Arturo Capdevila, Manuel Gálvez, Baldomero Fernández Moreno, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Alejandro Sirio, Augusto Riganelli, Carlos Obligado, Atilio Chiappori, Horacio Rega Molina, Pedro M. Obligado, Amado Villar, Leopoldo Marechal, Centurión, Pascual de Rogatis, López Buchardo.

El 21 de noviembre de 1938, el Senado de la Nación rindió homenaje a la poeta en las palabras del senador socialista Alfredo Palacios. Este dijo:

«Nuestro progreso material asombra a propios y extraños. Hemos construido urbes inmensas. Centenares de millones de cabezas de ganado pacen en la inmensurable planicie argentina, la más fecunda de la tierra; pero frecuentemente subordinamos los valores del espíritu a los valores utilitarios y no hemos conseguido, con toda nuestra riqueza, crear una atmósfera propicia donde puede prosperar esa planta delicada que es un poeta».

Juana Azurduy, Flor del Alto Perú


viernes, 10 de julio de 2015

BURGUESES. Nicolás Guillén

No me dan pena los burgueses
vencidos. Y cuando pienso que van a darme pena,
aprieto bien los dientes y cierro bien los ojos.
Pienso en mis largos días sin zapatos ni rosas.
Pienso en mis largos días sin sombrero ni nubes.
Pienso en mis largos días sin camisa ni sueños.
Pienso en mis largos días con mi piel prohibida.
Pienso en mis largos días.

—No pase, por favor. Esto es un club.
—La nómina está llena.
—No hay pieza en el hotel.
—El señor ha salido.
—Se busca una muchacha.
—Fraude en las elecciones.
—Gran baile para ciegos.
—Cayó el Premio Mayor en Santa Clara.
—Tómbola para huérfanos.
—El caballero está en París.
—La señora marquesa no recibe.

En fin, que todo lo recuerdo.
Y como todo lo recuerdo,
¿qué carajo me pide usted que haga?
Pero además, pregúnteles.
Estoy seguro
de que también recuerdan ellos.

lunes, 6 de julio de 2015

ORIGEN DEL TELÉFONO MÓVIL. "EL CELULAR"

Según la leyenda, “el primer teléfono móvil fue inventado en los EE.UU”. La misma insiste en que el 3 de abril de 1973, el director de la compañia Motorola, Martin Kutcher, presentó en Manhattan un dispositivo de telefonía móvil en una exposición. Hasta 1979, la Travel Electronics no pasaría a comercializarlo. Pesaba casi 1 kilo y su valor era de aproximadamente unos 3700,00$. El coste de la conexión era de 24 a 40 centavos por minuto.
Cualquiera que busque algo relacionado con el nombre de Leonid Ivanovich Kupriyanovich se dará cuenta de que apenas sabe una parte de la historia. El inventor comunista ruso era un famoso ingeniero, conocido por sus inventos en el área de comunicación. En 1955, publicó en una revista científica para amantes de la radio, una descripción de su aparato walkie-talkie, capaz de hacer conexiones de hasta 1,5 km de distancia. Pesaba cerca de 1,2 kilos y funcionaba con dos tubos de vacío.
En 1957 presentó la misma versión de su walkie-talkie, pero esta vez con un alcance de 2 km de distancia y con un peso de 50 gramos. Pero el ingeniero comunista no se detuvo ahí, en el mismo año presentó el LK-1, un teléfono móvil que usaba ondas de radio, tenía un alcance de 20 a 30 km de distancia y una bateria que duraba de 20 a 30 horas. El dispositivo manual pesaba cerca de 3 kilos y dependía de una estación. Según Leonid Ivanovich, la estación podía servir a varios clientes a la vez. El inventor soviético patentó su teléfono móvil en 1957 (Certificado Nº115494, 1.11.1957). En 1958, en el Instituto de Investigación Científica de Voronej (VNIIS), Kupriyanovich comenzó la búsqueda de un sistema propio de comunicación móvil. Sus descubrimientos científicos eran constantemente publicados en la revista más famosa sobre tecnología editada en la Unión Soviética, la “Nauza i Jizn” (Ciencia y Vida)


Kupriyanov experimenta con su LK-1 mientras lee un libro en el coche

En 1958, Leonid Kupriyanovich fue más allá, encogiendo su invento a un tamaño lo suficientemente pequeño para coger en un bolsillo. El aparato del ingeniero comunista no sólo permitía hacer conexiones, si no también recibirlas de telefonos residenciales y de cabinas telefónicas. Tenía aproximadamente el tamaño de un paquete de tabaco, como la mayoría de los teléfonos móviles actuales.


Kupriyanovich prueba y exhibe su invento: el teléfono móvil

En 1961, el ingeniero comunista de la Unión Soviética desarrolló un dispositivo aún menor, que cogía en la palma de la mano y tenía un alcance de más de 30 km. En el mismo año fue planteada la fabricación de ese objeto a larga escala, según una entrevista dada por Leonid a la agencia de noticias APN. El inventor también habló sobre el planteamiento de construir estaciones de telefonía móvil.


Telefónos móviles en la década de los 50 y posteriores en la URSS, compatibles con una cazadora/chaqueta o un traje

El primer dispositivo de telefonía móvil nacional acabó siendo el “Altay”, distribuído comercialmente a partir de 1963, y en 1970 ya estaba presente en más de 114 ciudades de la URSS. Muchos de sus dispositivos fueron inicialmente empleados por el mundo médico, en hospitales y después por taxis en el país. El sistema fue usado en países del Este Europeo como Bulgaria y exhibido en la exposición internacional Inforga-65.


Entonces, la próxima vez que venga alguien diciendo eso de que “un comunista de verdad no usa teléfono móvil” o que “el Iphone es capitalista”, haga el favor de recordarle al pobre ignorante que el invento que usa fue creado por el comunista Leonid Ivanovich Kupriyanovich y que se creó en la URSS y no en los EE.UU. Su patente es una prueba de ello.


Patente de la invención de Kupriyanov

Estos argumentos escatológicos son facilmente refutados con investigación y lectura, con el conocimiento de los clásicos del marxismo-leninismo, que revelan que sus maestros siempre se mostraron favorables a la tecnología. Karl Marx escribió en la “Crítica al programa de Gotha” que era necesario que los trabajadores disfrutasen de confort material en el socialismo. Marx y Engels eran entusiastas del progreso industrial, pero condenaron los métodos por los cuales fue alcanzado. Lenin era un entusiasta de la tecnología, y en su obra política hace hincapié en que el comunismo dependería del poder soviético más la electrificación de todo el país (la electricidad era, entonces, tal vez la más avanzada forma de tecnología humana en su época). La era de Stalin permitió al hombre y a la mujer soviético/a dominar la fuerza que genera el sol, la energía nuclear. El Che Guevara, alumno de éste último, acostumbraba a presentar la democratización de la tecnología como una de las definiciones del socialismo. Luego, lejos de ser prohibido al obrero tener un Ipad o un Iphone, este puede tener la conciencia tranquila de que es plenamente comunista llevar un teléfono móvil (especialmente si tiene una funda comunista para irritar a los anticomunistas), un invento de un genio comunista soviético que facilita y dinamiza las telecomunicaciones.

Fuentes de búsqueda:

– Muzey Oborony Mozga (Museo de la defensa del cerebro). El teléfono soviético de Kupriyanov. Disponible en: http://brainexpo.livejournal.com/8873.html
– El primer teléfono móvil del mundo. Artículo de la página web “Rossii”. Disponible en:http://www.opoccuu.com/pervyj-mobilnik.htm
– El 9 de abril de 1957, na URSS, fue construido el primer telefóno móvil del mundo. Artículo de la página web “Za russkoe”. Disponible en: http://www.zrd.spb.ru/news/2013-01/news-0286.htm

– WIKIPEDIA. Artículo biográfico de Leonid Ivanovich Kupriyanovich. Disponible en:http://ru.wikipedia.org/wiki/%D0%9A%D1%83%D0%BF%D1%80%D0%B8%D1%8F%D0%BD%D0%BE%D0%B2%D0%B8%D1%87,_%D0%9B%D0%B5%D0%BE%D0%BD%D0%B8%D0%B4_%D0%98%D0%B2%D0%B0%D0%BD%D0%BE%D0%B2%D0%B8%D1%87



Cronologia de la Victoria Soviética sobre el Nazismo 1941.1945

La II Guerra Mundial en 7 minutos

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DEMOCRACIA REPRESENTATIVA, DEMOCRACIA PARTICIPATIVA. E. DUSSEL

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Las Venas Aviertas de América Latina. Eduardo Galeano

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GOLPE EN CHILE. 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973

Jimi Hendrix- Himno Estadounidense


Jimi Hendrix The Star Spangled Banner Woodstock... por vb24 En woodstock 1969, Jimi Hendrix interpretó el himno estadounidense mezclándolo con simulaciones sonoras de bombardeos y ametrallamientos sobre los barrios de Vietnam, sirenas anti-aéreas y otros ruidos de batalla, solo utilizando su guitarra. ¡¡¡Aun su terrorifico sonido espanta al mundo!!!

Los estados nacionales de america latina

POBLAMIENTO AMERICANO

LA IMPORTANCIA DE CARAL-SUPE

“Caral es importante porque es la civilización más antigua del continente americano, ya que surgió en el año 3,000 a.C. Es decir, Caral se originó simultáneamente con las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto. Esto quiere decir que la civilización peruana es más antigua que India, China, Fenicia, Creta, Grecia, Mesoamérica, Israel, Roma y Persia.
Al ser Caral una civilización significa que también es una alta cultura, en muchos aspectos más desarrollada que las otras civilizaciones del mundo. Por ejemplo, Caral inventó los anfiteatros 2,000 años antes que la civilización griega, las momias de la civilización peruana son 3,000 años más antiguas que las de Egipto, la orfebrería del Perú fue la más adelantada del mundo antiguo, la agricultura del Perú es 3,000 años más antigua que la de Egipto y las redes de pescar de Perú son las más antiguas del mundo, entre otros aportes de la civilización peruana”.
Víctor Colán Ormeño, historiador.

CARAL. LA CIVILIZACIÓN MAS ANTIGUA

LOS INCAS

El Tawantinsuyu

LOS AZTECAS

Conquista de América

EMILIANO ZAPATA

LATINOAMERICA. CALLE 13 Y LA ORQUESTA SINFÓNICA DE VENEZUELA CON DUDAMEL

Trata de negros

Simón Bolívar. I parte.

Independencia de las colonias americanas

Las mujeres en la Revoluciòn Mexicana

LA HISTORIA DE LAS COSAS.

BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA

EL ORIGEN DEL SER HUMANO