Venezuela ha sido históricamente bendecida por el mito de la "Tierra de Gracia", un espejismo de feracidad inagotable que oculta una de las paradojas más cruentas de nuestra formación social: la coexistencia de un territorio vasto con la miseria sistémica de quienes lo surcan. Como historiador, no puedo ver el latifundio simplemente como un régimen de propiedad; es, en realidad, una estructura de opresión que ha mutado desde la colonia hasta el siglo XX a través de una "resemantización" de viejos métodos de explotación. No es solo un problema de hectáreas, es una sombra que ha impedido que Venezuela entre plenamente en la modernidad, manteniendo a la masa campesina bajo un esquema de superexplotación que sobrevive incluso al estruendo del boom petrolero.
1. El "Instrumentum Vocale": El ser humano como herramienta de labranza
La raíz del latifundio venezolano no es original, sino una resurrección del modo de producción esclavista de la Antigüedad Clásica. Siguiendo el modelo de Grecia y Roma, la clase terrateniente buscó separar la renta de la tierra de la residencia obligada en el campo. El objetivo era permitir al amo convertirse en un "Ciudadano de la Ciudad", un ser urbano dedicado a la política o las artes, mientras el excedente económico era extraído mediante el trabajo forzado. Se puso en práctica el “absentismo” como modelo para la clase terrateniente, nombrando capataces, dentro de los mismos campesinos, para llevar el control de los trabajadores.
Bajo esta lógica, el campesino y el esclavo fueron degradados a la categoría de instrumentum vocale: una herramienta que habla. Se borró la cualidad de sujeto para reducir al trabajador a una mercancía móvil, una pieza de engranaje sin derechos humanos, sociales o políticos. Esta desconexión entre el dueño y el suelo sembró la semilla de la desidia productiva que hoy llamamos "geofagia". Los campesinos estaban vinculados a la tierra, y eran vendidos o cedidos junto a ella.
"Los esclavos representaban algo más que una bestia de carga; eran un instrumentum vocale, una herramienta que habla, una mercancía móvil que podía ser comprada y vendida en el mercado sin ninguna consideración por los afectos o sentimientos." — Mario Sanoja e Iraida Vargas-Arenas
2. La Era de Juan Vicente Gómez: La cumbre del acaparamiento
Si bien el latifundio se gestó en la colonia, mediante las “mercedes de tierras” o la “composición”, alcanzó su delirio máximo durante el gomezalato. En estos 27 años, el territorio nacional fue tratado como un tablero privado para una élite que practicó una geofagia sin precedentes. Las cifras del censo de 1937 son punzantes y revelan una "insanidad matemática" en la distribución del suelo: mientras 2.5 millones de campesinos poseían únicamente su miseria, un puñado de hombres controlaba el mapa.
De los 69,800 propietarios registrados, la concentración real era aterradora:
* 3,333 propietarios controlaban el 90% de las tierras del país.
* De ese grupo, apenas 412 personas eran dueñas de 7.6 millones de hectáreas.
* En la cúspide, solo 13 propietarios disponían de más de 2 millones de hectáreas.
Los beneficiarios de este festín territorial fueron:
* El Dictador y su familia: Cuyas extensiones eran tan vastas que muchas ni siquiera fueron inventariadas en el catastro de 1932 por ser consideradas "tabú".
* La élite militar y caudillos: Aliados que recibieron tierras como botín de lealtad.
* Políticos y empresarios allegados: Una "mafia" que convirtió baldíos y ejidos en feudos privados mediante el despojo legal.
3. El "Ruleteo" de la Reforma: El fracaso de 41 años
La llegada de la democracia en 1958 prometió una justicia que resultó ser una "mascarada reformista". El investigador Ramón Losada Aldana desnudó la inoperancia de la Reforma Agraria de la IV República con una estadística lapidaria: en sus primeros ocho años, solo se afectó el 1.76 % de las tierras concentradas. A ese ritmo de inercia, Venezuela habría necesitado 454 años para resolver el problema agrario.
En la IV república (1958-1999) al intentarse poner en práctica la Ley de Reforma Agraria, promulgada el 5 de marzo de 1960 bajo la presidencia de Rómulo Betancourt. a esto, se puso en práctica el fenómeno del "ruleteo":
a) Se adjudicaban parcelas a campesinos, pero se les negaba sistemáticamente el crédito y la asistencia técnica.
b) El campesino, incapaz de producir, caía en el hambre y terminaba vendiendo su tierra a "precio de gallina flaca".
c) Los beneficiarios finales eran empresarios merideños afectos a Acción Democrática (AD), quienes reconstituían el latifundio bajo una nueva fachada política.
Además de lo anterior, se puede sumar también:
d) Venta al Estado de tierras improductivas a precios sobrevaluados
e) Maniobras judiciales y amparos legales de los latifundistas
f) Dotación de predios aislados y sin vías de comunicación
g) Otorgamiento de cartas de adjudicación sin títulos de propiedad plenos
h) Burocracia y manejo clientelar de créditos y asistencia técnica
i) Éxodo rural impulsado por el modelo económico petrolero
Para contener la rebeldía de este engaño, se fundó en 1959 la Federación Campesina, que lejos de ser un órgano de lucha, funcionó como un aparato de control político para asegurar la sumisión de la fuerza de trabajo rural.
4. La Economía del "Mal de X": Pobreza y desnutrición en la tierra del petróleo
Es una ironía trágica que, mientras el país se convertía en una potencia petrolera, el campo se hundía en el abandono sanitario. Surgió así la "Enfermedad X", un término médico para describir la muerte por falta de asistencia social. El latifundista, en su desprecio por la vida, mantenía regímenes de servidumbre donde el pago se hacía con fichas canjeables solo en sus propias pulperías, lo que garantizaba al propietario/latifundista que la deuda contraída por los campesinos no se cancelara jamás, y pasaba de generación en generación.
El costo humano se refleja en indicadores que estremecen la conciencia:
* Desnutrición extrema: En las consultas de la "Gota de Leche", el 100% de los niños presentaba baja de peso por deficiencia nutricional.
* Superexplotación alimentaria: Figuras como León Jurado llegaban al extremo de alimentar a sus peones con "cochinos lázaros" (cerdos infectados con triquina).
* Dieta de miseria: El trabajador sobrevivía apenas con "topochos, yuca y guarapo", careciendo de carne o leche.
* Infestación y abandono: Según la Fundación Rockefeller, la tasa de infestación por parásitos era del 95% en las zonas rurales, mientras que el 54% de las muertes en el país ocurrían sin diagnóstico médico.
5. Potreros vs. Comida: El abandono de la soberanía alimentaria
El latifundista venezolano nunca fue un "capitalista emprendedor"; carecía de ese espíritu de inversión y mejora técnica. Su mentalidad era la de la "inercia estática": prefería mantener tierras fértiles como simples terrenos de cría improductivos para obtener subsidios o usarlas como garantía para créditos bancarios.
Mientras los dueños de estas tierras vivían cómodamente en Maracaibo o Miami, el suelo nacional languidecía. El ejemplo más doloroso es el de la cuenca del Lago de Valencia, donde suelos de altísima feracidad fueron transformados en potreros para ganadería extensiva, obligando al país a importar alimentos básicos. En lugar de desarrollar las fuerzas productivas, el latifundista se convirtió en un depredador del presupuesto público, dejando a Venezuela en una orfandad alimentaria que persistió como una herida abierta hasta el siglo XXI (2019)
¿Hacia dónde va la tierra?
El latifundio ha demostrado ser el ancla que detiene nuestro avance. No es solo un modelo económico agotado, es una traba histórica que ha sacrificado generaciones enteras en el altar de la renta fácil y el desprecio social. Al observar este recorrido, la pregunta no es solo técnica, sino ética y punzante: ¿Es posible que Venezuela se pretenda una nación moderna y del siglo XXI, mientras los cimientos de su suelo siguen siendo, conceptualmente, feudales? La redistribución no es solo una cuestión de títulos de propiedad, sino un acto de justicia social pendiente para que la tierra deje de ser un peso y se convierta, finalmente, en nuestra raíz.
En el año 2000-2001 se impulsó el reparto de tierras y la recuperación de lotes ejidales y del estado, como forma de rescatar el proceso que se pretendió iniciar en el a{o de 1960, al aprobarse e implementarse la Ley de Tierras de 2001, apareció un fenómeno extraño, pero no ajeno a la historia el país, el asesinato selectivo de campesinos que reclamaban tierras, este hecho contabilizó alrededor de 300 asesinatos realizados por bandas armadas, contratadas/financiadas por terratenientes que hacían todo lo posible para evitar el cumplimiento de la Ley de Tierras del año 2001. Algunas de las acciones tomadas para lograr su derogación, se volcaron a las mismas que en el año de 1960 se procuraron; la negación sistemática de créditos en la banca privada, la falta de asistencia técnica, maniobras judiciales y amparos, adjudicación de cartas y no de títulos, burocracia, y sumado a todo eso, las amenazas y asesinatos de campesinos que insistían en el cumplimiento de la Ley.
Pese a la magnitud de estas agresiones, la respuesta del sistema de justicia se caracteriza por una impunidad estructural que supera el 90% de los casos, limitando casi de forma exclusiva las contadas condenas a los ejecutores materiales mientras los autores intelectuales y financistas permanecen al margen de la ley.
En lugar de proteger a las comunidades agraristas, el aparato judicial ha incurrido de forma recurrente en la criminalización de los propios campesinos, imputándoles delitos como invasión o asociación para delinquir y sometiéndolos a medidas cautelares que neutralizan su lucha. Salvo en episodios de alta visibilidad mediática o intensa presión social —donde la Fiscalía General ha designado despachos especiales para aprehender a bandas armadas—, la opacidad de los tribunales y el estancamiento de las causas penales mantienen desprotegidos a los defensores del derecho a la tierra.
Referencias
Acosta Saignes, M. (2009). Latifundio (2.ª ed.). Fundación Editorial el perro y la rana. (Trabajo original publicado en 1938).
Sanoja Obediente, M., Vargas, I. (11 de noviembre de 2009). Quo vadis latifundio. Abya Yala: La otra historia. https://abyayalalaotrahistoria.blogspot.com/2009/11/quo-vadis-latifundio.html



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