lunes, 12 de septiembre de 2016

CONGRESO ANFICTIÒNICO DE PANAMÀ Y LA INDEPENDENCIA DE CUBA. Por: Elier Ramírez Cañedo

Uno de los proyectos que más oposición generó en los grupos de poder estadounidenses fue el que preparaban en 1825 Simón Bolívar y Guadalupe Victoria -presidente de México-, con el objetivo de organizar una expedición que llevara la independencia a Cuba y Puerto Rico. El presidente de los Estados Unidos en ese momento, John Quincy Adams (1825-1829), y su secretario de Estado, Henry Clay, estaban convencidos de que la independencia de Cuba y Puerto Rico afectaría sensiblemente los intereses hegemónicos de Washington. Clay expresó al respecto:
“Si Cuba se declarase independiente, el número y la composición de su población hacen improbable que pudieran mantener su independencia. Semejante declaración prematura podría producir una repetición de aquellas terribles escenas de que una isla vecina fue desdichado teatro”.Evidentemente se estaba refiriendo a Haití. “Este país –continuó Clay- prefiere que Cuba y Puerto Rico continúen dependiendo de España. Este gobierno no desea ningún cambio político de la actual situación”.[i]
La administración Adams-Clay de inmediato dio una serie de pasos para evitar los proyectados planes de Colombia y México. Primero, se comunicó por vía diplomática con los gobiernos de México y Colombia para hacerles saber que los Estados Unidos no tolerarían cambio alguno en la situación de Cuba y Puerto Rico. Segundo, intentó convencer a España de que sólo haciendo la paz con sus colonias insurgentes y reconociendo la independencia de México y Colombia se lograría que estas desistieran de sus planes de invadir a Cuba. Tercero, trató de lograr una mediación de potencias extranjeras para que estas influyeran en una decisión de Madrid de reconocer la independencia de los países hispanoamericanos recién liberados. Clay escribió a los ministros de los Estados Unidos en Rusia, Francia e Inglaterra enviándoles instrucciones de que buscasen apoyo para aquel plan.
Entretanto, el primer ministro enviado a México por los Estados Unidos, Joel R. Poinsett,[ii]se esforzaba cumpliendo las estrictas instrucciones de su gobierno por evitar que avanzara el proyecto de invasión a Cuba. Utilizó “los celos mexicanos respecto a Colombia”, e informó a Clay que si estos “se cultivaban” seriamente, producirían los resultados que Estados Unidos esperaba. Para ganar tiempo mientras Poinsett continuaba realizando esta labor, el 20 de diciembre de 1825, Clay envió notas idénticas a los gobiernos de México y Colombia pidiendo la suspensión por tiempo limitado de la salida de la expedición hacia Cuba y Puerto Rico.