"ABYA YALA: 200 años de Independencia Política, ahora por la Liberación Económica"

La Otra Historia en Películas

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jueves, 22 de abril de 2010

LAS MUJERES EN LAS GUERRAS DE INDEPENDENCIA

Por: Alba Carosio
Mujeres de todos los sectores sociales y étnicos participaron de frecuentes y distintas maneras en el proceso de la independencia. En los momentos clave no fueron una ni dos mujeres sino un colectivo de ellas las que participaron e hicieron posible los históricos cambios sociales. La historia suele registrar solamente a algunas mujeres extraordinarias, presentadas como “espejo de varones sobresalientes”, pero en la realidad fueron muchas y diversas las mujeres que participaron. Fueron guerreras, espías, mediadoras, enfermeras, encargadas de logística, etc. es decir, cumplieron múltiples papeles en las luchas emancipatorias. Hubo una participación sobresaliente de la mujer del pueblo, aunque generalmente la historia oficial solamente ha destacado a las más conspicuas mujeres de la clase dominante. Las indígenas, negras y mestizas contribuyeron, junto a los hombres de avanzada de aquel tiempo, al triunfo de la revolución por la independencia: marcharon a la par del hombre por derriscaderos, sierras, vados y cañones.
Nuestra independencia contó con el aporte decisivo de cientos de mujeres que dentro y fuera de las filas del ejército apoyaron la construcción del proyecto libertario patriota. Junto con los combatientes avanzaron las voluntarias, que fueron soldadas, enfermeras, aguateras, cocineras. La participación de las mujeres en las guerras independentistas estuvo –en la mayoría de los casos- ligada al apoyo a familiares, las mujeres del pueblo partían a la guerra con sus compañeros, cargando sus hijos, sus ollas, sus ropas y las pocas pertenencias del hogar. Estas camaradas de batalla, determinantes en un momento dado, no sólo no fueron valoradas, sino que no fueron registradas e incorporadas a la historia, fueron invisibles y aún siguen así. Avanzadoras, troperas, soldaderas, rabonas, vivanderas, juanas, fueron inseparables de los ejércitos y el mejor sostén con que podía contar el campesino soldado. Fueron multitud de mujeres del pueblo anónimas y olvidadas, sus nombres desaparecieron a medida que las batallas avanzaban. A la retaguardia de todos los ejércitos iban las mujeres. Quedan unas pocas en la memoria a pesar de que fueron legiones.Este olvido histórico tiene relación, por un lado con el papel subordinado y la discriminación del conjunto de las mujeres en la sociedad, y por otro con la negación del colectivo de ellas, constituido por mujeres del pueblo pobre, quienes hicieron posible los históricos cambios sociales. Los historiadores oficiales desaparecieron la lucha del pueblo y, dentro de esa lucha, especialmente la de las mujeres, casi nada se sabe de la participación de las mujeres en la lucha independentista como conjunto de masas. Faltan relatos, faltan anécdotas y descripciones que las visibilicen y las muestren como sujetas de la historia y las transformaciones.Cumplían las troperas muchas funciones:· Guerreras: en el momento necesario ellas cargaban el fusil y salían a pelear, Las hubo que pusieron sus pechos desnudos ante el pelotón de fusilamiento para salvar a sus hombres, hasta tuvieron sus hijos en lo peor de los combates.· Cocineras y Aguateras: Llegaban a los pueblos y encendían los fuegos. Entre el humo y el fuego de los combates se percibían sus borrosas siluetas andrajosas, emponchadas, llevando cántaros de agua para los agonizantes y fuentes de comida para los hambrientos.· Enfermeras y Curanderas: ellas estuvieron en el nacimiento de las patrias americanas socorriendo heridos, ayudando a morir, sepultándolos y rezando por ellos, todas eran expertas en el uso de hierbas y tisanas.Manuela Godoy, una santiagueña que estuvo en la batalla de Tucumán, dijo: "Aunque sea con agua y algún aliento a los hombres, algo se hace para ayudar a la patriada. Y si tengo que agarrar una bayoneta y ensartar godos, no soy lerda ni me voy a quedar atrás". Pocos nombres han quedado de estas mujeres bravas que acompañaron a las tropas patriotas, Cira Tremaría y Juana Ramírez La Avanzadora en Venezuela y su batallón de mujeres, las niñas de Ayohuma en Argentina, las heroínas de la Coronilla de Cochabamba en Bolivia.Una contribución importante de las mujeres a la gesta independentista fue actuando como espías de los realistas, muy útiles para las emboscadas, averiguando todo lo que podían sobre las tropas. Tal es el caso de Policarpa Salavarrieta en Colombia, cuyas actividades estuvieron especialmente vinculadas con la guerrilla de los Llanos; recibía y mandaba mensajes, compraba material de guerra, convencía a jóvenes y les ayudaba a adherirse a los grupos patriotas. Experta en espionaje, Policarpa fue indispensable para la causa patriota. Las damas, las niñas, las mujeres de la servidumbre y las esclavas entablaban amistades y hasta amores con oficiales con el objetivo de obtener información para la causa patriota. Llevaban correos, servían de emisarias y proporcionaban albergue e información sobre los movimientos de las tropas realistas. Las mujeres constituyeron una temible red de espionaje y subversión que minó la organización del ejército realista.Más conocidas y recordadas fueron las mujeres patriotas relacionadas o compañeras de los grandes héroes comandantes que comandaron tropas ellas mismas, algunos ejemplos son Francisca Zubiaga de Gamarra en Perú, en Venezuela Dominga Ortiz de Páez, primera enfermera de los campos de batalla, Josefa Camejo quien encabezó a un grupo de mujeres prestas a defender la ciudad de Barinas, Luisa Cáceres de Arismendi y por supuesto las excepcionales generalas (recién ascendidas en nuestro siglo): Manuela Sáenz y Juana Azurduy. Ambas de turbulenta vida, ambas apasionadamente comprometidas con la libertad de nuestra América, ambas combatientes y ambas muertas en el olvido, la soledad y la miseria. Contemporáneas indómitas fueron Manuela (1797-1856) y Juana (1780-1862), ambas se batieron en mil combates, participaron de manera enérgica en las cuestiones políticas de la América emancipada, tanto durante el proceso revolucionario como cuando se desataron las luchas intestinas, se concebían a sí mismas como patriotas y ciudadanas con responsabilidades.Las mujeres de la clase acomodada criolla jugaron un papel importante en las luchas por la independencia, fomentando una socialidad en la que se debatían y defendían las ideas independentistas. En sus salones se reunieron los patriotas conspiradores, se destacan entre ellas la ecuatoriana Manuela Cañizares, en su casa se dio el primer grito de independencia; Mariquita Sánchez de Thompson en Argentina, en su casa se escuchó por primera vez el himno nacional. Francisca Javiera Carrera, hermana de José Miguel, el presidente de la Junta Chilena, fue una infatigable, consecuente y voluntariosa compañera de los ideales libertarios, tanto en los días de triunfo como en los de derrota transitoria. De ellas dice Carmen Clemente Travieso (1964): “Las mujeres de las clases altas, por su mima condición de señoras de la casa, que tenían algún barniz de cultura y seducción y por su belleza `triste y resignada`, tenían ocasiones de dejar oír su palabra, de dar su opinión.” Las matronas se ocuparon también como financistas de la causa independentista, se desprendieron de posesiones e hicieron colectas, además de su generosidad y fidelidad a la causa patriota, demostraron poder organizativo, capacidad y entereza. (Patricia Protzel, 2009).No olvidemos sin embargo, que a una amplia proporción de mujeres patriotas su adhesión a la causa independentista les costó la vida. A los hombres independentistas se les perseguía, torturaba y asesinaba en los campos de batalla y las cárceles, pero a las mujeres además se les humillaba, a muchas se les montó desnudas sobre un burro, cubiertas de miel y plumas, se les azotaba y exhibía en plaza pública. Así hicieron por ejemplo, con Ana María Campos en Maracaibo y Josefa Padrón en Valencia. A la crueldad se agregaba burla y exhibición, enfatizando así la convicción de las autoridades de que las mujeres revolucionarias eran comparables con las prostitutas y, en todo caso, inferiores a los hombres revolucionarios. Parejo al reconocimiento de la valentía y el aporte revolucionario de las mujeres, fue aumentando la brutalidad de las represalias.Las mujeres condujeron y participaron en acciones de guerra, discutieron estrategias y asumieron consecuencias como la tortura y la muerte. En las luchas por la independencia se rompió con los cánones de la organización social de género de la época, abrazaron la causa de la libertad y por ese lapso extraordinario, la igualdad entre mujeres y hombres pareció ser posible. Pero terminadas las batallas el dominio masculino volvió a imponerse. Las mujeres tuvieron más libertad y protagonismo en la Independencia que en la Colonia, pero cuando la gesta se acabó, temerosos de su avance en la vida pública, los hombres las devolvieron a las casas y se volvió a imponer la tradición de la mujer callada y sumisa al varón, encerrada en lo doméstico y alejada de los ámbitos del poder.

lunes, 19 de abril de 2010

Charles Darwin y El origen de las especies


El científico evolucionista más importante del siglo XIX fue Charles Darwin (1809-1882). Estudiante de las universidades de Edimburgo y Cambridge en Inglaterra, terminó sus estudios de teología a la edad de 22 años. Preparado para ser ministro protestante de la Iglesia, sin embargo, el mayor interés de Darwin estaba en el mundo natural. En 1831 se integró, como naturalista, a la tripulación del barco de la marina inglesa "HMS Beagle", que realizaría una expedición de mapeo alrededor del mundo durante 5 años. Este viaje fue esencial en el pensamiento de Charles Darwin. En las islas Galápagos, en el Océano Pacífico frente a Sudamérica, quedó muy impresionado por las especies de animales que vió y, sobre todo, por las sutiles diferencias entre los pájaros de las islas del archipiélago. A partir de estas observaciones, Darwin se dio cuenta que estas diferencias podían estar conectadas con el hecho de que cada especie vivía en un medio natural distinto, con distinta alimentación. En ese momento comenzó Darwin a delinear sus ideas acerca de la evolución.

Darwin entendió que toda población consiste de individuos ligeramente distintos unos de otros. Las variaciones que existen entre los individuos hace que cada uno tenga distintas capacidades para adaptarse al medio natural, reproducirse exitosamente y transmitir sus rasgos a su descendencia. Al paso de las generaciones, los rasgos de los individuos que mejor se adaptaron a las condiciones naturales se vuelven más comunes y la población evoluciona. Darwin llamó a este proceso "descendencia con modificación". Del mismo modo, la naturaleza selecciona las especies mejor adaptadas para sobrevivir y reproducirse. Este proceso se conoce como "selección natural".


El pensamiento de Darwin también estuvo muy influenciado por las ideas de Thomas Malthus, que escribió que la población humana tendía a crecer exponencialmente y con ello a acabarse los recursos alimenticios disponibles. Esto provoca crisis que lleva a los individuos a competir entre ellos por la supervivencia. Darwin creía que las variaciones en los rasgos hereditarios de los individuos los hacía más o menos capaces de enfrentarse a la competencia por los recursos.


Más de 20 años después de que comenzó a elaborar sus ideas acerca de la evolución, Darwin publicó su teoría en el libro El origen de las especies (1859). Su publicación provocó grandes controversias y se opusieron a él los pensadores religiosos porque echaba por tierra la teoría creacionista y movía al ser humano del centro de la Creación. Este libro convenció a los científicos y al público educado de que los seres vivos cambian con el tiempo.


El origen de las especies (1859)


La teoría de la evolución que postuló Darwin tuvo un enorme impacto en el pensamiento europeo de la segunda mitad del siglo XIX. Los principales argumentos de El origen de las especies, que se publicó en 1859 son:


1. Los tipos biológicos o especies no tienen una existencia fija ni estática sino que se encuentran en cambio constante.


2. La vida se manifiesta como una lucha constante por la existencia y la supervivencia.


3. La lucha por la superviviencia provoca que los organismos que menos se adaptan a un medio natural específico desaparezcan y permite que los mejores adaptados se reproduzcan, a este proceso se le llama "selección natural".


4. La selección natural, el desarrollo y la evolución requieren de un enorme período de tiempo, tan largo que en una vida humana no se pueden apreciar estos fenómenos.


5. Las variaciones genéticas que producen el incremento de probabilidades de supervivencia son azarosas y no son provocadas ni por Dios (como pensaban los religiosos) ni por la tendencia de los organismos a buscar la perfección (como proponia Lamarck).


Además de este libro, Darwin escribió dos más: Variaciones en plantas y animales domesticados (1868) y La descendencia del hombre y la selección en relación al sexo (1871).


La obra de Charles Darwin sentó las bases de la biología evolutiva moderna. Y aunque actualmente se sabe que las especies han evolucionado a lo largo del tiempo, aún no está muy claro cómo ha sucedido esto.



Fuentes:


Dennis O'Neil, Early Theories of evolution en http://anthro.palomar.edu/evolve/default.htm


George P. Landow, "Darwin's On the Origin of Species (1859)" en http://www.victorianweb.org/science/darwin/darwin5.html

domingo, 18 de abril de 2010

LA CREACIÓN DEL MUNDO: DOS VISIONES, OTRA HISTORIA


Estos son dos mitos acerca de la creación del mundo; uno proviene de la mitología persa de un libro sagrado y el otro pertenece a la cultura Azteca de México.

La creación del mundo
"Lo Eterno, el todo, emergió por emanación. La primera emanación es La Luz, y de la Luz se creó Ormuz a sí mismo. Ormuz es el principio del bien, la divinidad del conocimiento y de la inteligencia; quien creó al mundo, al cual preserva y emite sus leyes.
Ormuz, a su imagen y semejanza, luego creó a seis genios, los que rodean su trono y son sus mensajeros para con los espíritus inferiores y los hombres, siendo todos, también, a su semejanza, con luz de pureza y perfección.
El divino Ormuz, después creó a veintidós espíritus que velan por la inocencia, la felicidad y la conservación del mundo; ellos son los modelos de la virtud y los intérpretes de las plegarias de los hombres.
Luego hizo a los espíritus llamados farohars, que son los pensamientos y las ideas –están, desde el hombre santo hasta en los infantes inocentes-, y son la personificación de la sabiduría, de la razón y del verbo.
La segunda emanación, el segundo hijo de Lo Eterno, fue Ahrimán, quien también fue de gran pureza; pero por su ambición y soberbia concibió la pasión de la envidia. El Ser Supremo, para castigarle, lo condenó a vivir durante doce mil años en la región de las tinieblas.
Ahrimán, desde la oscuridad, creó un sinnúmero de espíritus malignos, los cuales cubren a la Tierra de miseria, malestar y pecado. Los malos espíritus son la impureza, la violencia, la codicia y la crueldad; los demonios son: del frío, del hambre, de la pobreza, de la esterilidad, de la ignorancia y el de la calumnia.
Ormuz, la divinidad bondadosa, después de un reinado de tres mil años, creó al mundo material en seis etapas, dando así existencia a la luz terrenal, al agua, la tierra, las plantas, los animales, y al hombre; de la primera pareja humana, fue llamado Meshia al varón y Meshiana a la hembra.
Pero a la pareja humana, el malvado Ahrimán procedió a quitarle su pureza, seduciendo primero a la mujer, luego al hombre, haciéndoles comer ciertos frutos que los llevó al mal. Con esto, no sólo pervirtió la naturaleza del hombre, sino también a animales como los insectos, las serpientes, los lobos y otros más, que pasaron de innocuos a nocivos. De este modo quedó establecida la perpetua lucha del bien y del mal.
Pero en este rudo combate, los hombres justos y prudentes no tienen nada que temer, porque el trabajo es exterminador del mal, y el hombre bueno obedece siempre a lo justo, cultiva asiduamente la tierra, extrae de la misma buenas cosechas y planta árboles frutales en abundancia.
Trascurridos los doce mil años, cuando la Tierra se vea libre de los espíritus malignos, aparecerán tres profetas que ayudarán al hombre con su poder y ciencia, devolviendo a la tierra su perdida belleza, juzgando el bien y el mal, y dando a cada uno lo que le corresponde.
Así, los espíritus buenos volarán a la región de los bienesn eternos e inmutables; y Ahrimán, con todos sus demonios y los hombres que le hayan seguido, serán echados a un mar de metal líquido.”
Ometéotl, el Dios Dual Creador
"El dios Ometéotl es el Dios creador que se hizo a sí mismo cuando inventó el fuego y la luz; por eso, el signo de la luz lo lleva en la frente, lo cual, a su vez, simboliza la inteligencia y la creación, creación que es el Ollin (movimiento) que provoca el suceder.
Ometéotl es el Dios de la dualidad (ome = dos; téotl= dios); y por lo mismo en él convergen todos los opuestos: orden y caos; espíritu-materia; lo negro y lo blanco; calor y frío; lo alto y bajo; la muerte y la vida. Por tanto, es lo masculino y lo femenino, y en esa transformación es: Ometecuhtli “Señor de la dualidad” (ome=dos; tecuhtli=señor) y Omecíhuatl “Señora de la dualidad” (ome=dos; cíhuatl=señora), y, como sus mismo nombres lo indican, van teniendo dualidades hasta el infinito.
En su dualidad con respecto a la muerte pasan a ser: Mictlantecuhtli “Señor de la muerte” y Mictlancíhuatl “Señora de la muerte”.
En su dualidad con respecto a la vida pasan a ser: Xiuhtecuthtli:: “Señor del fuego”, el que genera la luz, el calor y la vida. Coatlicue es la “Señora de la vida y de lo efímero” que es la tierra, la gestación y el alumbramiento.
El Dios Ometecuhtli, luego creó trece cielos; seis superiores y siete inferiores. Los dos cielos más elevados estaban reservados al Creador y a sus dualidades divinas (El treceavo cielo se llamaba Omeyocan “Lugar de la dualidad”).
Mucho tiempo después, un día en la eternidad, el Dios de la Dualidad se dividió a sí mismo y de su imagen divina creó dos dioses, uno masculino y otro femenino, con los nombres de Tonacatecuhtli “Señor de la vida” y Tonacacíhuatl “Señora de la vida”. Esta pareja divina tuvo cuatro hijos que se encargarían de crear el mundo físico y material, y ellos fueron: Tezcatlipoca el negro; Tezcatlipoca el Rojo, Quetzatcóatl, y, Huitzilopchtli.
Seiscientos años posteriores al nacimiento de estos dioses, un día se reunieron para dialogar y crearon al mundo, pero éste, al estar cubierto de agua, hicieron un pez llamado Cipactli, al cual convirtieron en la Tierra (esta metáfora da a entender que la Tierra surgió de las aguas). Crearon también el fuego terrestre y con él hicieron un Medio Sol que alumbraba poco. Este medio sol era la Estrella de la Tarde, es decir, el mismo Quetzalcóatl.
Por último, crearon al hombre y a la mujer. El primer hombre se llamó Cipactonal y la primera mujer, Oxomoco, y les dieron las órdenes de: él cultivar la tierra, y ella hilar y tejer. De esta pareja humana nació Pilcintecuhtli, y no teniéndose una mujer con quien casarlo, los cuatro dioses hicieron una doncella de algunos de los cabellos de su diosa madre Tonacacíhuatl. Y así se pobló la tierra, teniendo cercanos a sus dioses creadores:
Tezcatlipoca el Negro, era el Dios que estaba en todo lugar sabiendo los pensamientos, conociendo los corazones y las actividades de todos los hombres.
Tezcatlipoca el Rojo, fue la divinidad principal de los de Tlaxcala y Huejotzingo, bajo el nombre divino de Camaxtle. Era el Dios de la Caza.
Huitzilopochtli, el de color azul, fue, con el tiempo, el Dios de la Guerra.
Quetzalcóatl era blanco porque era el Lucero de la Tarde. También era el Aire y el Viento.”

martes, 13 de abril de 2010

ORIGEN DEL NOMBRE VENEZUELA

Por: Ramón Hernández Villoria
La mayoría de los habitantes de Venezuela no sospechan siquiera que el origen del nombre de su país tiene su raíz en una lengua indígena, autóctona, diferente de la lengua traída por los colonizadores españoles. Por tal motivo me siento obligado a exponer algunas líneas al respecto a fin de rebatir la versión más conocida, pero errónea, e interesada, acerca del origen del nombre de nuestro país.
LA VERSIÓN DE LA PEQUEÑA VENECIA
La versión más reciclada, e inflada por los medios de comunicación social y otros medios de dominio cultural, es la que refiere el nombre de Venezuela a una sugerencia del navegante florentino Américo Vespucio a partir de un diminutivo de la ciudad italiana de Venezia. Vespucio se habría inspirado en la visión de los palafitos aborígenes en las costas de Maracaibo, que avistó junto con Alonso Hojeda y Juan De La Cosa en agosto de 1499 (1) , un año después de que Cristóbal Colón tocó el extremo opuesto, el oriental, de nuestro territorio.

Se cita como supuesto documento de esta afirmación la carta del 18 de julio de 1500 que Vespucio dirigió a su protector Lorenzo Médici, en la cual cuenta, después de abandonar la "isla de lo Gigantes" (se ignora a cuál de las actuales islas neerlandesas se refiere), lo siguiente:
"Di questa Isola fummo ad altra Isola commarcana di essa a duci leghe, e trovammo una grandissima popolazione che tenevano le lor case fondate nel mare come Venezia, con molto artificio, e maravigliati di tal cosa, accordammo di andare a vederli e comma fummo alle lor case vollovi difendersi, che non entrassimo in esse..." (2).
La traducción al español da cuenta de una grandísima población, en una isla vecina de la anterior por diez leguas, que tiene sus casas con mucho arte construidas sobre el mar, como Venecia. Esto es todo lo que escribió Vespucio.
No hay ningún diminutivo, no hay ninguna pequeñez por ninguna parte. Por el contrario, Vespucio destaca que la población es grandísima, y construida con mucho arte.
En una carta-relación de fecha posterior (Lisboa, 04 de septiembre de 1504), la famosa Lettera, Vespucio resume sin detalles, pero con palabras suficientes, el itinerario de sus primeros cuatro viajes por el Nuevo Mundo. Esta Lettera es la génesis del concepto de continentalidad desarrollado por él. La novedad y la amplitud de las costas descritas fueron base documental para la mayor parte de los mapas posteriores, incluso el mapamundi del alemán Waaldsemüller (1507) que le concede el nombre de Vespucio al continente. En la Lettera se lee lo siguiente:
"Fumo a terra in un porro dove trovamo una popolazione fondava sopra lacqua come Venetia; erano circa 44 case gran adoso di capane fondate sopra pali grossissimi..." (3).
Este fragmento no precisa la ubicación geográfica de los palafitos, pero corresponde a la relación del primer viaje de Vespucio donde describe costas de la futura centroamérica. Al margen de las contradicciones reprochadas a los escritos de Vespucio, que en tiempos pasados movieron a diversos historiadores a designar, sin argumentos plenamente válidos, unas u otras cartas como apócrifas, para dar veracidad y autentificar a las restantes, es evidente que en ninguna parte consta que Vespucio llamara "pequeña Venecia" (al contrario, le pareció ver una "grandissima popolazione") o "Venezziola", a ningún poblado de palafitos, ni en las cercanías de la actual Maracaibo, ni en costas de la posterior centroamérica que cita en la Lettera.
Sólo conjeturas muy vagas pueden sustentarse para suponer en la culta imaginación del cosmógrafo florentino el nombre de Venezuela que, según dicen, él sugirió a su compañero de nave Juan De La Cosa, presto cartógrafo de las tierras exploradas. De tenerse por auténticas las cartas arriba citadas, es fácil deducir que la expresión casas sobre el agua, como Venecia, es más una figura literaria que otorga vívida ilustración a la descripción de dos lugares distintos en ubicación y similares en estructura, que a la sugestión de designar así para los europeos algún nuevo lugar. Si la intención comparativa hubiera sido más fuerte, el lugar hubiera sido llamado Nueva Venecia. Se puede sostener, sin duda alguna, que el asunto del diminutivo no pasa de ser una elucubración o, sencillamente, un invento de historiadores muy posteriores. Por otra parte, en sus escritos y mapas, Hojeda y De La Cosa a veces llaman al golfo de Venezuela por ese nombre, y otras veces como "Lago de Venecia", y esto es quizás lo único que pudiera tenerse como posible argumento, sin dejar de ser suposiciones poco científicas, para respaldar el invento de Venezuela como diminutivo de Venecia. En el mismo año en que Vespucio le escribía a Lorenzo Médici, Juan De La Cosa anotó en su mapamundi del 1500 el toponímico "Veneçiuela", inscrito en la delineación del golfo a la entrada del lago de Maracaibo (lago de San Bartolomé para la época, pero sin rótulo en este mapa).
La coincidencia del año es otro de los supuestos argumentos. Se dice que Vespucio le sugirió el nombre a De La Cosa.
LA VERSIÓN DEL ORIGEN INDIGENA
Hay una versión del origen del nombre de nuestro país que tiene fundamentos más históricos, mejor documentados, y que no son un invento o una elucubración. Esta versión atribuye al nombre de Venezuela un origen autóctono que los españoles se apresuraron a reproducir. El apoyo documental a esta versión lo ofrece Martín Fernández de Enciso en su libro "Suma de Geografía que trata de todas las partes y provincias del mundo, en especial de las Indias", editada en Sevilla en 1519, y que es el primer impreso que habla del Nuevo Mundo. En él se lee:
"y al cabo de la cerca de la tierra está una peña grande que es llana encima della. Y encima de ella está un lugar o casas de indios que se llama Veneçiuela..." (4)
Es de suponer que este dato fue aportado por Hojeda y De La Cosa a Fernández de Enciso porque él los conoció y viajó con ellos en 1502 a las mismas costas. En cambio, es muy poco probable que Vespucio y Fernández de Enciso se hayan conocido. Algunos años más tarde, Juan Botero, en su libro "Relaciones de Universales del Mundo", afirma que en el golfo de Venezuela hay una población de indios con ese nombre edificada en un peñasco "essempto y relevado que se muestra sobre las aguas"
Véase que en ambos casos, los escritores dicen que el nombre del poblado indígena es Veneçiuela. Ellos no dicen que los españoles le hayan puesto el nombre, sino que sugieren que ese es su nombre indígena y punto. Finalmente, en un enunciado muy valioso, que reafirma la autoctonía del vocablo, Antonio Vázquez de Espinosa, sacerdote español que viajó por casi todo el continente en el último tercio de los milquinientos, escribió en su "Compendio y descripción de las Indias Occidentales", fechado en 1629, lo siguiente:
"Venezuela en la lengua natural de aquella tierra quiere decir Agua grande, por la gran laguna de Maracaibo que tiene en su distrito, como quien dice, la Provincia de la grande laguna..." (5)
Como puede apreciarse, la segunda versión tiene un apoyo documental fehaciente y bastante antiguo. Esta versión es históricamente asertiva, mientras que el cuento de la Pequeña Venecia es nebuloso.
CONCLUSIONES
Todos los venezolanos conocemos, porque así nos la enseñan en la escuela, la versión de que el origen del nombre de Venezuela está en el corazón de un navegante italiano, que al visualizar en nuestro territorio ciertas edificaciones, añoró el recuerdo de un lugar europeo, Venecia, y le pareció muy simpático llamar a este nuevo lugar con el agregado de un morfema diminutivo, para significar la pequeñez de lo nuevo en comparación con la grandeza de lo viejo: Venecia-zuela, Venezuela. El señor Américo Vespucio jamás emitió por escrito la palabra Venezuela o algo que se le pareciera. En los documentos de la época escritos por él mismo, las únicas referencias que hay a Venecia, están para comparar los palafitos de la laguna de Sinamaica, y también otros palafitos de algún lugar en Centroamérica, con las edificaciones elevadas sobre el agua de la romántica ciudad europea.
Como lo demuestro en este artículo, existen más evidencias documentales a favor del origen autóctono de la palabra que nos denomina como unidad territorial, que testimonios acerca de una presunta disminución de una gran ciudad del antiguo continente. La versión de la "pequeña Venecia" es, sin embargo, la más difundida, la más conocida, casi la única que el común de los venezolanos maneja, incluso con orgullo. En esta disminución lingüística, se encierran dos caras de una misma moneda: en el anverso, la pequeñez y la minimización del invadido ante el invasor; en el reverso, la grandeza de lo impropio, de lo foráneo, lo magnífico de la lengua y la cultura del viejo continente sobre la supuesta pobreza de las tradiciones indígenas. Desde luego, hay una posición racista en el transfondo. Este racismo no inspiró a Vespucio para inventar un nombre. El racismo pudo haber inspirado, siglos después, a los historiadores que constituían la voz oficial del discurso dominante. No he podido determinar quién fue el primero que puso a circular la versión de la pequeña Venecia. En el importante diccionario de toponimia de Adolfo Salazar Quijada (6) se recoge la versión escrita por el historiador José Luis Salcedo Bastardo (7). Arturo Uslar Pietri, gran intelectual venezolano, fructífero en muchos aspectos, fue también, muchas veces, y lamentablemente, voz cultural de las clases dominantes, y fue uno de los que más propulsó la versión de la pequeña Venecia, gracias a su relativa popularidad y ascendiente mediático, labrado durante décadas de permanencia en la televisión y la prensa.
A través de la industria cultural y de los medios de comunicación social, se perpetúa en el conocimiento y la memoria colectiva, por los más diversos procedimientos, la versión de la pequeña Venecia. Una canción del señor Ricardo Montaner llamada justamente "La pequeña Venecia" sonó incontables veces en la radio, en los videoclips. Un librito muy exitoso, aparentemente muy vendido, del famoso historiador y tránsfuga político Manuel Caballero, se titula "De la pequeña Venecia a la Gran Venezuela". Aunque nadie leyese este libro, basta mirar su portada en las vitrinas de las librerías o en las mesas de los buhoneros, para impregnarse la conciencia, inadvertidamente, de la pequeñez del nombre de nuestro país, sobre todo al contrastarlo con el significado que tiene "La Gran Venezuela" en el imaginario de los venezolanos de las tres últimas décadas, con su significación de derroche y fracaso.
Tenemos, pues, un nombre cuyo origen se ha virtualizado. Nadie puede sostener con conocimiento documental el cuento de la pequeña Venecia. Todos citan las voces de Salcedo Bastardo, de Uslar Pietri, de Caballero, de Montaner.
Esta historia virtual coexiste con una historia real, que reposa en las bibliotecas universitarias, y a la que pocos tienen acceso, impedidos por la conformidad con la interesada versión industrial, sostenida por los voceros de la clase dominante.
Como lingüista, pienso que una buena manera de apoyar la versión de la autoctonía sería estudiar las probabilidades, que yo pienso son muchas, de que el vocablo Veneçiuela –que es el original cartográfico en 1500- corresponda a una pronunciación castellanizada de un vocablo de la lengua propia de la etnia Añú. La etnia Añu o Paraujana es la aborigen de la zona de entrada al Lago de Maracaibo. Los añú son los pobladores de la laguna de Sinamaica y de los eternos palafitos que allí todavía se edifican. Esto es lo que Vásquez Espinosa declaró hace 376 años. Lamentablemente, la lengua Añú está prácticamente extinta tras centurias de segregación, con escasísimos legados transcritos, aunque se hacen loables esfuerzos actualmente para lograr su resurrección.
Pienso que las probabilidades de que el nombre de nuestra patria derive de un diminutivo de Venecia en el castellano o aún en el italiano de aquella época, son realmente escasas. Además, he expuesto que no existe ningún fundamento documental para atribuirle a Américo Vespucio, ni a ningún otro invasor europeo, la autoría del topónimo Venezuela. En este punto debo decir que yo no soy original en esta exposición. Hace varios años, el Hermano Nectario María, fecundo recopilador de nuestra historia, llamó la atención sobre este asunto del nombre cuando escribió sobre el Lago de Maracaibo. Fue el primer venezolano en tener acceso al libro de Fernández de Enciso, en el Archivo de Indias de Sevilla. El médico y filósofo marabino Roberto Jiménez Maggiolo (8) ha publicado recientemente una nota al respecto, y varios otros intelectuales, sobre todo zulianos, han denunciado un invento que parece fruto de los grupúsculos que han dominado el flujo de conocimientos en nuestro país, y han querido sustraer de nuestro patrimonio cultural hasta el nombre que nos identifica como nación.
(1) Aunque de la presencia de Vespucio en ese viaje existen dudas razonables, puesto que no es mencionado por Hojeda en la relación del mismo.
(2) Americo Vespucio: Carta fechada en Sevilla a 18-07-1500, dirigida a Lorenzo Médici (texto italiano confrontado en las versiones de Bandini, Varnhagen y Magnaglei), publicada en El Nuevo Mundo. A. Vespucio. Ed. Nova. 1951. Buenos Aires. Páginas 94-125. Fragmento citado: página 116.
(3) Americo Vespucio: Lettera trovate in quattro suoi viaggi (texto italiano, reproducción fascimilar procedente de Quaritch de 1893) Lisboa 04-09-1504, publicada en 1941 por la UNAM. Páginas 197-267. Fragmento citado: pág.: 216.
(4) Martín Fernández de Enciso: Suma de Geografía que trata de todas las partes y provincias del mundo, en especial de las Indias Sevilla, 1519. El fragmento que he citado está publicado en una fotografía tomada del libro original en diciembre de 1948 y aparece en el folleto Descubrimiento del Lago de Maracaibo Nectario María, s/f, pagína 18.
(5) Origen de los nombres de los Estados y Municipios de Venezuela. 1994. Caracas. Adolfo Salazar-Quijada. Ediciones de la Comisión Nacional de Nombres Geográficos.
(6) Historia Fundamental de Venezuela. 2004. Caracas. José Luis Salcedo Bastardo. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela.
(7) Antonio Vázquez de Espinosa: Compendio y descripción de las Indias Occidentales, transcrito del original por C. Upson en Washington, 1948. Publicado en Venezuela imágenes de cuatro siglos. Testimonios de viajeros selecionados por H.J.Becco en Caracas, 1983. 261 pp. El fragmento citado aparece en la página 70.
(8) Roberto Jiménez Maggiolo. Escalio. El nombre de Venezuela es de origen indígena en Encontrarte. Revista Cultural Alternativa. Año 2. Número 15. 15 de marzo de 2005.
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Los estados nacionales de america latina

POBLAMIENTO AMERICANO

LA IMPORTANCIA DE CARAL-SUPE

“Caral es importante porque es la civilización más antigua del continente americano, ya que surgió en el año 3,000 a.C. Es decir, Caral se originó simultáneamente con las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto. Esto quiere decir que la civilización peruana es más antigua que India, China, Fenicia, Creta, Grecia, Mesoamérica, Israel, Roma y Persia.
Al ser Caral una civilización significa que también es una alta cultura, en muchos aspectos más desarrollada que las otras civilizaciones del mundo. Por ejemplo, Caral inventó los anfiteatros 2,000 años antes que la civilización griega, las momias de la civilización peruana son 3,000 años más antiguas que las de Egipto, la orfebrería del Perú fue la más adelantada del mundo antiguo, la agricultura del Perú es 3,000 años más antigua que la de Egipto y las redes de pescar de Perú son las más antiguas del mundo, entre otros aportes de la civilización peruana”.
Víctor Colán Ormeño, historiador.

CARAL. LA CIVILIZACIÓN MAS ANTIGUA

LOS INCAS

El Tawantinsuyu

LOS AZTECAS

Conquista de América

EMILIANO ZAPATA

LATINOAMERICA. CALLE 13 Y LA ORQUESTA SINFÓNICA DE VENEZUELA CON DUDAMEL

Trata de negros

Simón Bolívar. I parte.

Independencia de las colonias americanas

Las mujeres en la Revoluciòn Mexicana

LA HISTORIA DE LAS COSAS.

BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA

EL ORIGEN DEL SER HUMANO